Mucho ruido y pocas nueces: un clásico de Shakespeare, con música, lujo y comida

Juan Carlos Fontana
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30 de agosto de 2019  

Mucho ruido y pocas nueces

Nuestra opinión: buena

Autor: William Shakespeare. Dirección, adaptación y vestuario: Verona Petronacci. Elenco: Ernesto Claudio, Gustavo Guillén, Coni Vera, Fabián Arenillas, Caro Domenech, Cintia Zaraik Goulu y Gabriel Zuccarini. Dirección musical: Emiliano Lorenzo. Escenografía: Tamara Gómez. Sala: Siranush, Armenia 1353. Funciones: hoy y el próximo viernes, a las 21. duración: 90 minutos.

Verona Petronacci se animó a la audaz y entretenida propuesta de estrenar en una versión para café concert de esta pieza que Shakespeare escribió a fines del 1500 y ambientó en el puerto de Messina, Sicilia.

Mucho ruido y pocas nueces forma una trilogía con otras dos comedias del autor inglés: Como gustéis y Noche de reyes. De ella se ha dicho que se inspiró en un relato del escritor del Renacimiento, Mateo Bandello.

Si bien no es considerada una de sus grandes comedias, su interés radica en cómo se va cocinando a fuego lento ese sugestivo entramado de situaciones para convertir en víctima a un amante engañado, mediante una serie de artimañas de las que son cómplices los más cercanos.

Fuente: LA NACION

Desde la dirección, Verona Petronacci tuvo claro que su adaptación debía contar con cierta intriga, encanto y una liviandad típica del teatro de kermés e ideal para hacer una buena digestión, dado el ámbito en que fue estrenada. Desde esa óptica, los relatos se identifican por su ligereza y el apoyo del acompañamiento musical de una pequeña orquesta (contrabajo, piano, flautas dulces y violín). Este aditamento de melodías clásicas en vivo resultan agradables al oído y permiten el lucimiento de un dúo de voces líricas, a cargo de dos de las intérpretes, mientras un grupo de asistentes van y vienen por el salón de la Siranush trayendo platos y bebidas, en tanto el escenario se nutre de un clima de venganzas y romances no correspondidos.

Acá quienes padecen de las burlas y la farsa bien urdidas en la corte, son las parejas integradas por Claudio y Hero, y Benedicto y Beatriz. A través de ellos se mueven como en "molesto" carrusel una diversidad de personajes, que se apañan unos a otros para hacer sufrir a los enamorados, por eso se ha dicho que la pieza es un continuo devenir entre comedia y algo de melodrama.

La directora despojó su versión de toda solemnidad y este es un sueño cumplido, según lo expreso la noche del estreno. Su ambición la llevó a reunir un amplio equipo de intérpretes, con niveles algo desparejos, pero lo que no se puede negar es que derrochan entusiasmo. Entre sus aciertos se destaca el baile de máscaras, con un vestuario impactante que recuerda a los míticos Carnavales venecianos, algo no casual si se toma en cuenta que la pieza también hereda cierta gestualidad de la típica galantería de la Commedia dell'Arte italiana.

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