
El Círculo prepara su ciclo 2004
El teatro rosarino, recientemente remodelado, cumplirá cien años en junio
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El teatro El Círculo, de la ciudad de Rosario, resplandece y se prepara para los festejos del centenario de su fundación, que ocurrirá el 7 de junio, ostentando toda la lozanía y la pujanza de sus primeros tiempos.
Marco propicio
La remodelación de que fue objeto El Círculo en los últimos años fue el marco muy propicio para la brillante reposición de "Aída", de Verdi, ópera con la que dio término a su temporada oficial. Concluyó así con una puesta en escena que tuvo aspectos deslumbrantes, un ciclo anual de catorce funciones de abono en este importante centro artístico del Litoral argentino.
El Círculo de Rosario cumplió un objetivo muy valioso para la vida artística del país: posibilitó el regreso de la ópera, al tiempo que reunió a destacados artistas locales y extranjeros.
La Asociación El Círculo, presidida por Guido Martínez Carbonell, entidad privada de la que depende el teatro homónimo, además de las funciones de abono, realiza una importante actividad cultural. En la próxima temporada se prevé la realización de más de 30 conciertos a cargo de la Orquesta Sinfónica Provincial -doce de ellos dirigidos por el maestro Juan Rodríguez-, conciertos de cámara y un ciclo de conciertos corales. El suceso principal será la reposición de la ópera "Otelo", de Verdi, con la que se inauguró la sala de El Círculo el 7 de junio de 1904. Asimismo, se prevé una producción con músicos y otros artistas para evocar la vida musical de Rosario en esa época. La convocatoria de artistas destacados, como Gerardo Gandini y Víctor Torres, la realización de un Festival Bach y la actuación de los bailarines Julio Bocca, Iñaki Urlezaga y Maximiliano Guerra son algunos de los números programados. Existe también la posibilidad de que se realice allí una nueva edición del Festival Martha Argerich, en octubre.
Habrá también visitas guiadas, destinadas a colegios. Con la remodelación, el teatro ha recuperado más de 30 salones aledaños a la sala principal. En uno de ellos hoy funciona el Ballet Clásico, dirigido por Tatiana Fesenko, y en otro, el estudio de comedias musicales, que dirige la profesora Nora Pozzi, del que actualmente participan unos 500 alumnos. También habrá certámenes literarios y de dibujo. A los actos de conmemoración se sumarán conferencias de la Academia Nacional de Bellas Artes, un ciclo de poesía y diversas muestras plásticas.Carbonell anuncia también la inauguración de un museo del teatro.
Como broche de oro de la temporada que finalizó se eligió una ópera destinada a ser representada en circunstancias excepcionales, como lo fue la inauguración histórica del teatro de ópera de El Cairo,en 1869; los dirigentes de la Fundación El Círculo no dejaron pasar la ocasión de contar con voces, vestuarios y escenografías a fin de ofrecer -al cabo de medio siglo de su presentación local- esta obra cumbre de la lírica.
También es digno de consideración el hecho de que Rosario contara, para ello, con coros eficientes, como el Polifónico de la Universidad Nacional de Rosario, que dirige Francisco Maragno, y el Coro Lírico Pía Malagoli, que dirige Rubén Coria. Otro dato importante es la existencia de la Academia de Ballet Clásico Ruso -como se mencionó- con Fesenko, y con Vasili Ostrovsky como maestro preparador; todas ellas agrupaciones que posibilitaron la infraestructura artística para un espectáculo como el que se ofreció al cierre, y para otros futuros, a lo cual se sumará, por supuesto, la Orquesta Sinfónica Provincial, que es eficazmente conducida por el maestro Rodríguez.
Lo cierto es que el público rosarino, desacostumbrado quizás -en los últimos tiempos- a los espectáculos líricos, volvió por sus fueros operísticos disfrutando de varias funciones de esta obra del inmortal Verdi.
La escena volvió a poblarse con ejércitos y fieles cultos milenarios; volvieron a desplazarse por la escena reyes iracundos y monarcas vencidos, reinas omnipotentes, como Amneris, y esclavas enamoradas hasta la abnegación, como la protagonista. Pero si bien la magnificencia del espectáculo ofrecido y el parejo elenco de voces, entre las que se destacaron una soprano de excepción como María José Siri personificando a Aída, o la mezzo María Luján Mirabelli, como Amneris, o el Radamés que compuso de Carlos Duarte, en medio de la magnificencia de los decorados y el vestuario -cedido por el Teatro Colón-, pudieron constituir soportes para alcanzar el éxito, más significativo aún resultó el entusiasta y caluroso apoyo del público de Rosario: la prolongada ovación que le ofreció en las sucesivas funciones fue una muestra harto convincente de adhesión al género operístico.
Aun siguiendo las líneas grandiosas que logró la puesta de Rubén Berasain, con decorados y elementos escenográficos relativamente modestos, resultó evidente que la conjunción de las voces y el ritmo que se impuso a la acción escénica proveyeron a la audiencia de la dosis necesaria de sugestión y fantasía que la ópera pide a sus realizadores, especialmente a personajes como Aída y su padre, el monarca etíope Amonasro, que fue una excelente recreación de Ricardo Ortale; todas éstas voces fueron bien elocuentes al respecto, alcanzando notorios niveles de dramatismo.
Se suman a la empeñosa gestión que en la Asociación Cultural El Círculo desarrolló el presidente saliente, doctor Alberto Kozenitzky, la iniciativa y la pujanza del recientemente designado doctor Guido Martínez Carbonell, que se halla dando los últimos toques a la temporada del centenario con el apoyo de Opera de Rosario, que dirige Marcelo Arona, y el auspicio de organismos oficiales.
Con la significativa vuelta de la ópera al teatro El Círculo, Rosario da muestras de poseer un potencial digno de tenerse en cuenta en toda acción futura que contemple la ansiada revalorización del género lírico en todo el país.
Balance
- Artistas locales como la soprano Virginia Tola, Rafael Gíntoli y Aldo Antognazzi y el rosarino Eduardo Delgado intervinieron en una nutrida temporada que contó con el auspicio del Comité Italiano para la Música (Cidim), con el prestigioso Ensemble Aurora, el Sestetto Leonardo y la Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi, dirigida por Riccardo Chailly, con el brasileño Nelson Freire en el piano. También actuaron artistas populares, como Eduardo Falú y Spinetta.
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