
"La burocracia es desgastante"
Sergio Renán dijo a LA NACION que, entre otras razones, renunció porque se cansó de suplicar para que cada función se hiciera
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Mientras revisa los recortes con los principales artículos publicados en los diarios que comentan su tercer alejamiento del Teatro Colón, Sergio Renán se permite una broma. "Tengo que empezar a embalar mis cosas otras vez, pero para mí ya es una tarea fácil, porque estoy acostumbrado", dice mientras señala las fotos, discos y libros que pueblan su despacho, ubicado en la esquina del Colón que da a Cerrito y el pasaje Toscanini.
De todas formas, Renán no esta feliz por haber decidido renunciar al cargo de director general artístico, que había asumido en agosto de 1999, con un contrato que se extendía hasta diciembre de 2003.
A lo largo de la entrevista con LA NACION ofreció un cúmulo de razones que lo llevaron a tomar esta decisión, las que se sumaron al límite cierto que le impone su salud acotada luego de haber superado una pancreatitis aguda, que lo tuvo al borde de la muerte. Los problemas con la burocracia, el dolor por las críticas ("recibí más en un año y tres meses que en toda mi gestión anterior de siete años y medio"), la perspectiva cierta de una restricción presupuestaria son algunas de las gotas que colmaron el vaso.
-¿Cuándo y por qué comenzó a madurar su idea de dejar la dirección del Teatro Colón?
-Creo que, como ocurre con las separaciones, todas tienen su punto de saturación que funciona como desencadenante, pero hay una serie de hitos, todos los cuales tienen que ver con algo básico, que es que, para mi temperamento, dirigir supone una enorme dificultad. Por ejemplo, percibí que la dirección a mi cargo, aun -por mi decisión- circunscripta específicamente a lo artístico, necesitaba de una serie de instancias posteriores que convertían de hecho las supuestas decisiones casi en "puntos de vista". Eran propuestas que en la gran mayoría de los casos eran llevadas a cabo, pero con gran desgaste, consecuencia de una burocracia en la que no sólo el Colón sino la Secretaría de Cultura se veían afectados, lo que hace muy difícil su desenvolvimiento. Y hace casi imposible que un teatro lírico, que requiere un manejo de los tiempos diferente, pueda tener un funcionamiento lógico. Cuando el Colón era un organismo descentralizado, esto se podía resolver. Ahora es tal la maraña burocrática que constantemente se vivieron situaciones de mucha tensión. Así, los contratos no firmados estaban en alguna dependencia que había que rastrear y para que una función se hiciese se terminaba suplicando que apareciera esa firma clave.
-¿Esto ocurrió varias veces?
-Sí. Hubo dos o tres hechos como el de (Samuel) Ramey en "Attila" o Frederica von Stade en "La viuda alegre", en los que arreglos conocidos por todas las instancias a las que me refiero y que habían sido acordadas inicialmente y con muchos meses de anticipación no se cumplían cuando llegaba el momento. Los cantantes terminaban amenazando con no hacer la función si no se les pagaba. Esto produjo ese mecanismo de privilegio de la figura internacional por sobre la local, como consecuencia del escándalo internacional que puede suponer el levantamiento de una función. Y por el hecho cierto de que se trata en un caso de gente que viene y se va y otra con la que se tiene una relación cotidiana. Todo esto en mí fue operando de manera terrible. Porque si bien estaba claro que mis funciones no involucraban las decisiones administrativas, gremiales y económicas, finalmente, el cantante, el bailarín o el músico que no cobran es algo que en el principio fue determinado por mí, al haberlos convocado. No puedo evitar sentir vergüenza por la situación. Pero todo eso, a un tipo con amor propio, lo destruye. Yo soy acusado de autoritario y quizás en alguna medida lo sea, pero no creo que mi demanda de espacio de operatividad sea excesiva. Porque no sólo le pasa al Colón, sino que creo que en alguna medida le ocurre lo mismo a la Secretaría de Cultura. Por lo tanto, hasta que no se reestructure la relación del Colón con el Gobierno de la Ciudad, los que dirijan el teatro y el secretario de Cultura tendrán muchos problemas para el funcionamiento normal, más allá del tema económico.
-¿En cuánto influyeron la críticas que le llegaron durante el prolongado conflicto con los trabajadores del Colón y el llamado a la interpelación de la Legislatura porteña?
-En un camino artístico como el que yo elegí, está claro que las leyes de juego indican que en el cine, el teatro o la ópera las cosas que yo haga pueden ser objeto de la crítica. Pero esto forma parte de una elección tomada en la adolescencia, para la que estoy preparado. En cambio, no lo estoy para la cantidad de imputaciones, de difamaciones y comentarios injuriosos de que fui protagonista durante este año y tres meses, a pesar de haberme desprendido de los aspectos administrativos. Tenía conciencia, no la suficiente, de que el país había cambiado y de que había un espacio para la mala intención.
-¿Usted no quiso asistir a la interpelación?
-Bueno, mi ausencia fue consecuencia de una decisión del secretario Jorge Telerman. Yo, con toda la furia e indignación del mundo, estaba dispuesto a ir.
-Pero, ¿cuál es el problema de asistir a una interpelación?
-Explicar lo que hago es justo y correcto, pero no es consecuencia de una abstracción. No es decir "señor Renán, ¿qué es lo que usted está haciendo?" Es la consecuencia de suspicaces comentarios, formulados, en muchos casos, de mala fe, y en otros, como consecuencia de la más profunda ignorancia.
-Uno de los puntos que se le cuestionaban era el de sus viajes al exterior.
-Es obligación, para un director de un teatro de ópera, estar vinculado con el mundo internacional de la lírica. Por cierto, el viaje que hice cuando se realizó la interpelación fue para llegar a un acuerdo con Plácido Domingo y la Opera de Los Angeles . Y éste es, quizás, el hecho más traumático de mi gestión, un acuerdo que, debido al requerimiento de instancias posteriores locales, se postergó hasta volverse imposible. Yo había acordado algo con Domingo que no pude cumplir porque, cuando llegaron las respuestas aquí, ya era tarde. Esa impotencia frente a los tiempos que requiere el teatro me fue minando las ganas.
Con respecto a la interpelación, Renán agrega: "Había leído entre los considerandos que querían saber si había una persecución hacia los artistas argentinos y latinoamericanos. Justo en esta temporada, en la que se produce el debut de dos argentinos de la importancia de Alfredo Arias y de Gabriel Garrido. Y las tres mujeres de los "Cuentos de Hoffman" fueron Virginia Tola, Adriana Mastrangelo y Laura Rizzo, que, como consecuencia de haber cantado aquí, fueron contratadas para la Opera de París. Y el "Orfeo" de Monteverdi lo cantó Víctor Torres, y la Adalgisa de "Norma", Cecilia Díaz. Todo esto revela un nivel muy alto de ignorancia de parte de quien realiza ese tipo de preguntas, que en verdad son ataques.
-¿La dinámica del Colón no permite que se dividan las tareas artística y general?
-La visión por la cual el Teatro debe tener una conducción como la que yo ejercí entre 1989 y 1996 no creo que sea una verdad absoluta. Están los casos de la Scala y el Metropolitan, que tienen una responsabilidad compartida, por ejemplo. Tal vez sea posible que nuestro medio determine que es mejor un director que dos, pero no creo que sea una verdad consagrada.
-¿No pensó, entonces, asumir usted el doble rol nuevamente?
-Yo tenía en claro que mi episodio de salud fue consecuencia del stress que viví en el Colón. A esta altura de los hechos, estaba claro que de ninguna manera podía asumir las responsabilidades que tenía antes. Creí, equivocadamente, que lo mejor era acotar mi responsabilidad a la determinación de la programación y a la Revista del Teatro Colón como única cosa fuera de lo que pasaba en el escenario. De hecho, tuve una serie de cláusulas muy puntualmente establecidas sobre cuáles serían mis responsabilidades. Aun así, los hechos evidencian que me equivoqué y que mi amor propio muchas veces se sintió agredido. Esa hostilidad que recibí de distintos sectores y, sobre todo, las sospechas con respecto a posibles manejos sucios en lo económico, sobre áreas en las que no tuve nada que ver, me dolieron.
-¿Se refiere a la situación con el monto de su contrato?
-Lo del contrato no era imaginable cuando empezó a difundirse esa ridiculez, y me entero de que periodistas bastante serios se hacían eco del disparate... Esto es la consecuencia de la ignorancia de qué es lo imaginable para el Colón. Mi arreglo fue considerablemente inferior a lo que yo aspiraba, y aun cuando el Gobierno de la Ciudad hizo público el contrato, aun así se creía que había algo por atrás. No puedo soportar la maledicencia, el cinismo. Eso me destruye tanto como escuchar a un cantante que yo elegí dando una nota desafinada. Los cuestionamientos acerca de mi honorabilidad no forman parte de la vida que elegí. De todos modos, eso ocupaba un eje que hace rato que no se menciona, porque el odio, en el caso gremial, se desplazó hacia el director administrativo, Pablo Batalla.
Mala sangre
Se reconoce como orgulloso, un tanto autoritario y, también, cansado. Entre otros de los tragos amargos del año, cuenta las críticas recibidas por los costos de producción de "Lady Macbeth de Mtensk", que dirigió Mstislav Rostropovich y cuya puesta multimedia tuvo a su cargo. A pesar del éxito de público y crítica, se indigna porque "si bien la ópera fue programada durante la gestión de Ovsejevich, primero, y de Montero, después, y si bien finalmente no cobré cachet -dice-, aun así no puedo evitar que se siga preguntando cuánto costó".
Según Renán, "la suma de todas esas cosas, haber recibido más cuestionamientos en un año y tres meses que en siete años y medio, a un tipo como yo le quitó la alegría del trabajo. Tengo la convicción -agrega- de que la temporada que pasó es una de las mejores que planeé, y para mucha gente fue excelente. Estoy orgullosísimo de eso, pero esto no nivela lo que es, literalmente, la mala sangre. Me vengo haciendo chequeos con resultados catastróficos, y se vinculan directamente con mi trabajo en el Colón", concluye.
Directores del Colón
1989: Sergio Renán (general y artístico).
1996: Kive Staiff/ Miguel Angel Veltri.
1998: Staiff/ Gerardo Gandini.
1998: Luis Ovsejevich/Sergio Renán/ Gandini.
1998: Ovsejevich/ Mario Perusso.
2000: Juan Carlos Montero/Perusso.
2000: Sergio Renán/Enrique Fazio.
2001: Renán/Pablo Batalla.
2002: Emilio Basaldúa.
Más ballet
- Además de confirmar los títulos líricos de la temporada 2002 adelantados ayer por LA NACION (incluido "El diálogo de las carmelitas", de Poulenc), Sergio Renán señaló que también piensa dejar armada la programación del ballet para el Colón. El renunciante director general artístico indicó que hay preparada una temporada de abono de siete funciones que incluyen una presentación en el país del célebre Ballet de la Opera de París y la actuación como solistas de Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Alessandra Ferri e Iñaki Urlezaga, entre otros, en diferentes espectáculos a cargo del Ballet Estable.


