“La cultura está en terapia intensiva”: el día que Pinti y Alcón salieron a protestar y abrieron el camino para una ley que rige hasta hoy
Hace treinta años, los actores organizaron una sentada frente al teatro San Martín para defender la actividad; el reclamo de ese entonces encuentra eco hoy en las críticas a la derogación de una norma que protege a las salas y a la “virtual parálisis” del Instituto Nacional del Teatro
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Hace tres décadas la comunidad teatral puso a prueba su propia capacidad organizativa en defensa del sector. Lo hizo de una manera sumamente creativa como, a juzgar por sus efectos, efectiva. En abril de 1995 hubo un multitudinario acto en la puerta del Teatro San Martín que detuvo el tránsito en la avenida Corrientes. “Los artistas se ponen de pie y lo hacen con una sentada”, fue la consigna de aquella movilización que contó con la participación de una multitud de creadores del teatro y de la cultura en tiempos de la primera presidencia de Carlos Menem.
Al año siguiente, el 17 de junio de 1996, en la Manzana de las Luces hubo otro acto. Se lo presentó como una “fiesta, baile y regocijo con motivo de la Tercera Refundición de la Ciudad de Buenos Aires”. Su maestro de ceremonia fue el gran Enrique Pinti, que aparecía vestido como un virrey y apelando a uno de sus típicos monólogos de humor político. La acción en el histórico edificio se realizó semanas antes de las elecciones porteñas. Por eso mismo estuvieron la mayoría de los candidatos, a los que se les entregó un documento con las demandas del sector.

En aquel acto de la Manzana de las Luces, la directora Alejandra Boero, figura clave del teatro independiente, leyó el listado de salas que habían cerrado en el último tiempo. Por cada espacio que había bajado su telón se soltó un globo que se perdía en el cielo de la noche. Ambas acciones fueron claves para las organizaciones teatrales en eso de ejercitar su musculatura organizativa y pasar de los escenarios y asambleas a circular por los pasillos del Congreso para tomar contacto con legisladores y aquellos que ocupaban cargos en el Ejecutivo.
Unos 30 años después, todo aquel movimiento de la comunidad teatral defendiendo a la actividad tiene sus ecos en la actualidad ante la iniciativa del Ejecutivo de derogar la ley que estipula que, si un propietario demuele una sala teatral tiene la obligación legal de construir una nueva, medida resistida incluso por los mismos dueños de salas; y por el Instituto Nacional del Teatro, organismo de fomento a la actividad escénica que depende del gobierno central, que es duramente criticada aun por los representantes regionales que integran su Consejo de Dirección.
Una sentada y una nueva “refundición” de Buenos Aires
A tantos años de aquellas acciones se acaba de publicar el libro La escena insumisa/Historias de las luchas para la sanción de Ley Nacional del Teatro, de la editorial Leviatán. La investigación de este material fue realizada por el doctor en arte e investigador Sergio Dante Spinella. Según señala el trabajo, la sentada en la puerta del San Martín “marcó un punto de inflexión en una lucha de casi medio siglo: la batalla para conseguir un marco legal que protegiera y fomentara la actividad teatral en la Argentina”. Y agrega datos de estos tiempos: “Las políticas de ajuste y reducción del gasto público que caracteriza al gobierno iniciado en diciembre de 2023 han vuelto a colocar en jaque la supervivencia de las instituciones culturales, reavivando debates que parecían definitivamente saldados”.

La movida en la puerta del San Martín la organizó el Movimiento de Ayuda al Teatro (MATe) que presidían Boero, Roberto Cossa y Eduardo Rovner; junto a la Asociación Argentina de Actores, Argentores, las agrupaciones del circuito alternativo y demás entidades. Según la crónica de LA NACION de ese entonces, ya a las 18 el tránsito de la avenida Corrientes estaba cortado. La voz grabada de apoyo al reclamo por parte de Ernesto Sábato fue aplaudida por los miles de actores, directores, dramaturgos, gestores y representantes de la cultura. Entre ellos estaban figuras como Alfredo Alcón, Leonor Manso, Iris Marga, China Zorrilla, Carlos Carella, Griselda Gambaro, María Rosa Gallo, Inda Ledesma, Carlos Gorostiza, Eduardo Pavlovsky, Carlos Rottemberg, Cipe Lincovsky y Enrique Pinti, entre tantos otros. Muchos de ellos habían sido parte de la legendaria primera versión de Teatro Abierto, la manifestación cultural contra la dictadura de mayor peso. Un volante circulaba entre los presentes. Decía: “La cultura se muere. Sentémonos juntos y en silencio para que nos oigan”.
Durante el acto se leyó un manifiesto: “Políticos: basta de verso, llegó el tiempo de la poesía. Los artistas nos sentimos defraudados por la falta de interés real de los partidos, sus líderes y sus asesores en el tema cultural”. Varias figuras dejaron sus testimonios a la prensa. “Estoy acá porque la cultura está en terapia intensiva, así como las otras cosas del país”, señaló Cipe Lincovsky. “Un pueblo que no tiene manifestaciones artísticas es un pueblo que nadie tiene en cuenta”, apuntó Luis Brandoni. A las 20 se cantó el Himno Nacional y concluyó la multitudinaria acción colectiva.
Según señala el libro, luego del éxito de la “sentada silenciosa” entró en juego Pacho O’Donnell en su doble rol como representante del sector y secretario de Cultura de Menem. Fue él quien insistió a los promotores del movimiento teatral a que comenzaran un largo peregrinaje por los pasillos del Congreso para apurar la aprobación de la esperada Ley Nacional del Teatro que iba de un cajón a otro.

La segunda acción de peso fue al año siguiente, en junio, en la Manzana de las Luces. Tuvo lugar a pocos días de las elecciones porteñas. Estuvieron Alfredo Alcón, Roberto Cossa, Laura Novoa, Lito Cruz, Lorenzo Quinteros, Leonardo Sbaraglia y Alberto Segado, entre otros tantos artistas; y varios de los postulantes al cargo de intendente porteño. “Enrique Pinti cuerpo visible a la cabeza del acto, inició el programa con su desopilante estilo capaz de ironizar sin herir sobre los más típicos contubernios autóctonos. Así presentándose como candidato a la usanza local prometió limpiar el Riachuelo en 1000 días y erradicar la humedad además de despotricar, ‘como corresponde, contra la gestión anterior que nos dejó sin un peso’”, contó la crónica de LA NACION.
A la acción le pusieron la voz y el canto Susana Rinaldi y Teresa Parodi mientras que Virginia Lago, María Rosa Gallo y la Murga de Vecinos de Catalinas Sur se sumaron a la iniciativa. A cada candidato a intendente se le entregó un plan de acción para los teatros oficiales, los comerciales y los espacios alternativos. Como parte de esta acción que también copó los balcones del patio del centenario edificio, Boero recordó el nombre de todos los teatros que se cerraron en los últimos años. Por cada nombre soltaba un globo al cielo rubricando el compromiso del MATe de no dejar que estas acciones vuelvan a repetirse.
Aquellas dos acciones terminaron dando sus frutos: en 1997 se promulgó la Ley Nacional del Teatro que implicó la creación del Instituto Nacional del Teatro, organismo clave para el fomento del circuito independiente de todo el país.
Los ecos actuales
A 30 años de aquellas acciones el campo teatral vuelve a expresar su estado de alerta. Hace unos días, la Cámara de Diputados aprobó la llamada ley Hojarascas. Entre tantas medidas, el proyecto incorpora la derogación de la ley N°14.800, promulgada en 1959 a partir de la reacción del sector teatral ante la demolición del viejo Teatro Politeama. La norma declara de interés nacional a la actividad teatral en todas sus formas y establece que si un propietario demuele una sala de teatro, está legalmente obligado a construir en el mismo predio un nuevo edificio con características similares. Cumpliendo con esa norma es que en 2022 Juan José Campanella y sus socios abrieron el nuevo Politeama en el mismo terreno de Corrientes y Paraná.
La propuesta del Ejecutivo de derogar la ley bajo el argumento de dejarla sin efecto implicaría un avance en el proceso de desburocratización que viene cosechando el rechazo de diversas entidades ligadas a la actividad teatral, desde la Asociación Argentinas de Actores (“eliminar la ley es un ataque deliberado hacia nuestro sector”) a Artei, que nuclea a las salas alternativas, entre otras. Hasta cuenta con el rechazo de Aadet, la cámara que agrupa a los dueños de las salas que, a priori, serían sus beneficiarios.

La postura la dejó en claro en una reunión que tuvo lugar en el mismo Congreso Sebastián Blutrach, presidente de Aadet y dueño del Teatro El Picadero. “En Aadet somos 180 productores de todo el país y los dueños de los teatros en la Argentina. En teoría, esta ley [por Hojarascas] debería beneficiar a nosotros porque, al quitar la restricción al dominio, nuestros edificios valdrían más [...]. Pero a los que pretenden beneficiar, que son los dueños de sala, no fuimos consultados ante este intento de derogar esta ley ni estamos de acuerdo con que esta ley se derogue”, sostuvo.
“Gracias a esta norma se conservaron muchas salas, se evitó la desaparición masiva de teatros y se consolidó un circuito teatral privado dinámico y sostenible que genera valor económico, empleo, desarrollo de capital social y soberanía cultural […]. La propia ley declara de interés a la actividad teatral, estableciendo que su preservación no es una cuestión sectorial, sino un objetivo estratégico. Sostener la ley 14.800 es sostener trabajo, inversión, producción cultural y un entramado que posiciona a la Argentina como referencia internacional en artes escénicas”, señaló durante su exposición el experimentado gestor. En la actualidad, el proyecto pasó al Senado en donde tiene que ser tratado en comisiones.

Aquellas acciones de hace 30 años aportaron su impulso para la sanción de la Ley Nacional del Teatro (N°24.800), en 1997, que creó el Instituto Nacional del Teatro, organismo estatal dedicado a “promover y potenciar el desarrollo de la actividad teatral en todo el territorio nacional, priorizando el teatro independiente, comunitario y vocacional”. Desde que asumió el actual gobierno de Javier Milei hubo varios planes referidos al INT que, sistemáticamente, contaron con el rechazo de la comunidad por entender que se desvirtuaba su funcionamiento. Por su parte, el Congreso Nacional votó el rechazo al decreto 345/2025 que introducía nuevas pautas de mecanismos internos.
El funcionamiento actual del INT, que preside Federico Brunetti, continúa siendo objetada por el sector. “El INT atraviesa una virtual parálisis como consecuencia del brutal desfinanciamiento por parte del gobierno nacional quien, el año pasado, le quitó al instituto más de 5000 millones de pesos que por ley le correspondían. En el transcurso de este ejercicio no han hecho avanzar ningún expediente y apenas fueron pagando a cuentagotas deudas de otros años”, apunta un reciente comunicado de Artei.
Por su parte, ayer, los representantes consideraron urgente formalizar los llamados a concursos para cubrir los cargos de representantes provinciales que vienen reclamando desde julio de 2024. En la actualidad, detallan, siete provincias se encuentran sin sus representantes. “Esta situación de precariedad en la representación que prevé la ley pone en riesgo la continuidad del funcionamiento del Consejo de Dirección”, detallan en un comunicado que dieron a conocer por las redes sociales.
“A todo lo expuesto, se suma el complejo contexto que nos ha dejado un debilitamiento del estado presupuestario, resultante de la ejecución del ejercicio 2025, que condiciona la proyección de las acciones para 2026″, agregan los representantes regionales y provinciales del Instituto Nacional del Teatro.
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