Los martes orquídeas: una exquisita puesta en escena de teatro clásico nacional

Un gran mérito tiene el trabajo de dirección de Lía Jelín
Un gran mérito tiene el trabajo de dirección de Lía Jelín Crédito: Centro Cultural 25 de Mayo
Carlos Pacheco
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28 de junio de 2018  

Los martes orquídeas / Libro: Jorge Maestro, sobre el argumento cinematográfico de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari / Intérpretes: Rodolfo Ranni, Graciela Pal, Felipe Colombo, Candela Vetrano, Ariadna Asturzzi, Florencia Cappiello, Agustina Cerviño, Matías Strafe, Santiago Otero Ramos / Música: Martín Bianchedi / Coreografía: Lucila Sanles / Escenografía: María Oswald / Vestuario: Daniela Taiana / Iluminación: Matías Canony, Mario Gómez / Peinados y pelucas: Fabián Sigona / Director asistente: Matías Strafe / Dirección: Lía Jelín / Sala: Centro Cultural 25 de Mayo, Triunvirato 4444 / Funciones: jueves a domingos, a las 20 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Apoyado en el guion cinematográfico escrito en 1941 por Pondal Ríos y Olivari, Jorge Maestro concibe esta pieza teatral siguiendo de manera muy respetuosa el original. El dramaturgo logra dar forma a un texto que mantiene las cualidades de la época, en su estructura, sus diálogos, el diseño de personajes y sobre todo sosteniendo ese universo romántico que caracterizó en aquel momento a muchas producciones teatrales y cinematográficas.

En el seno de una familia acomodada todo parecería funcionar a la perfección, aunque una de las cuatro hijas del matrimonio que conforman Saturnino y Delfina no logra enamorarse. Elenita es adepta a la lectura de poesía y a escuchar radioteatros. Pasa su tiempo soñando con el amor, pero pareciera estar lejos de encontrarlo. Su padre trama una situación esperanzadora. Le envía, los días martes, orquídeas a su casa, haciéndole creer que quien las manda es un admirador que esconde su identidad.

El juego, que provoca cierta movilización en la familia, pronto se desarticula. Un joven a quien se le encomienda uno de los envíos aprovecha la situación para sacar partido de ella sin darse cuenta de las consecuencias que va a provocar.

La dirección de Lía Jelín fortalece todos los mecanismos necesarios para que la obra se convierta en una muy atractiva muestra de teatro clásico nacional. Sostiene de manera efectiva una pieza costumbrista con guiños al melodrama, al cine mudo y a las comedias cinematográficas norteamericanas de aquella década. Los actores se acomodan a sus marcaciones con mucha entrega y Los martes orquídeas adquiere una vitalidad inesperada, que el público reconoce de inmediato. La escena y la platea encuentran una correspondencia notable. Es cierto que ese mundo que se representa es de una ingenuidad notable, pero también lo es el interés con que los espectadores siguen la trama sorprendiéndose continuamente por unas situaciones plagadas de efectos en las que está presente el humor y también la emoción.

El eje no está puesto en Elenita, la protagonista, sino en el mundo familiar. Lo que interesa aquí es dar cuenta de las múltiples lecturas que cada individuo hace de la situación central. Y es así como lo que se impone es una labor de conjunto que apuesta a la historia. Revalorizan el funcionamiento de un grupo que acciona a partir de un objetivo que analizan desde muy diferentes opiniones.

Rodolfo Ranni (Saturnino) y Graciela Pal (Delfina) se mueven en escena con un nivel de relajación y convicción que demuestra no solo la fuerte experiencia que poseen para abordar este tipo de teatralidad, sino que, además, resultan los conductores necesarios para guiar a ese conjunto de jóvenes actores que se toman de la mano de ellos para construir una trama que les exige no solo actuar, sino además, en algunos casos, cantar y bailar. Y todo lo hacen con mucho profesionalismo. Hay rigor en sus trabajos, intenso compromiso. Con algunas labores muy sobresalientes (sus personajes son muy definitorios dentro de la trama) como las de Candela Vetrano (Elenita), Felipe Colombo (Cipriano) o Agustina Cerviño (Elena, la secretaria).

Resultan muy destacados en los rubros técnicos los trabajos de María Oswald (escenografía), Lucila Sanles (coreografía), Martín Bianchedi (música) y el exquisito diseño del vestuario femenino de Daniela Taiana.

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