La niña vergüenza: dulzura y poesía frente al horror

Jazmín Carbonell
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20 de septiembre de 2019  

La niña vergüenza

Nuestra opinión: muy buena

Libro: Manuela Amosa. Dirección: Tamara Kiper. Intérprete: Manuela Amosa. Teatro: Timbre 4, México 3554. Funciones: sábados, a las 20.30, y domingos, a las 19. Duración: 55 minutos.

Un texto que urge, que tiene la necesidad de ser contado. Así parece ser la génesis de La niña vergüenza, escrita y actuada por Manuela Amosa y dirigida por Tamara Kiper. Un equipo profundamente femenino que, como dijo alguna vez la poeta Diana Bellessi, se atreve a hablar de "esa universalidad que reposa en la diferencia", aunque aquí valdría agregar que se trata de una diferencia que se funda en el maltrato y la violencia.

Esta niña protagonista no tiene nombre, es apenas una persona que su mera existencia da vergüenza, por su origen, por lo que representa. Resuena entonces la dramaturgia de Griselda Gambaro, se filtra esa idea de la identidad como un privilegio en este texto bello, sensible, profundo y con un universo poético cargado que compuso Amosa. "Mi mamá no me puso nombre", dirá casi a modo de presentación esta paria social. Y de a poco, y como puede contarlo, se irá comprendiendo toda su historia. Confinada y escondida en el almacén de su tío-padre, esta niña es fruto del abuso de este hombre para con su madre que en lugar de cuidarla la ultrajó.

Dirigida por Tamara Kiper, este texto cobra teatralidad, se vuelve tridimensional a través de distintos juegos escénicos con elementos cotidianos, quizá los que esta pequeña tuvo a su alcance y se convirtieron en los únicos juguetes posibles; así se conjuga la inocencia de la niñez, esa dulzura que la actriz expone y que le permite jugar como un infante, con la dureza y el espanto de tener que crecer y hacerse fuerte a las apuradas por el dolor y el desamparo.

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