El deseo del otro, un dilema en clave de comedia romántica

Ernesto Claudio y Gabriela Licht, protagonistas y pareja en la vida real
Ernesto Claudio y Gabriela Licht, protagonistas y pareja en la vida real
Una pareja ingresa en esa etapa en que cada uno quiere cumplir sus anhelos, no siempre concordantes; la obra parece a medida de los intérpretes, Ernesto Claudio y Gabriela Licht
Carlos Pacheco
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25 de junio de 2019  

La pasión por el fútbol y el psicoanálisis son dos de los temas que sostienen una comedia del guionista, dramaturgo y director Mario Schajris escrita junto a Belén Wedeltoft y Ana Maugeri, cuya dirección está a cargo de Schajris, El deseo del otro. Se trata de la primera aproximación al teatro del autor de creaciones televisivas como Patito feo, Los Roldán, Buenos vecinos o Costumbres argentinas, entre otras.

La pieza que está presentándose en El tinglado podría calificarse de comedia romántica y cuenta con interpretaciones de Ernesto Claudio, Gabriela Licht y Mora Monteleone.

En escena se expone la historia de un matrimonio que, por determinadas circunstancias, debe tomar decisiones acerca de unos deseos profundos que han venido postergando y que es necesario empezar a poner en marcha.

A Claudio y Licht no les resulta muy difícil asumir el rol de estos protagonistas sobre el escenario, ellos son pareja en la vida real. Se conocieron trabajando. Ambos formaron parte del equipo que estuvo de gira por distintas provincias presentando la comedia Toc Toc, de Laurent Baffie, con dirección de Lía Jelín. Claudio integró el elenco durante cinco temporadas y Licht, tres años y medio.

Sobre finales de 2018 el proyecto tuvo su fin. Ambos querían seguir trabajando juntos. Leyeron varios textos y, sorpresivamente, se encontraron con Schajris y el creador les pidió que tomaran contacto con un material que, al día siguiente, les envió por mail.

"La leímos y nos encantó desde todo punto de vista -explica Licht-. Nos emocionó, nos divirtió, nos calentó. Todo lo que tiene que provocar una obra. De inmediato le mandamos un mensaje a Mario diciéndole: '¿Cuándo empezamos a ensayar?'. Está escrita de manera muy inteligente. Es de esas obras que empezás a leer y no querés parar. Ya es un indicio. Y esto te lo marca la emoción, el cuerpo. Hay cosas que van más allá de lo que uno puede explicar. Por otro lado, es muy divertida. Tiene unas réplicas muy buenas".

Lo intérpretes definen a sus personajes, Alberto y Silvia, como dos criaturas entrañables. Ellos poseen experiencias de vida muy distintas. El matrimonio posee una relación "normal" que comienza a modificarse cuando su hija decide irse a vivir a París y deja un cuarto vacío en la casa. Ese espacio se transforma en el ámbito que ambos tienen necesidad de ocupar.

"Roberto es un hombre muy de barrio -comenta Claudio-. Es un relator de fútbol frustrado que tiene en su casa un equipo que le permite practicar, relatar fútbol. Es muy cálido, llorón, sensiblero. Tiene una cosa muy tierna y a la vez es calentón. Leyendo la obra y trabajándola me di cuenta de que posee aristas muy interesantes, pasás del blanco al negro, de la emoción a lo cómico. Es un personaje de una gran amplitud".

Silvia, por su parte, es una psicoanalista lacaniana de clase media, judía. Empezó a estudiar psicoanálisis de grande. "Esto la lleva a decir cosas de manera descuidada -aclara la intérprete-. En análisis se dice que toda interpretación fuera de lugar es una agresión, y ella comenta cosas fuera de contexto porque él es su marido, no su paciente".

Ernesto Claudio y Gabriela Licht poseen carreras que no han progresado en paralelo. El actor ha desarrollado su profesión tanto en espacios alternativos como en el teatro oficial y comercial. Ella se formó en el Conservatorio de Arte Dramático, tomó clases con diversos maestros y un día decidió viajar a Los Ángeles, donde completó su formación en la escuela de Lee Strasberg (antes se la pudo ver en creaciones como Marinero o Quienquiera que hubiera dormido en esta cama, ambas dirigidas por Martín Flores Cárdenas). En los Estados Unidos poco a poco fue insertándose en un medio que, si bien no le resultó hostil, la obligó a adaptarse siguiendo unas particularidades a las que no estaba acostumbrada.

Al cabo de ocho años regresó a Buenos Aires. "Al volver también tuve que rehacerme -explica-. Decir 'acá estoy, reaparecí'. Lía Jelín me convocó para hacer Toc Toc y se me abrió un campo de trabajo muy atractivo".

Hoy ambos echan de menos la experiencia de las giras y el éxito de un espectáculo que les posibilitó presentarse tanto en grandes como en pequeñas ciudades del interior del país. Esa continuidad laboral se extraña, pero la necesidad de seguir apostando al teatro los mantiene juntos, y mucho más a la hora de poner en escena El deseo del otro.

"Este medio es un ida y vuelta, uno sube y baja todo el tiempo -aclara Ernesto Claudio-. Si creés que llegaste a algún lado, sos un tarado. Podés ser convocado, te pueden conocer, pero siempre es necesario tener esa cuota que te haga pensar que hay que seguir tirando líneas para ir trabajando. No puedo pensar que ya está, que hice Toc Toc y ya estoy bárbaro. No, quiero continuar haciendo cosas para seguir pensando".

El deseo del otro

El tinglado, Mario Bravo 948

Martes, a las 20.30.

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