
Los premios de Les Luthiers
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"Los premios Mastropiero" , con textos, música, arreglos y dirección de Les Luthiers. Colaborador creativo: Roberto Fontanarrosa. Diseño de iluminación: Sandro Pujía. Duración: 87 minutos. En el Gran Rex.
Nuestra opinión: Bueno
Después de casi cuatro décadas, el conjunto humorístico más importante del país presentó en este espectáculo un formato inusual. Se trata de una parodia con una línea argumental que gira alrededor de las ceremonias de entrega de los premios, con la conducción de Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich.
La estructura de los espectáculos de Les Luthiers se caracterizaron por trabajar en dos niveles humorísticos: el lingüístico y el musical. En el primer caso, se indagaba en el lenguaje para conseguir ingeniosos juegos de palabras. En el caso de la música, siempre se trató de la ejecución de instrumentos atípicos que aún sigue brillando por su originalidad.
En este show, la destinataria de los comentarios ácidos es la televisión, instancias en que el grupo descarga una crítica mordaz.
Ya desde el comienzo, se empiezan a nombrar a los ganadores del premio, lo que permite descubrir los insólitos rubros que contempla esta ceremonia. Una muestra es el premio al programa más original de televisión y se termina descubriendo que el sobre está vacío. Así se va develando uno tras otro a los ganadores y es donde las situaciones se reiteran y algunas se tornan previsibles, lo que ralenta la dinámica del espectáculo.
El paréntesis lo ofrecen las canciones que se intercalan, nuevas y de género variado: madrigal caribeño, bossa libidinosa, rock de alabanza, cantata, bolero, dúo de amor, merengue, etcétera, siempre explotando los significados de las palabras o creando extrañas formas sintácticas. Por ejemplo, en el número "Ya no te amo, Raúl", es un bolero para ser interpretado por una cantante porque la temática exige la actuación de una mujer. Por ausencia de ésta, asume el papel Daniel Rabinovich, quien debe cambiar los sustantivos y adjetivos al género masculino mientras canta.
La gran sorpresa es un nuevo instrumento: el alambique encantador, que lamentablemente se utiliza en una sola canción. Son copas que se frotan, y botellas y bidones con líquidos que emiten sonido mediante un émbolo y para el cual se necesitan tres personas para tocarlo.
Finaliza esta ceremonia de entrega con una comedia musical infantil: "Valdemar y el hechicero", quizá lo más flojo de la noche, para dar paso a un número musical, fuera de programa, que recupera lo mejor de Les Luthiers. Es un tema conocido donde el grupo retoma los viejos instrumentos, la tabla de lavar, el violín de lata, los embudos, y es el momento en que se recupera el ingenio y la creatividad luthierianos que el público celebra con algarabía.
Es lógico porque es un conjunto que supo crear su propio público que ha demostrado una y otra vez su lealtad y que en esta ocasión festeja desde el mínimo gesto hasta la incipiente mueca. Ese fue el estado de ánimo que imperó durante todo la noche sobre la platea y las carcajadas se sumaron unas a otras, mientras algunos espectadores se preguntaban: "¿De qué se ríen?".
Pero éstos son Les Luthiers y éste es el estilo que los consagró, aunque "Los premios Mastropiero" no sea el ejemplo más representativo. Son casi 40 años de supervivencia en los escenarios nacionales y extranjeros, donde prevaleció una delicada y exquisita calidad artística, materializada en espectáculos de jerarquía que nunca defraudaron a sus seguidores.
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