El coro, de testigo a protagonista
Auspiciada por una conocida fundación cultural, la tragedia clásica ocupa hoy un lugar importante en la cartelera porteña y en el comentario del público. El espectador poco entrenado en el género indaga acerca del papel desempeñado por el coro. Una respuesta sólida la da el indispensable "Diccionario del teatro", de Patrice Pavis (Paidós, 1980), que empieza por definir el término: "Desde el teatro griego, el coro es un grupo homogéneo de bailarines, cantantes y recitador que toman colectivamente la palabra para comentar la acción a la cual están diversamente integrados".
Ese grupo es heredero directo de la primitiva liturgia religiosa del teatro: servía de contracanto al oficiante mayor, el jefe del coro (exarchón), desprendido de él para asumir el papel del dios Dionisos, cuyas andanzas se narraban. Al primer actor, sucesivos dramaturgos adjudicaron, además de la voz, las acciones del personaje; el legendario Tespis, Esquilo y Sófocles añadieron un segundo actor, luego un tercero. Dice Pavis: "A partir del momento en que las respuestas al coro son dadas por uno y luego por varios protagonistas, la forma dramática (diálogo) llega a ser la norma y el coro, sólo una instancia comentadora (advertencias, consejos, súplicas)".
Los eruditos advierten una modificación progresiva del papel del coro. En las dos tragedias de Edipo, Esquilo le asigna doble función: es el pueblo de Tebas, conmovido por la peste que lo corroe, y es también, a mayor distancia afectiva, un observador privilegiado de lo que ocurre, portador del sentido común y hasta profeta de la revelación que demolerá al rey, culpable del mal sin saberlo.
Al declinar el siglo que vio florecer a Esquilo y Sófocles, otro autor, Eurípides, modifica una vez más la función del coro. Este hecho nos concierne, en tanto que espectadores de la actual producción de "Las troyanas", en el Coliseo. Ante todo, sepamos que en esta versión de Jean-Paul Sartre, en 1965, el filósofo francés adelgazó considerablemente la intervención del coro, en busca de una acción más acorde con la sensibilidad actual. Por uno de esos azares de los que uno sospecha que no lo son tanto, la familia de la gran actriz Mercedes Sombra -fallecida hace poco-, habida cuenta del interés que esta columna mostró por ella, generosamente me donó algunos de sus libros y papeles. Entre éstos se encuentra su tesis, del año 1939, para doctorarse en artes en Vassar, el prestigioso colegio norteamericano. La tesis, escrita en impecable inglés, se titula "Las funciones del coro en la tragedia griega".
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El último capítulo está dedicado, precisamente, a "Las troyanas". "Aunque a muchos les parecerá raro -escribe Mercedes Sombra-, sostengo que el coro de «Las troyanas» es el protagonista porque toda la obra es un coro cuyos rasgos característicos son: dolor, desesperanza, terror y desesperación. Las «dramatis personae» de la tragedia pueden dividirse en seis coros con sus respectivos líderes (...) Los seis personajes principales -Hécuba, Andrómaca, Casandra, Helena, Menelao y Taltibio- serían los líderes de cada uno de esos coros. Siguiendo esta idea, Hécuba encabezaría el coro de las ancianas; Andrómaca, el de las jóvenes madres e infelices esposas de Troya; Casandra permanece inmaculadamente distante en el coro de las vírgenes; llega Helena y detrás de ella parece oírse el invisible coro de las mujeres que se quedaron en el hogar, esperando. El quinto coro, menos importante, encabezado por Menelao, es el de los jefes griegos; y el sexto, el de Taltibio, está formado por los soldados del montón, hombres comunes que han sido llevados a la guerra contra Troya, pero que conservan sus corazones frescos, libres de la costra de crueldad y el punto de vista inhumano de los conquistadores."




