Hamlet: una de las más completas versiones clásicas

Susana Freire
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18 de abril de 2019  

Texto: William Shakespeare, con traducción de Lautaro Vilo / Versión: Vilo y Rubén Szuchmacher / Intérpretes: Joaquín Furriel, Luis Ziembrowski, Belén Blanco, Marcelo Subiotto, Claudio Da Passano, Eugenia Alonso, Agustín Rittano, Germán Rodríguez, Mauricio Minetti, Pablo Palavecino, Agustín Vásquez, Lalo Rotavería y elenco / Iluminación: Gonzalo Córdoba / Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari / Música, dirección musical y diseño sonoro: Bárbara Togander. dirección: Rubén Szuchmacher / Duración: 180 minutos / Sala: Teatro San Martín / Nuestra Opinión: Muy buena

Más allá del conocimiento que se pueda tener de esta obra de Shakespeare , lo que expone Hamlet adquiere distintas resonancias provocadas por el contexto político y social de cada época. Que Hamlet quiere vengar la muerte de su padre, a manos de su tío, es cierto. Es el móvil que desarrolla toda la trama. Pero también expone la corrupción, la ambición desmedida, la traición, la lujuria, las intrigas detrás del poder. Es la falta de justicia lo que motiva al príncipe Hamlet, y la muerte es una constante en su pensamiento.

A Hamlet, príncipe de Dinamarca, se le aparece el espectro de su padre, quien le explica que mientras dormía en el jardín su infame hermano Claudio lo asesinó para apoderarse del trono danés. Este hecho, sumado al matrimonio de su madre, la reina Gertrudis, con su tío Claudio, realizado inmediatamente después del funeral, provoca un gran conflicto en el ánimo de Hamlet y lo enfrenta con las intrigas cortesanas, encarnadas en Polonio. En su obsesión por vengar la muerte de su padre, Hamlet quiere matar al nuevo rey, pero necesita probar que él es el asesino.

Estos hechos, más la muerte de Ofelia, firman su sentencia de muerte ordenada por iniciativa del rey, pero al fallar induce a Laertes, hijo de Polonio y hermano de Ofelia, a un duelo con floretes que esconde una trampa mortal: uno de los estoques está envenenado y si falla hay una copa de vino con una ponzoña para el príncipe. Este es herido mortalmente y la reina bebe de la copa de Hamlet. Laertes también es afectado por el arma mortal y después de confesar el engaño denuncia al rey en sus instantes postreros. Hamlet, enloquecido de ira, mata con su espada envenenada al responsable. La tragedia se completa con la muerte de Hamlet, también por el efecto del veneno en el vino.

La versión que realiza Rubén Szuchmacher es una de las más completas que se ofrecieron, lo que permite apreciar el valor del texto, con una adaptación que quita grandilocuencia y la acerca más a los tiempos modernos. Es el vestuario el que quizá nos permita ubicar las acciones en la década del veinte. Con el inteligente diseño escénico que propone Jorge Ferrari -un amplio espacio enmarcado por una estructura que incluye diferentes puertas para señalar la salida a otras habitaciones del palacio-, no se necesitó más para ilustrar las escenas y permitió que adquiriera relevancia el pensamiento contundente del bardo inglés. De esta manera, el puestista logra una dinámica ágil y con ritmo constante que atrapa la atención y diluye la duración -tres horas- de la representación. Una observación: en algunos momentos, el bajo volumen de las voces impide una clara recepción de las palabras.

En cuanto a la actuación, Joaquín Furriel, como protagonista, tiene su mejor desempeño a partir del segundo acto por la carga emotiva que emana de ese personaje torturado y va creciendo hasta el desenlace final, cuando esa dualidad entre locura y cordura se va acentuando. Su contrafigura, Luis Ziembrowski, como Claudio, crea un personaje en crecimiento constante, que revela los diferentes aspectos de su personalidad: sus intenciones espurias, su habilidad para manipular a su entorno y distorsionar la realidad.

Belén Blanco, como Ofelia, le da un matiz de mayor rebeldía y belicosidad a esa joven desengañada que se ve coaccionada por las decisiones de su padre y su hermano, sumando otro valor agregado a su personaje. Eugenia Alonso, en la piel de la reina Gertrudis, aunque correcta en su interpretación, no logra definir con claridad los sentimientos que la afectan frente a la actitud de su hijo. Marcelo Subiotto, como Horacio; Germán Rodríguez, como Laertes; Claudio Da Paisano, como Polonio; Agustín Rittano, como Rosencrantz, y Pablo Palavecino, como Guildernstern, consiguen matices valiosos para la definición de los perfiles de sus personajes.

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