Humor grotesco con alusiones a la realidad
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"Siempre lloverá en algún lugar", de Manuel Maccarini. Intérpretes: Lorenzo Quinteros y Pablo De Nito. Música: Rick Anna. Escenografía y vestuario: Carlos Di Pasquo. Dirección: Mauricio Minetti. En El Doble.
Nuestra opinión: bueno.
Dos hermanas viven encerradas en su casa, casi aisladas del mundo exterior. Sólo recuerdan el pasado y rescatan del presente un tiempo caótico, violento, que les produce tanto temor. Por este motivo, la mayor, Clotilde, ni siquiera se anima a salir a la calle. Pero este planteo tiene su contrapartida.
El texto de Maccarini aporta más datos a la historia familiar. La misma Clotilde estuvo enamorada de un revolucionario y creyó en otros valores. Pero hoy nada de eso queda, sólo un pasar económico acomodado y miles de fábulas por inventarse (en donde entran la política, la economía y hasta el sexo), que serán en definitiva las que permitirán seguir viviendo.
Un juego con sutilezas
"Siempre lloverá en algún lugar" recurre a una estructura común en el teatro argentino contemporáneo: dos personajes encerrados en un ámbito están pendientes de un exterior que los acosa.
Pero Manuel Maccarini juega ingeniosamente una trama en la que se mezclan elementos del grotesco con un humor desfachatado, trasviste a los intérpretes y hace hablar a esas mujeres en un lenguaje cargado de tecnicismos económicos, tornándolas patéticas, a veces; ridículas, otras; extrañas por momentos, y siempre queribles.
En un espacio kitsch, diseñado por Carlos Di Pasquo, se afianza el clima en el que viven estas mujeres. El dominante rosa en la escenografía que resulta molesto al principio termina siendo magnífico.
El director Mauricio Minetti apuesta a sus actores y con ellos crea un juego teatral muy singular donde predominan las sutilezas.
Lorenzo Quinteros crea a una Clotilde contenida en lo formal. Todo en ella es muy preciosista y a la vez demuestra tener una gran picardía - donde por momentos está claro que es del personaje y en otros del intérprete-, pero de una extravagancia cercana al delirio.
Pablo De Nito, en contraposición, realiza un trabajo más hacia afuera. Su dibujo es de líneas más gruesas y sus actitudes, más desenfadadas. Pero hay rigor también en lo suyo, como lo demuestra la escena en la que su voz va cambiando. Así, las relaciones entre ambos se potencian todo el tiempo, juegan a fondo y valorizan mucho el material con el que trabajan.
"Siempre lloverá en algún lugar" es de esos espectáculos muy acabados, pequeño en su dimensión dramática, pero grande en tanto apuesta al teatro y a documentar aspectos de una sociedad casi enferma de poder. El espectador, sin duda, saldrá reflexionando sobre ciertos valores con los que se imponen algunos hombres y mujeres en la Argentina.



