Hochman hará "Cyrano" en Portugal
El director llevará allí su exitoso espectáculo para niños, y prepara "El violinista sobre el tejado"
1 minuto de lectura'
Dentro de un mes, Claudio Hochman viajará a Portugal a reestrenar "Cyrano", su exitoso espectáculo infantil. El director de espectáculos para niños y adultos revisa la historia de su carrera, mientras prepara en Buenos Aires el estreno de "El violinista sobre el tejado", que se estrenará en los primeros días de abril, con producción de Alejandro Romay y actuación de Pepe Soriano.
"Ya que los directores somos menos conocidos que los actores, aprovecho para hacer algo que me encanta: en la función me siento entre el público a sentir, a respirar sus emociones. Así veo si la obra está equilibrada, si el código funciona. A "Cyrano", basado en el texto de Rostand, la hicimos en 1992 en el Teatro San Martín. Nos dio muchas satisfacciones, premios, temporadas exitosas, giras. Realmente me dio una llave que me abrió muchas puertas. Ganamos el Metropolitano en Buenos Aires, recibimos un premio en Córdoba, en Bienarte, de allí salieron invitaciones para ir a Perú y en Perú nos invitaron a Portugal. En Lisboa se hizo con actores portugueses, se dio en una temporada en el teatro Trinidad y luego hubo una gira por todo el país, ciudades y pueblitos pequeños. En todos lados anduvo bien, con públicos tan diferentes. Y ahora vuelvo para montarla nuevamente, con nuevos actores, chicos jóvenes, porque el proyecto incluye nuevamente una intensa gira."
Al detenerse a reflexionar sobre las características de la obra y el porqué de su éxito reiterado Hochman comenta: "Es una obra que corresponde a una etapa más madura, habíamos crecido incluso como grupo y estábamos volcando nuestra experiencia de teatro callejero, pero ya entendiendo más el lenguaje de la gran sala. Era un desafío nuevo desde lo estético en el que poníamos toda la energía de la calle".
Pero, además, "Cyrano" logró ser una buena conjunción de la historia de Rostand con la historia de tres compañías de teatro. "Creo que el juego desde lo teatral es muy importante. Salir de la historia y poder divertirse, reírse y volver a entrar, como hacen los chicos cuando juegan, o sea, jugar en serio. Esto a veces les cuesta a los actores, que querrían que yo les dijera claramente cada paso del camino. Pero yo eso no lo sé hasta que lo empiezo a ver con ellos. Sé adónde quiero llegar, claro, pero me importa dejar en claro, para ellos y para el público, que estamos jugando. Si uno no logra encontrar y no conserva esa esencia lúdica del teatro queda fuera de lo que el teatro es básicamente. El productor portugués que me contrató me dijo: "Hacés un teatro a la vez experimental y popular, que llega no sólo a los niños y a los adultos, sino a los iniciados y experimentados y también a quienes nunca antes vieron teatro". Y yo creo que esto pasa por la experiencia con el juego y con la calle. En Portugal, "Cyrano" está planteado directamente para adultos, y van todos, grandes y chicos juntos."
El cuerpo y el espacio
Hochman revisa los hitos que conformaron su carrera. Primero fue profesor de educación física. "La gimnasia me dio mucho, en valorizar el cuerpo, en ritmo -dice-. Pero aunque la disfruté, sentía que me faltaba algo. Estudié con Patricia Stokoe expresión corporal y vi esa posibilidad que tiene el cuerpo de expresarse por el gesto y el movimiento. Posteriormente, Ana Itelman me ayudó a encontrar una visión del espacio escénico, de los desplazamientos que producen nuevos centros de atención y de energía dramática. Nunca dejé de escribir y de leer, escribía poemas que no le mostraba a nadie. Una amiga, que vio algunos, me dijo: "Esto me serviría a mí con los chicos del jardín, para hacer teatro con ellos". Comenzó un intercambio. Ella me daba temas, yo escribía un poema y ella lo trabajaba con sus chicos. Resultaba. Entonces se me ocurrió hacer pequeñas obras para los jardines. Así empezamos a vender nuestros espectáculos. Así nació el grupo Calidoscopio."
Hochman sonríe con sus recuerdos. "Estaba entusiasmado, no paraba, y nos iba bien -dice-. Pero volví a sentir que algo me faltaba. Quería saber más de perspectiva, del color, la luz, los espacios. En la carrera de Dirección de la Escuela Municipal de Arte Dramático figuraba precisamente Visión pictórica. Así que empecé a cursarla. En la escuela, una compañera me dijo que necesitaba un infantil para el zoológico. Preparamos un espectáculo que comenzaba en la calle, con grandes muñecos y zancos. Con ese espectáculo hicimos giras, recuerdo que nos llevamos toda la enorme escenografía hasta Tartagal. Allí nos relacionamos con una comunidad chané. Nos encantaron las máscaras de animales y se las compramos todas. "Desde ahora -dije- nada de cargar escenografía: solamente las máscaras"."
"Fabulosas fábulas" fue el primer espectáculo que no tenía texto de Claudio y se daba en plazas y otros espacios libres. "No había entonces modelos para los callejeros -comenta- , eran muy pocos los que lo hacían, inventábamos sobre la marcha. Cuando llegó el Odin, nos llamaron a participar con los zancos."
A partir de "Cuéntanos cuéntanos" (cuentos tradicionales relatados por Italo Calvino) el humor y el juego travieso se instalan casi como una marca. "Es una forma de poder decir verdades, especialmente con los chicos. Recordar que estamos jugando. Con Calvino nos pasaron cosas divertidas. Teníamos problemas con las psicopedagogas porque no les gustaba la crudeza de algunos cuentos. Nosotros los contábamos como eran, como los decía Calvino: si el lobo se comía a la oveja, así había que relatarlo. Pero el juego nos permitía tomar distancia, cuando emocionalmente era necesario, de ese material. Y siguió siendo así para mí."
En 1987 la invitación de Kive Staiff de hacer algo en el San Martín significó un nuevo desafío: pasar de la calle a la sala. "Llevamos toda la energía de la calle y la pusimos a trabajar en un juego de gran despliegue. Creo que al principio era como querer todo -agrega con una sonrisa-. "Las equivocaciones de la comedia", por ejemplo, tenía trapecios, aparatos que se trasladaban, mucho trabajo de luces y un ritmo de vértigo. "Alan en Vulcania", acrobacia, recursos escénicos de la Comedia del Arte, muchos cambios y también ese ritmo; "La increíble historia de un tacaño", en 1990, fue más ambiciosa todavía, con bailes, cambios de escenarios, escenografía móvil: era como si quisiera utilizar todos los recursos que la sala me ofrecía. Y como buenos callejeros, la música iba en vivo. Vistas desde la perspectiva del tiempo -dice con una sonrisa- tal vez hayan sido muy grandes, casi exageradas."
"Cyrano", en 1992, marcó el equilibrio, la madurez, la síntesis que afortunadamente en algún momento llega. "Luego de hacer en el Alvear "El collar de Perlita", una obra que quiero mucho porque me significó volver a escribir algo mío y porque pude ver que funcionaba esta idea de capturar la esencia del tango para los chicos, volví al San Martín con "La Tempestad"".
"Con "La tempestad" -sigue- se produjo esa alquimia que uno se pregunta si alguna vez logrará. Fue algo muy fuerte. Trabajar con Los Cuatro Vientos fue parte de esa magia: se produjo una conjunción impactante. A mí me impresionó ese éxito arrollador de público con tres temporadas a sala colmada. Y viajamos con la obra a muchos lugares, en América y en Europa."
"El violinista en el tejado" ocupa ahora su tiempo con los ensayos en el teatro Broadway.
"La obra presenta conflictos generacionales, el problema del desarraigo, gente que tiene que irse. Algo que nos pasa a nosotros hoy. Y bueno, estreno y me voy a Portugal por ocho meses. Después veré. No es que abandone mi país. No cierro puertas. Aquí recibí todo esto que me permite ser valorado afuera, aquí me hice y tengo mi familia de origen. Pero ésta es una oportunidad, un nuevo desafío."



