Godspell: el mensaje de Jesús en clave hippie y formato musical
La pieza del off Broadway llegó al circuito teatral independiente local con toda su carga de alegría y dinamismo, y un elenco de talentosos jóvenes intérpretes
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Autores: John Michael Tebelak (libro) y Stephen Schwartz (música y letras). Dirección: Ángel Díaz. Elenco: Jeremías Zamacola, Juan José Quiróz, Andrés Ajamil, Nicolás Barrera, Jazmín Fernández, Azu Cabrera, Cristina Rojo, Melina Rolón y Marián Vázquez. Escenografía: Oscar Brito y Martín Goldín. Vestuario: Cintia Noelía. Coreografías: Matías Martínez. Iluminación: Ángel Díaz. Sala: El Método Kairós (El Salvador 4530). Funciones: los domingos, a las 20. Duración: 110 minutos. Entradas: por Alternativa Teatral. Nuestra opinión: Buena.
El fenómeno de los musicales en Buenos Aires no se reduce a la avenida Corrientes ni está circunscripto al circuito comercial. También se estrenan, año tras año, títulos famosos o no tanto, dentro del off. En general, se trata de piezas que no exigen un gran despliegue de producción. Como es el caso, ahora, de Godspell (término del inglés antiguo que significa “buena noticia” o “palabra de Dios”), la obra con música y letras de Stephen Schwartz (el mismo autor del megasuceso Wicked), de 1971, que nació en el off Broadway, supo de un hit radial (la pegadiza canción “Day by Day”) y de una versión cinematográfica, dos años más tarde, rodada íntegramente en locaciones reales de Nueva York. Y hasta de una versión escénica local, en 1974, en el Teatro Chacabuco de San Telmo, protagonizada por parte del elenco de Jesucristo Superstar que un año antes había quedado a la deriva tras el atentado al Teatro Argentino que provocó el incendio total de la sala e impidió el estreno del clásico religioso de Andrew Lloyd Webber. Entre aquellos intérpretes estaban Ana María Cores, Silvio Katz, Enrique Quintanilla, Enrique Otranto y Blanquita Silván.
La historia
Godspell narra la vida de Jesucristo desde una mirada hippie y según el Evangelio de San Mateo (que presenta a Jesús como el Mesías prometido, encargado del cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento). Incluye elementos circenses, más bien del clown, y de magia y prestidigitación. Todos los personajes son jóvenes y rebeldes, y en ese sentido se emparentan con los de otro musical de aquella época: Hair.
La versión de Godspell que acaba de debutar en El Método Kairós (que cuenta con traducción y adaptación de Orlando González Rivera y Ángel Díaz) se basa en la reelaboración de la pieza que llegó a Broadway en 2011, menos pesimista y mucho más dinámica y lúdica que la original (en sincronía con otro reestreno de Schwartz de la misma época, Pippin), que hace hincapié en la alegría y el amor, e incorpora nuevos arreglos musicales y múltiples referencias contemporáneas. En esta todas las escenas y canciones se encadenan sin respiro, a favor del concepto de show más que de la comprensión de la historia. Porque, hay que decirlo, a Godspell conviene asistir con algo de información previa sobre la doctrina del cristianismo, e incluso de los himnos episcopales (en los que se inspiran algunas letras de las canciones) para no quedarse en ascuas. Sobre todo si el espectador es agnóstico o ateo.

A su modo, Godspell habla de la tolerancia y el respeto hacia el diferente, de la necesidad de construir redes de apoyo comunitarias y de la esperanza en un futuro mejor. Y aunque se sabe que el derrotero de Jesús no termina bien, al menos en términos mundanos (porque tanto en la narración evangélica como en la obra el traidor de Judas hace de las suyas), el espectáculo se propone difundir un legado de superación y bonhomía a través de los jóvenes, a los cuales está destinado fundamentalmente el musical.
Acorde con el mensaje y con el público al que se dirige, Godspell cuenta con un elenco coral conformado exclusivamente por actores jóvenes (que en algunos casos hacen sus primeras armas en el teatro), todos muy talentosos y entusiastas. No obstante, es justo destacar por encima del resto las participaciones de Cristina García, Marian Lorena Velázquez, Shaiel Zas y Fernando Palladino, como diversos discípulos. Mención aparte para el debutante Jeremías Zamacola, en el demandante rol de Jesús, dueño de grandes condiciones para la comedia musical.
Con este grupo de intérpretes a favor, el director Ángel Díaz (de origen venezolano, radicado en el país desde hace 10 años) logra entretener y llevar a buen puerto una obra que, como está dicho, resulta un tanto críptica para el público no consustanciado con las temáticas religiosas. Ayudan a lograr este resultado las labores de Roxana Maldonado, quien diseñó un vestuario muy colorido y vistoso, y de Matías Martínez, a cargo de unas coreografías tan enérgicas como expresivas.
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