
El Espacio Callejón presentó una programación casi curatorial
El director apuesta tanto a creadores nuevos como a consagrados
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A comienzos de la década del 90, cuando recién el barrio del Abasto comenzaba a adquirir una fuerte impronta teatral, se abrió en la calle Humahuaca al 3500 El Callejón de los Deseos, que contaba entre sus dueños a Miguel Ángel Solá, que prácticamente invirtió todo su capital en él. El espacio albergó buena parte de la nueva creación de dramaturgos, directores y coreógrafos que, por esa época, definían con fuerza cierta renovación de la creación dramática porteña.
Algunos de los responsables de la gestión del espacio fueron cambiando, pero siempre se mantuvo una programación en la que se destacaron cuestiones relacionadas con búsquedas o procesos de investigación que promovieron fuerte interés entre los espectadores.
Desde hace tres años, el luego denominado Espacio Callejón fue adquirido por el dramaturgo y director Javier Daulte. El creador reconoce hoy que en aquel momento no estaba buscando un teatro. "Con la sala tenía un vínculo de laburo porque hice muchas obras ahí - explica-: Faros de color, Fuera de cuadro, La escala humana (proyecto compartido con Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian), Proyecto vestuarios... Siempre tuve una relación activa con el lugar. Y me llegó el teatro antes de tener un proyecto claro. Los amigos me preguntaban: '¿Para qué te compraste El Calle [así nombra el artista a su espacio]?'. Yo respondía: 'Todavía no lo sé, voy a averiguar, por ahora tenés un amigo con teatro'".
A medida que fue definiendo la programación, decidió hacer algunas modificaciones edilicias. Abrió un bar, acondicionó camarines y baños para los actores. Y el proceso de gestión se fue dando naturalmente. "El teatro es un lugar de encuentro -reflexiona-. ¿Para qué sirve? Hace lazo social. Me gusta venir y encontrarme con el público, con los elencos. El año pasado reconocí que empezaba a haber una coherencia en la programación. Tengo la suerte de que El Calle es muy solicitado, a los grupos les gusta la sala, tiene cierto prestigio ganado por muchos años. Hay una parte de la curaduría que resulta fácil. Me proponen cosas y trato de devolver lo que alguna vez me dieron a mí. Recuerdo cuando Tito Cossa, en el Teatro del Pueblo, me dijo que hiciera lo que quisiera. Poder arriesgar con el otro es lo mejor que me pasó. Eso genera un mayor compromiso".
Durante la década de 2000, Daulte tuvo a su cargo la programación del Teatro Villaroel de Barcelona, y allí aprendió algo: a dejar de mirar su propia creación para estar pendiente de la que desarrollaban los otros. Por eso hoy se anima a intervenir, si se lo piden, en algunos procesos de creación que se estrenarán en su sala. "No busco un teatro que solo abone mis ideas -dice-. Por el contrario, cuando me meto a trabajar con otro respeto las diferencias. De esa manera entiendo el teatro independiente. Yo me formé así en el IFT, en el Payró. El año pasado me di cuenta de que en la sala hay un montón de gente que es afín a mí y me sorprendió que, casi por casualidad, estamos ocupando el mismo espacio. Sentí que eso había que explicitarlo".
Entonces nació un proyecto común que el autor y director ha dado en llamar Teatro Líquido. Les propuso a Silvia Gómez Giusto, Paula y María Marull y a Héctor Díaz escribir cada uno una pieza que estrenarán en esta temporada. Él es parte del colectivo. "La idea es convocar a un interesante grupo de actores y seguir de forma conjunta todos los procesos. Viendo qué tipo de relación se establece entre ellos. Y lo denominamos Teatro Líquido porque seguramente algo se irá filtrando entre cada uno".
Profundo amante del teatro alternativo, al creador, además, de ficciones televisivas y director en el teatro comercial lo sigue sorprendiendo que la actividad siga manteniéndose y aun ampliándose sin que sus hacedores reciban una compensación monetaria que justifique sus trabajos. "En esta actividad nadie sabe responder por qué lo hace -aclara Daulte-. Y si tenés la respuesta es porque no estás haciendo teatro alternativo. Es una muy buena pregunta. Es el gran sinsentido que produce un sentido". Y repara en una frase del autor franco-rumano Eugenio Ionesco: "Si es absolutamente necesario que el arte y el teatro sirvan para algo, será para enseñar a la gente que hay actividades que no sirven para nada".
La nueva temporada
La programación del Callejón estará conformada por una serie de reposiciones y estrenos de reconocidos creadores de la escena alternativa. Entre las primeras: Bardo, un lugar entre nosotros, de Maximiliano Chiprut, Anahí Dratman, Grisel Galli y Gabriel Pez; Ni con perros ni con chicos, de Fernando Albinarrete; Clarividentes, de Javier Daulte; El inestimable hermano, de Heidi Steinhardt; Lo único que hice fue jugar, de Sebastián Irigo; Yo no duermo la siesta, de Paula Marull, y La fiesta del viejo, de Fernando Ferrer.Las novedades, entre otras, serán: Palíndroma, de Margarita Molfino y William Prociuk; La gente normal, de Leandro Arecco; Hemos abandonado nuestra carrera de campeones, de Eugenia Estévez y Diego Velázquez; Madrijo, de Mariano Saba. El ciclo Teatro Líquido presentará: Valeria radioactiva, de Javier Daulte; Amor de película, de Héctor Díaz; Los salvajes, de Silvia Gómez Giusto; La mujer invisible, de María Marull, y La oportunidad, de Paula Marull.





