
Ojos verdes
Un viaje poético e interesante de dos mujeres muy distintas
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Dramaturgia: Amancay Espíndola / Dirección: Ana Alvarado / Intérpretes: Estela Garelli, María Zubiri / Arte en video: Silvia Maldini / Música original: Cecilia Candia / Vestuario: Rosana Barcena / Iluminación: Facundo Estol / Puesta tecnológica: Gabriel Gendin / Asistente de dirección: Guadalupe Lanusse / Sala: El extranjero (Valentín Gómez 3378) / Funciones: Domingo, a las 21 / Duración: 60 minutos
Nuestra opinión: muy buena
Dos mujeres esperan en un banco la llegada de un tren. Está demorado y entonces, claro, cómo no hacerlo, comienzan a relacionarse, a dialogar. En principio parece una trama clásica, un disparador que puede generar de todo. Y así es. Ana Alvarado, la respetable directora y coautora del grupo teatral El Periférico de Objetos, acepta esta invitación y con el texto bello de Amancay Espíndola emprende el viaje, nada sencillo por cierto, de hacer jugar a estas dos mujeres entre sus pasados y sus presentes.
Ojos verdes es una arriesgada propuesta, críptica por momentos, poética por otros, que decide no contentarse con la simplicidad del hecho mismo de la espera de un tren sino estrujar esta situación hasta el límite. Y entonces estas dos mujeres que parecen no conocerse van dándole forma a un vínculo que tiene más aristas de lo que aparenta.
Durante toda la obra se dará un juego interesantísimo de imágenes proyectadas sobre la pared del fondo del escenario, en diferentes partes de la escena e incluso sobre objetos. A estas imágenes se le suma una música muy precisa para cada instante. Así, juntas, van creando una atmósfera que dispara sensaciones diversas. Ya desde el comienzo, la irrupción de sombras y de una música misteriosa sobre la imagen de la terminal de trenes anuncian que no será una obra sencilla sino un viaje por el tiempo, tiempo subjetivo, tiempo suspendido, tiempo que por momentos se aquieta y sugiere la idea de limbo, de lugar incierto.
La mujer más grande, Alcira (Estela Garelli), llega antes, tiene una valija y una escopeta en mano. Estela (María Zubiri) irrumpe luego, su llegada es más torpe, más aniñada. Cada una representa un paradigma: la más grande aquel arquetipo arcaico, el de la tierra, el de campo, en donde los mitos se confunden, o se funden, con la realidad, donde las cábalas, los fantasmas, las creencias, son parte de la vida, son las explicaciones a los hechos. Estela en cambio es racional, representa a la modernidad, descree de todos los mitos y busca la explicación de los sucesos en los hechos concretos. Y así transcurre el tiempo y ellas buscan, bucean entre sus recuerdos aquellas piezas clave que les marcaron la vida y que las tiene a ambas esperando a ese tren que parece no venir nunca. Y sus pasados se entrelazan, se fusionan en la memoria, las dos aman a un hombre de ojos verdes y el amor entonces se universaliza, unifica paradigmas, derriba fronteras.
Sin dudas, Ojos verdes es una obra interesante, rebasa poesía, pero, vale aclarar, requiere de un espectador dispuesto a emprender este viaje.
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