El fantasma de Narciso Ibáñez Menta
Sobre la infancia de quien escribe estas líneas planeaban sombras amenazadoras: las brujas de los cuentos, las leyendas camperas, las historietas (el terrorífico Doctor Fumanchú, que salía en Titbits ), el folletín del detective Sexton Blake, publicado en Billiken (uno de los episodios se titulaba "El terror de la noche"), las andanzas de Sherlock Holmes (La banda atigrada), el método pedagógico de asustar a los chicos para que se porten bien. Y El fantasma de la ópera . No por haber leído la admirable novela de Gastón Leroux (1868-1927), cosa que ocurrió mucho más tarde, sino porque, en aquellos años treinta del siglo pasado, Narciso Ibáñez Menta ponía en escena, en Buenos Aires, una versión teatral del libro.
Ignoro quién hizo la adaptación. No es improbable que fuera Narciso mismo, experto dramaturgo además de gran actor. Por descontado que no me llevaron a verla (yo tendría ocho o diez años por entonces), ni pude ver hasta mucho después el film de Rupert Julian, de 1925, con la espantosa caracterización de Lon Chaney. Con su notoria propensión al terror, Ibáñez Menta insistió en reproducir sobre sus facciones el maquillaje de Chaney, que en el momento en que Cristina le arranca la máscara hacía que se desmayaran algunos espectadores. Tras muchas representaciones con gran éxito de público, Narciso debió suspenderlas por un tiempo: al parecer, el espeso maquillaje le había provocado una afección de la piel. Acaso fue un truco publicitario; pero lo concreto fue que un diario de entonces, no recuerdo cuál, mostró una foto del rostro del Fantasma según Chaney. Ese rostro abundó desde entonces en mis pesadillas de chico demasiado imaginativo.
* * *
De vuelta al presente: es curioso que la novela de Leroux (publicada primero como folletín, en 1909, en Le Gaulois, y en forma de libro al año siguiente) no haya sido adaptada al teatro de prosa, y sí varias veces al cine. La mejor película es la de Julian, de 1925, con Chaney, muda. Hubo otra, en 1943, dirigida por Arthur Lubin, con el gran Claude Rains; una de Terence Fischer en 1962, y dos o tres más recientes, encaramadas al éxito del musical de Andrew Lloyd Webber.
El ballet no se ha quedado atrás: Roland Petit hizo bailar al Fantasma, en 1980, en su escenario natural, la Opéra Garnier, con música de Marcel Landowski. El Atlantic Ballet Theatre de Canadá lo puso en escena, con coreografía de Igor Dobrovoisky. Y un año atrás, el 10 de abril de 2008, el rencoroso Eric persiguió a la frágil Cristina en Praga: Libor Vaculik fue el coreógrafo y Peter Malásek el compositor. Pero, sin música y sin baile, no tenemos noticia de otra versión que la de nuestro Narcisín.





