Extenso poema dramático basado en textos de Ovidio
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"Biblis. El culto al cuerpo en la era informática". Autor y director: Víctor Varela. Intérpretes: Bárbara María Barrientos, Daniela Campos, Soledad Taboada y Esteban Zúñiga. Escenografía: Pepe Franco. Luces: Bibiana Scholnik. Banda sonora: Víctor Varela. Vestuario: Vanesa Knezovich y Lorena Pezzente. En el Centro Cultural Borges.
Nuestra opinión: regular.
En las últimas décadas el teatro cubano muestra una expresa adhesión al texto dramático. Ni los actores ni el espacio escénico son provocados por los directores para lograr un hecho teatral que conmueva al espectador. Resulta extraño porque la escuela que ha formado a la gran mayoría de los creadores de la isla es la stanislavskiana. Sin duda, el aislamiento político y económico deja sus secuelas también en lo artístico. Las posibilidades de mayor investigación y sobre todo confrontación con producciones de otras latitudes parecería conducir a la escena cubana hacia un adentro que le quita vitalidad.
Resulta llamativo también que Víctor Varela, un maestro y director que hace varios años está instalado en la Argentina, mantenga ciertos esquemas de trabajo que remiten a sus años en Cuba, en vez de incorporar algunos aspectos de la estética actual del teatro argentino, sobre todo el más renovador, ya que su propuesta tiende a eso. En el programa de la función se destaca que su compañía, Teatro Obstáculo, es "el grupo de vanguardia más importante de La Habana".
En "Biblis. El culto al cuerpo en la era informática", Varela propone un extenso poema dramático basado en "La metamorfosis", de Ovidio. Biblis se enamora en sueños de su hermano Cauno, esto la torna una mujer muy vulnerable y la única salida que encuentra es dividirse en tres personalidades. Una humana (la moral), una animal (la instintiva) y una divina (la razón). El autor traslada esta historia a la época actual y la ubica dentro del marco de una sociedad informatizada, donde los seres -casi autómatas- responden tal vez con más libertad a sus instintos, aunque sus culpas les provoquen reflexiones de fuertes consecuencias, similares a la de aquellos arquetipos.
El texto de Víctor Varela es excesivamente literario, propone muy pocas acciones a los actores y por sobre todo muy pocas imágenes. Para su puesta, el autor-director recurre a un esquema de secuencias que se reitera. En ellas se desarrollan movimientos, casi coreografiados, y fundamentalmente un trabajo vocal en el que predomina un juego de tonos y ritmos que los intérpretes buscarán copiar. En muy pocas oportunidades ese esquema utilizado modifica a los actores. Y tanto es así que, sobre todo en la segunda parte del espectáculo (dura 180 minutos), ellos van perdiendo cierta riqueza expresiva que tenían al comienzo y es porque no encuentran cómo mantenerlo.
Un planteo difícil
El planteo queda en una formalidad difícil de sostener para cualquier actor porque nada de lo que dice o hace lo está modificando internamente.
En esta sección se juega además con una cámara de video que grabará imágenes que van aconteciendo y las proyectará sobre una pantalla. Esos momentos tampoco tienen intensidad dramática. Suceden, como las palabras de ese extenso relato que termina agotando la atención del espectador porque no tienen poesía y mucho menos la pasión que los personajes expresan.
Los seres supuestamente informatizados no dejan de vivir y mucho menos de sentir, en todo caso viven y sienten de otra manera. Ese matiz es el que este espectáculo dejó de considerar.



