La Corte del Faraón
Una puesta sencilla pero atractiva, con un numeroso aunque ecléctico elenco
1 minuto de lectura'

Libro: Guillermo Perrin y Miguel De Palacios / Música: Vicente Lleo / Versión: Claudio Gallardou / Intérpretes: Julian Pucheta, Ricardo Bangueses, Mirta Arrua Lichi, Florencia Benitez, Federico Moore, Santiago Sirur, Ana Fontan, Alejandro Paker, Lucas Arbues, Penelope Bahl, Maia Barrio, Victoria Condomi Alcorta, Javier Cortese, Giselle Dufour, Bruno Lazzaro, Brian Mancini, Clementina Marti, Alfredo Martinez, Estefania Milne, Carlos Perez Banega, Maria Ines Portela, Lucia Pujadas, Emiliano Rodriguez, Karina Saez, Martin Selle, Pablo Vanella, Rodrigo Villani y Georgina Zaglul / Hoy la actuación especial de: Mariano Chiesa / Coreografía: Dario Petruzio / Escenografia y Vestuario: Hernán Salem / Dirección coral: Gabriel Giangrante / Producción: Martin Acidiacono / Dirección general: Facundo Abraham / Sala: El Cubo, Zelaya 3053 / Funciones: Lunes, a las 20.30 / Duración: 100 minutos / Nuestra opinión: Buena
Para regocijo de los fanáticos del género, una vez más se puede ver La Corte del Faraón en un escenario de Buenos Aires. Esta puesta de la popular opereta bíblica, cuyo libro original pertenece a Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, se basa en la adaptación libre de la obra homónima realizada por Claudio Gallardou. Vale recordar que el actor y director montó su versión en 2004 con un elenco integrado, entre otros, por Horacio Fontova, Sandra Guida y Roxana Fontán. Esta vez, la obra, cuya música original es de Vicente Lleó, se ofrece en una suerte de "versión libre para el bolsillo", tal como reza el programa de mano. Esta definición habla de las limitaciones de producción con las que cuenta la puesta, pero que no invalidan sus méritos.
Estrenada en Madrid, en 1910, se la considera una zarzuela sicalíptica. La picardía de sus parlamentos y las connotaciones sexuales de la historia fueron los argumentos que se esgrimieron para prohibirla en la época del franquismo.
Todo comienza con la llegada del general Putifar, héroe de gran valor que será premiado con la hermosa Lota. La boda con la doncella, que debería alegrar al militar, lo sume en una serie de complicaciones, dado que en la batalla ha perdido su miembro viril. A su vez, dos edecanes compran como regalo de casamiento al Casto José (inspirado en la figura bíblica), quien deberá luchar para no perder su condición ante el deseo erótico de las mujeres.
La Corte del Faraón es una revista lírica atípica, en tanto su trama no se desarrolla en un espacio tradicional español, sino en Egipto, y no toma elementos históricos ibéricos. La puesta, que no cuenta con un gran despliegue escénico ni una orquesta que respalde los pasajes musicales que conforman el corazón de la obra, se ampara en un buen diseño de luces y vestuario. Y, sobre todo, en la capacidad interpretativa de su numeroso elenco integrado por 26 actores y cantantes, del que se destacan Mirta Arrúa Lichi (Reina), Santiago Sirur (Casto José), Julián Pucheta (Presentador), Ana Fontán (Sul) y Florencia Benítez (Lota). En una participación especial, se luce Alejandro Paker (Joshué).
El director Facundo Abraham se arriesgó al montar una obra que requiere de una infraestructura de producción mayor. Sin embargo, sale airoso al dotar a esta versión de toda la frescura que exige el material. El pianista Matías Chapiro se pone sobre sus espaldas toda la responsabilidad musical y lo hace con solvencia. Su solitario piano acompaña gratamente cada una de las escenas. Las coreografías del muy experimentado Darío Petruzio son correctas, aunque algunas escenas se ven poco estilizadas. Entre tanto, la dirección coral de Gabriel Giangrante permite el lucimiento de un elenco en el que no todos cuentan con las mismas herramientas vocales. En este sentido, sobresalen la voz y la gracia de Mirta Arrúa Lichi. Ana Fontán, por su parte, hace tararear a la platea con "Ay, Ba", la famosa canción con aire de cuplé que identifica a la obra. A pesar de ciertas falencias interpretativas, la propuesta permite pasar un momento agradable al espectador que busca reencontrarse con el humor pícaro de esta pieza popular del repertorio español.



