
La clara acidez de la comedia costumbrista
La televisión nuestra de cada día -la que se emite a la hora de la cena en alguno de los canales líderes de audiencia- nos acostumbró a una forma edulcorada de comedia costumbrista. Sin embargo, esa no es la característica esencial del género, que como sustrato del material que despierta la carcajada guarda una mirada ácida sobre la realidad social de una época, a veces más reveladora que cualquier informe sociológico.
Esa transparencia es la que consigue la obra Es un sentimiento, de Bernardo Cappa, que sube a escena, los sábados, a las 22.30 en Andamio 90. La violencia en el fútbol aparece incluida en esta pieza dentro de una trama compleja, de la que forman parte, entre otras cosas, la aceptación social de estas prácticas, el deterioro de la situación económica en general -que deja a las clases menos pudientes a merced de los manejos de las dádivas y prebendas que reparten los punteros políticos- y el valor que adquiere, en un imaginario de virtudes varoniles mal entendidas, una lealtad hacia el grupo de pertenencia que pierde conciencia de todo humanismo y civilidad.
Un emigrado que vuelve tras diez años al país, de paseo con su novia sueca, noruega "o de por ahí" (parafraseando a una publicidad de lustramuebles) y quiere pasar con su familia un domingo de asado, truco y fútbol. Esa es la excusa dramática para ver una realidad en la que nuestras costumbres tradicionales causan gracia y afecto, y las causas profundas de algunos males que padecemos aparecen claramente. Mucho más que en algunos análisis académicos.




