
El tiempo todo entero: una notable crónica sobre la soledad, el desconcierto y la dulzura
Dieciséis años después de su estreno en el off, la obra de Romina Paula llega a la avenida Corrientes con su elenco original
4 minutos de lectura'

Autora y directora: Romina Paula. Intérpretes: Esteban Bigliardi, Pilar Gamboa, Esteban Lamothe y Susana Pampín. Escenografía: Alicia Leloutre y Matías Sendón. Iluminación: Matías Sendón Sala: Paseo La Plaza (Corrientes 1660). Funciones: Martes, a las 20. Duración: 75 minutos. Nuestra opinión: Excelente
Uno de los primeros diálogos que suceden en El tiempo todo entero, de Romina Paula, es una conversación sobre formas de matar: dos hermanos se preguntan si es mejor a cuchillazos o con armas de fuego y enumeran distintos crímenes de la historia. La charla genera humor, resulta insólita y tiene, al mismo tiempo, la carga tensa y dolorosa que contiene toda la obra. Una historia de puñaladas: de la angustia que solo se conoce en la intimidad de un hogar y que es reservada, puertas adentro, para una familia.
El tiempo todo entero reúne al mismo elenco que tuvo en su estreno original, hace 16 años, cuando Pilar Gamboa, Esteban Lamothe, Susana Pampín y Esteban Bigliardi no tenían las trayectorias de este presente, al igual que su autora y directora. Sin embargo, en aquel momento el espectáculo creció de manera exponencial gracias a los comentarios del público que sentía que en esas funciones en el Espacio Callejón sucedía un lenguaje innovador, una nueva sensibilidad, una historia de vínculos familiares, pero distinta: un poco corrida del arquetipo del realismo, al límite de la tragicomedia, con diálogos que se concentran en observaciones sutiles y mucha literatura de fondo.
La pieza revisita el universo de El zoo de cristal, el clásico de Tennessee Williams, desde una perspectiva contemporánea. El mundo no es el mismo: no aparece la crisis económica que retrataba Williams, ni la sumisión de la mujer a un hombre para tener una estabilidad, pero lo que está latente y tal vez en esta época resuene más que nunca: es la soledad crónica. Esta familia integrada por la madre y dos hermanos conviven con la decisión de Antonia, la hija, de no salir nunca de su casa. No hay inconvenientes aparentes, ella se muestra segura en su pensamiento de no estar interesada en conocer el mundo ni en tener más vínculos que los que tiene con su mamá y su hermano, sus argumentos son convincentes y todas las explicaciones que le da su madre se refutan con la idea de que salir y ver cosas no es lo mismo que conocer e imaginar.

En la pieza de Tennessee Williams había una huella del abandono eficaz: el padre. Un hombre más que se desentiende de su familia, pero en este caso, sin que aparezca ni una vez en escena, es una presencia permanente e insoportable durante toda la historia. El autor ubica una foto de frente al público, con tal intensidad, que domina todo el ambiente. Y hace una aclaración: “Es el rostro de un joven muy guapo, que sonríe valerosamente. Con una sonrisita irresistible. Como si dijera: ‘Sonreiré siempre”. En El tiempo todo entero se juega entre ese mismo recuerdo y un cuadro de Frida Kahlo, que deja una contradicción, convertida en metáfora a través de una obra de arte, sobre los alcances del abandono. Los hermanos tienen una gran complicidad entre ellos, el encierro y la dependencia emocional genera un vínculo incluso erótico que incluye a la madre, pero en este caso la pregunta es casi existencial: ¿tiene sentido salir al mundo?, ¿vale la pena experimentar el amor y su reverso ineludible, el desamor?, ¿qué hacemos con nuestro tiempo? “No creo en hacer. Hago cosas estrictamente improductivas”, dice Antonia y se pregunta sobre esta necesidad moderna de ocupar el tiempo, para después tener tiempo libre.
El planteo no puede ser más actual: en esta época de tiempos acelerados, donde nunca se llega a nada y siempre se está debiendo algo a alguien, volver a preguntarse a qué o quiénes le entregamos nuestro tiempo se vuelve existencial. El tiempo todo entero sucede en una época anterior a las redes sociales y la inteligencia artificial. La música todavía se escucha en CD y para ver un video la gente se sienta frente a una computadora. Lo que es universal es el apego a un modelo familiar y el pánico al cambio.
La complicidad y el entendimiento entre los actores es un enorme hilo conductor. Pilar Gamboa encandila con sus respuestas, sus gestos, sus frases tajantes y sus compañeros reciben cada lanza y cada guiño para responder con esa misma actitud limítrofe entre el desconcierto, la risa y la dulzura. A esta familia, por momentos, la salva el humor. Como en la vida, incluso para afrontar lo que preferimos ignorar.
1
2El día que Moria Casán juntó a sus dos maridos, Mario Castiglione y Luis Vadalá, en televisión y pasó de todo: reproches, trapitos al sol y llantos
3Aseguran que se terminó el amor entre Sofía Gala y Fito Páez: los detalles de la separación
4De qué murió Florencia, la hija de 23 años del cantante Lucas Sugo
