Nueva etapa en el Colón
El director general y artístico, Tito Capobianco, diseña el equipo que lo acompañará en sus tareas y se prepara para una temporada artística en el estilo tradicional de la sala
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Hace poco más de un mes, el 16 de junio, Tito Capobianco asumió la dirección general y artística del Teatro Colón en un espectacular acto realizado en el mismísimo escenario de la sala de ópera, acompañado por el jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra; el secretario de Cultura, Gustavo López, y un nutrido grupo de personalidades de la cultura.
Tres días más tarde, Capobianco viajó a los Estados Unidos para desarmar su casa, ya que, según explicó entonces, no se imaginó que su estada en Buenos Aires terminaría con semejante responsabilidad.
Durante esos agitados días previos al viaje se presentó ante los diferentes cuerpos estables del Colón y dispuso una estructura mínima que le garantizara la normal continuidad de la temporada.
Capobianco reincorporó a Mario Carciofolo (que se había ido al Argentino de La Plata durante la gestión de Gabriel Senanes en el Colón) y puso como su mano derecha, durante su ausencia, a Ricardo Morales. Todos en el teatro lo llaman Morales, a secas, y es reconocido unánimemente por su eficiente labor como jefe de escenario. Ambos funcionaron durante ese mes como nexo entre el teatro y Capobianco, que se comunicó diariamente por teléfono, correo electrónico y fax.
Además, Capobianco repuso como director de estudios a otra figura histórica, Reinaldo Censabella, que se dedicó a sacar adelante la reciente producción de "El oro del Rin", con Charles Dutoit a la cabeza. Y desde hace unos días está reordenando el estreno local de "Ubu rey", la ópera de Penderecki cuya première se postergó dos días. A Capobianco no le fue tan sencilla, en cambio, la organización en las áreas administrativa y técnica.
En el primer caso -como ya se consignó en la edición del 20 de junio último-, se repitieron los tradicionales chispazos entre la dirección artística y la administrativa. La auditora de Hacienda, Emilia Lerner, se alejó por desavenencias con Capobianco; Gustavo López debió ceder a su propio director administrativo, Leandro Iglesias, para cubrir el cargo. Como contrapartida, para evitar más irritaciones, se aceleró desde Cultura la partida de Pablo Batalla y otros funcionarios del área.
Iglesias y su equipo están lidiando en un terreno desconocido con los problemas cotidianos de cualquier teatro de ópera. La confección de contratos y su liquidación son un dolor de cabeza en medio de la temporada que avanza en su punto más caliente.
Capobianco también se encontró con un primer escollo en el área técnica. Su intención de designar a Juan Carlos Greco como director técnico (un cargo clave para el montaje de las producciones escénicas) se vio truncado por la férrea resistencia del sector gremial, aparentemente, por viejas cuentas pendientes con él provenientes de una gestión previa. Como consecuencia, continúa en el cargo el ingeniero López Castro. De todas formas, a Capobianco le quedan 30 de los 60 días que había acordado con Gustavo López para nombrar al equipo definitivo que lo acompañará en su gestión. De hecho, si se ingresa en la página oficial del Colón ( www.teatrocolon.org.ar ), en el apartado "Autoridades", sólo se lee: "Director general y artístico: Mtro. Tito Capobianco".
En lo que respecta a la conducción de los cuerpos estables y entidades que tienen directores a cargo (las orquestas Estable y Filarmónica hace años que no tienen ninguno), el régisseur todavía no se reunió con ninguno de ellos. Capobianco tiene encuentros pendientes con Marta García, del Ballet Estable; Alberto Balzanelli, del Coro Estable; Valdo Sciammarella, del Coro de Niños; Diana Theocharidis y Martín Bauer, del Centro de Experimentación, y Carlos Calleja, de la Orquesta Académica.
Cambio significativo
Desde la óptica del público, el único cambio significativo ha sido el levantamiento del ciclo "El Colón por dos pesos". Se trató de un caballito de batalla de la gestión de Gabriel Senanes, y Capobianco no dio explicación oficial sobre esta decisión de discontinuarlo. Si bien estos conciertos los lunes, a las 18, crearon un público propio que llenaba la sala, también es cierto que su programación era despareja y no tenía que ver con lo que el Colón produce normalmente. No se ofrecía ópera, ballet o conciertos sinfónicos de los organismos estables por dos pesos, sino que funcionaba como puerta de entrada para grupos de cámara, orquestas juveniles y coros, como un espacio alternativo, en un horario vacante. Si en términos de la producción artística el aire que se respira es el del regreso a la tradición (no sólo porque asumen la conducción un grupo de históricos) y se ve cierta tendencia a mejorar la preparación de óperas y conciertos, todavía no se está haciendo pie en el área administrativa.
El cambio de gestión produjo el atraso en el pago de algunos contratos y se vive un poco al día con los nuevos que llegan para firmar. La Secretaría de Cultura capitalina dijo que abrirá el grifo de dinero para el Colón, que últimamente se mantenía sólo para encargarse del pago de sueldos, y dejaba que la producción artística saliera de la recaudación propia. Las autoridades reconocieron que Capobianco cobrará un cachet bastante superior al de Senanes, al tiempo que siguen cerrando trato con las editoriales para saldar la deuda acumulada por la falta de pago de derechos de autor. También está la decisión política de asumir algún eventual déficit operativo que se produzca en lo que resta de la temporada.
Tito Capobianco tiene la agenda completa para los próximos días, pero no es algo que lo asuste. Su trayectoria como régisseur se cimienta sobre muchas noches de triunfos y también de polémicas (basta recordar que era el responsable de la puesta de "Bomarzo", la ópera de Ginastera y Mujica Lainez censurada durante el gobierno de Onganía). Ahora regresa al Colón con tres décadas de experiencia como director en las óperas de Pittsburgh y San Diego. Allí aprendió un oficio que implica tener, además de sensibilidad artística, manejo de la diplomacia y la cintura política necesaria para lidiar con el folklore propio del Colón, similar a cualquier institución lírica del mundo.
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