
En memoria de Walter Vidarte
Fernando López despidió el martes último, en esta sección, con palabras exactas y conmovedoras, a Walter Vidarte, el gran actor uruguayo que falleció el lunes 31, a los 80 años de edad, en Madrid, donde se había exiliado hace más de treinta al recibir amenazas de la Triple A. López se refirió allí a Vidarte básicamente como actor de cine, el medio que sin duda lo hizo famoso con sus inolvidables trabajos en films como Procesado 1040 (el motivo por el cual vino a la Argentina, para reiterar en la pantalla su exitosa interpretación teatral en Montevideo, en la obra original de su compatriota Juan Carlos Patrón: el film lo dirigió Rubén Cavallotti), Alias Gardelito (Lautaro Murúa), El dependiente (Leonardo Favio), Tres veces Ana (David José Kohon), Hombre de la esquina rosada (René Mujica).
Le debo a Vidarte al menos dos de los mejores recuerdos que tengo de mi tarea como reseñador teatral: sus trabajos en Acuérdate del ángel , en el Cervantes (habrá sido a mediados de los años 60, creo) y en Las criadas , la admirable y audaz puesta de Sergio Renán en el SHA, en 1970, donde los tres papeles femeninos fueron confiados a actores: Héctor Alterio era la Señora y Vidarte y Luis Brandoni las hermanas asesinas.
Acuérdate del ángel fue la versión teatral de una novela de Thomas Wolfe (no confundir con el actual Tom Wolfe), cuyo título original es Look Homeward , Angel , la historia de una familia común de clase media norteamericana, centrada en la relación entre dos hermanos, uno de los cuales era Vidarte. Al atardecer del día en que ha muerto el hermano mayor (era Ernesto Bianco), el menor se sienta a la vera del ángel de piedra que se yergue a la entrada del cementerio local, y le ruega "Por favor, no lo dejes solo esta noche". Confieso que no pude contener las lágrimas y a casi todos los espectadores les pasó lo mismo: pocas veces (si alguna) escuché semejante acento de verdad artística, semejante conmoción al decir un texto que en otros labios quizás habría sonado hasta convencional.
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Formado en su país junto a Margarita Xirgu, es como si ésta le hubiese transmitido el don de extraer la esencia poética de los textos, sólo que sin el amaneramiento peculiar de la ilustre actriz catalana. Vidarte partía casi siempre de una primera impresión de apocamiento, de poca cosa, para ir avanzando en la exploración de la más honda intimidad del personaje, hasta convertirlo en el héroe, pero como a su pesar. En Las criadas , junto a dos actores formidables como Alterio y Brandoni, asomaba como la más tímida y dominada de las hermanas y terminaba como la más siniestra, precisamente por parecer lo contrario. En los últimos años, de vez en cuando la televisión devolvía la imagen, en producciones españolas, de un actor prodigioso, versátil, irreemplazable.







