Memorias de un poeta clandestino
Esta noche comienza a despedirse Amadeo, el personaje de dos trabajos de Marcelo Subiotto
1 minuto de lectura'
De alguna manera, Amadeo se está despidiendo. El personaje que creó en solitario Marcelo Subiotto para ser el poeta que podía -más cercano o más lejano del que alguna vez imaginó- vuelve esta noche a ocupar su espacio clandestino que lo escondía en Puerta Roja para comenzar una suerte de final. Quizá con Coplas del cartonero masón (la obra que se presenta hoy) habrá más posibilidades alguna otra vez, pero lo cierto es que con Amores metafísicos (que se presentará la próxima semana) la cosa viene con aires definitivos.
"A decir verdad, en el próximo espectáculo, El círculo de Maiakovski -que supongo estrenaremos en abril o mayo-, también hay un poeta, pero ya no es Amadeo, tiene otra locura, es absolutamente diferente." De hecho, Amadeo es distinto cada vez. En Amores metafísicos -el primero del díptico-, el personaje nació para contrarrestar el multifacético unipersonal La cruzada de los niños, que venía haciendo Subiotto con la dirección de Adrián Canale. Allí, era narrador y también niño, papa, leproso y demás. Tanto recurso histriónico puesto en escena en un espectáculo que hizo durante casi diez años lo llevó a sacarse la mayor cantidad posible de cosas de encima para subir a escena acompañado solamente de su guitarra, ahora en la piel de un cantautor.
Trovador
La voz potente y grave de Amadeo/ Subiotto deja traslucir el clima setentista que lo marcó en su infancia, época en que se escuchaba en su casa mucha canción militante: el nuevo folklore, la canción uruguaya con Zitarrosa y Los Olimareños, la canción chilena con Víctor Jara. Ese espíritu rebelde y romántico es el que Amadeo pone en juego a través de varios relatos y varias canciones que hablan, precisamente, de rebeldía y de amor. Aunque está despojado de máscaras, este Amadeo tiene una pequeña fibra histriónica que se traduce en emoción y en risa lisa y llana en el público que lo rodea en cada función.
"Era el mundo de los años 60 o de los 70 escuchado en los años 90, una época de mierda, de mucha confusión para mí. Eso me hizo clac y pensé en ellos y en toda mi estupidez, en mis ganas de ser poeta y cantautor desde la adolescencia. Y con eso me subí al escenario y puse la oreja, que es algo que me interesa mucho como actor. Poner la oreja te modifica como persona, te corre el ego, aprendés a recibir, ya no importa tanto lo que está bien o lo que está mal sino lo que sucede o lo que no sucede en ese momento sobre el escenario, y hay que aguantarlo, por eso es teatro", intenta resumir Subiotto desde una verborragia sincera, orgánica, que se vuelve embriagadora.
Viejo estudiante de música, género al que traicionó mortalmente cuando descubrió que no podía ser más feliz que haciendo teatro, Subiotto hecha mano de su oído y sus conocimientos para volverse trovador de un nuevo tiempo, aunque con otra estética.
Y en Coplas del cartonero masón se quitó más cosas todavía: le quitó el humor, el tic del personaje, se metió en un lugar más pequeño y se quedó con un solo relato. Eso sí, ya no estaba solo, junto a este poeta de la rebelión aparece en escena la música díscola de Oscar Albrieu Roca. Entre los dos crean un clima digno de viejos alquimistas.
"Mis cartoneros son masones porque quería esa locura, una organización casi medieval que piensa la revolución como algo mítico", sigue Subiotto, y reconoce que esta vez le resultó más cercana la poética porque ya la escribió metido en la piel de Amadeo, con el cerebro explosivo de Amadeo.
Entoces, casi a modo de homenaje a sus fanáticos, Amadeo comienza a irse. "Inexplicablemente tuvo su grupo de seguidores. Llegué a decir que Amores... era el espectáculo más recomendado pero menos visto, porque todo el mundo decía que lo había recomendado o que se lo habían recomendado, pero en la sala tenía diez, quince espectadores, no más. Fue algo muy raro. Algo afuera te dicen sobre esta ciudad: «¡Qué manera de haber teatro en Buenos Aires! ¿Por qué pasa eso?» Y no sé por qué, quizás alguna maldición que tiene la ciudad, no sé si de la época de la conquista o una maldición que dejaron los Quilmes a partir de la cual estamos obligados a hacer teatro, como un sino trágico. No sé, todos decían «¡te está yendo bárbaro!», y yo no sabía si era así, pero mejor me callo y dejo ese mito, aunque no tengo la autoestima tan alta como para hacerlo."
Y sí, después, con el tiempo, empezó a funcionar a tal punto que tuvo su segunda parte y hoy se despide con aviso, para que nadie se ofenda.
Apuntes
- Descubrimiento: aunque de chico estudiaba música, usaba botas salteñas y quería ser como Gieco, un taller de teatro con Martín Salazar lo hizo cambiar de opinión.
- Puerta Roja: el espacio que creó con Adrián Canale cumple 5 años pese a casi no contar con subsidios.
- Multifacético: así como barre pisos y mueve tarimas en su teatro, también ha actuado en el San Martín con la dirección de Lavelli o Sturúa y hasta se ha animado en el rubro infantil con Lalá canciones . Hoy también actúa y sale de gira con Espía a una mujer que se mata , de Daniel Veronese.
- 1
2Mirtha Legrand, a solas: qué la emociona del público, cómo ve al país y su secreto para estar activa con casi 99 años
3La despedida de Susana Giménez a Marikena Monti: “Nadie la podría haber cantado como vos”
4Julieta Ortega habló de la recuperación de Palito y reaccionó, contundente, a una pregunta directa de Mirtha
