
Intensidad y magia en un show de clowns
La propuesta lúdica y onírica de Slava conmueve y deja al espectador con innumerables imágenes bellas
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Slavas´s Snowshow. Creador: Slava Polunin. Diseñador de puesta en escena: Victor Plotnikov. Dirección: Víctor Kramer. Clowns: Slava Polunin, Elena Ushakova, Dereck Scout, Tatiana Karamysheva, Ivan Polunin, Artem Zhimolokhov, James Smithies, Oleg Sosnovikov y Fyodor Makarov. Técnico de escenario: Dimitry Ushakov, Jean-Luc-Guy Francois Delove. Técnico de luces: Alexander Pechersky. Técnico de sonido: Rastyam Dubinnikov. Company Manager: Anna Hannikainen. En el Teatro Opera (Corrientes 860). Funciones: de miércoles a viernes, a las 20,30; sábados, a las 18,30 y 22,30; domingos, a las 18 y 21,30. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
El clown ruso Slava Polunin se presenta por primera vez en Buenos Aires y lo hace con una experiencia que ya ha recorrido buena parte del mundo. Al cabo de una hora, Slava y su compañía proponen una serie de situaciones que no resultan fáciles de definir. Sus tramas son complejas porque aparentan ser fragmentos desordenados de unos sueños en los que la potencia de la imagen es mucha; los personajes se relacionan con suma intensidad y la inquietud que dejan es lo suficientemente interesante como para, en un comienzo, intentar una lectura lineal. No tiene sentido hacerla, es mejor dejarse llevar, cargarse con esas imágenes. Cuando los sueños son bonitos, algo de quietud dejan en el cuerpo y la necesidad de recuperarlos en la memoria, una y otra vez, es una constante que no debe desperdiciarse.
En síntesis, hay que participar del juego que arma esta compañía. Relacionarse con una tela que irá deshilachándose mientras avanza sobre la platea, con unas pelotas gigantes que saldrán del escenario, aceptar que nos moje el agua que irán derramando los payasos mientras avanzan caminando por las butacas y, finalmente, dejarse invadir por la nieve que, en el cierre del espectáculo, nos posibilitará salir cargados de una fascinación especial. Todo lo que ha sucedido combina la irrealidad con la maravilla; hay espacio para la admiración y la reflexión. Los niños observan la propuesta con un interés difícil de calificar.
El mundo interior de Slava es muy potente; su clown tiene mucha picardía y ternura a la vez, y el grupo que lo acompaña demuestra no sólo una fuerte adhesión al juego, sino que, además, cada uno deja una huella en la imaginación del espectador. El vestuario les aporta una personalidad particular y sus gracias no poseen grandes dimensiones, pero, aun así, son reconocibles.
Luces y sonido
Y si las imágenes que provienen de la escena tienen una gran fuerza, debe destacarse un riguroso trabajo de iluminación y una muy equilibrada construcción de esas imágenes que, en la percepción de la platea, llegarán a conmover porque generalmente están acompañadas de una música particular. En este sentido, la banda sonora es muy ecléctica: temas muy clásicos y otros muy contemporáneos y de distintos países operarán sobre la sensibilidad de quien observa y lo arrastrarán a un campo de fantasía sumamente agradable.




