Pablo Rago, sin prejuicios
Demostró que puede pasar de la televisión a Bernard Shaw y salir con vida del intento
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El primer espectáculo que Pablo Rago vio en la Sala Casacuberta fue un infantil del cual ya ni recuerda el nombre. Y no porque se trate de un recuerdo muy lejano (no tiene la edad para que eso le suceda), pero da la sensación de que su andar está lleno de vericuetos por los que él transita con suma naturalidad y hasta con cierto desparpajo.
Será por eso que se lo puede ver en un reportaje desacartonado en "El rayo" y también, de miércoles a domingos, protagonizando "Hombre y superhombre", texto de Bernard Shaw dirigido por Norma Aleandro, en el cual este ex integrante de "Clave de sol" despliega su desfachatez justamente en la Casacuberta, aquel escenario que conoció cuando todavía estaba del lado de las butacas.
Ahora, a metros de allí, se sienta en su camarín para charlar con LA NACION. Rago convirtió en su refugio ese rectángulo, cuyo último inquilino fue Alfredo Alcón. Y, para que tenga más personalidad, le pegó algunas fotos familiares y una de Woody Allen en "Manhattan", aquella genial película que el norteamericano protagonizó con Diane Keaton. "No sé por qué lo asocio con Shaw. Apenas leí "Hombre y superhombre" se me vino a la mente Woody Allen. Se me ocurre que tienen un humor parecido", apunta.
En el terreno de las asociaciones, entre su personaje y el mismo Rago parece haber algunas puntas que los emparientan. Por lo pronto, el ex protagonista de "Amigos son los amigos", aquel programa que le permitió meterse en miles de casas, tiene en claro que hay un texto que es casi suyo. Sabe que cuando John Tanner, su personaje, dice: "La fuerza vital me encanta", esa declaración lo identifica, le perfora el cuerpo. Y, sea por las asociaciones íntimas o porque está demostrando que es un buen actor, se ganó excelentes críticas, barriendo con todo prejuicio.
Claro que las cosas no son tan fáciles, ni su ruta un lecho de rosas. Antes de este trabajo, protagonizó "Pingüinos", obra de Roberto "Tito" Cossa que recibió muy duras críticas y que no fue un éxito comercial, contra lo que se esperaba. "Fue duro, pero el resultado final terminó siendo positivo. Esas reuniones con Tito y con el grupo me enriquecieron. Aprendí mucho. Si no hubiera hecho la experiencia de "Pingüinos" no sé qué habría pasado con esta obra. Una cosa se apoya en la otra...", dice con la tranquilidad de quien va poniendo un ladrillo arriba del otro.
Con esa misma naturalidad, un día llegó a sus manos el protagónico de "Hombre y superhombre", trabajo que lo volvió a juntar con Norma Aleandro, a quien había conocido cuando él tenía 10 años y filmaron "La historia oficial".
-¿Pesa trabajar con una persona como Aleandro, de tanta significación en el medio?
-No, para nada. De todos modos, cuando comenzamos a ensayar me di cuenta de que estaba teniendo demasiado respeto por Norma.
Fue así como, una tarde, la experimentada señora Aleandro le paró el carro. "Mirá -dice que le dijo-, acá venís para divertirte. No te preocupes por quién te está mirando, olvidate de que hacés un Shaw, de que estás en el San Martín y de todas esas cosas...". Y parece ser que el alumno hizo los deberes.
"Conocer a Norma en el trabajo fue revelador. Por otra parte, me di cuenta de que se puede encarar un proyecto sin estar de mal humor, ni con mala energía. Durante dos meses y medio vi a Norma dirigir a un montón de actores, para una obra de dos horas y media, en medio de la pesada maquinaria del Teatro San Martín, y nunca la escuché gritar ni la vi de mal humor."
Rago encontró en Kive Staiff, director del complejo escénico, a un aliado fundamental para desembarcar en la sala oficial. Cuenta que hace unos meses lo llamó para que fuera a una audición del español Lluís Pasqual (el mismo que este año montó "La tempestad"), que estaba en Buenos Aires haciendo el casting de una versión de "Edipo". El ex compañero de Carlín Calvo en la ficción se sentó frente al prestigioso director y a Alfredo Alcón y leyó un pasaje de la obra. Cuando se dio cuenta de ante quiénes estaba y de qué texto tenía en sus manos, en su mente sonaba una única pregunta: "¿Para qué habré venido? ¿Para qué habré venido?". Con esa pregunta todavía rebotándole en su interior, partió pensando que nunca más lo iban a llamar. Pero no fue así; al otro día, el mismo Pasqual le dijo que lo quería en su elenco.
Pero, cosas de este país, a la semana lo volvieron a llamar para decirle que el proyecto se había caído. "De todos modos, no tuve tiempo de deprimirme, porque a los pocos días me llamó Kive", cuenta. Cuando llegó a su despacho vio una copia de "Hombre y superhombre" para que se la llevara. Y ahí le bajó la tecla. "Yo no entendía nada. Ni conocía la obra -confiesa, sin postura alguna-. Apenas salí llamé a mi chica, emocionado. No lo podía creer."
-¿Le preguntaste a Staiff o a Aleandro por qué te seleccionaron?
-A Kive, no. Con Norma es distinto. El año pasado trabajé con ella en cuatro capítulos de "Primicias". Fue muy intenso, porque tuvimos que trabajar con lo que surgía en el momento. Sin embargo, la conexión entre ambos fue alucinante. Yo me morí con la mirada de Norma y sé que a ella le pasó algo similar.
En la obra, Rago se las ve con un tal John Tanner, un personaje que le calza muy bien. "Es cierto -reconoce-. Pero también tuve que acomodarme a la propuesta. Me gusta trabajar con el cuerpo. Será por la formación con Serrano... Tengo un cuerpo muy contemporáneo , y para este tipo de obras tuve que hacer mucho trabajo, semanas enteras de ensayo insoportablemente acartonado."
Así, Rago llegó al Teatro San Martín. Un sitio que ni figuraba en sus planes. "Cuando me llamaron, pensé que podía estar bueno. Pero no lo anhelaba", dice casi al pasar.
-¿Sos un tipo con suerte, entonces?
-Puede ser... Mi búsqueda pasa por ver al actor que hay en mí, y esto lo digo a sabiendas de que suena acartonado, y todas esas cosas. Pero es así. Si el año pasado me decías lo de "Hombre y superhombre" no sé qué hubiera dicho. A lo mejor, por cierta inconsciencia mía, hubiera agarrado... De todos modos, tengo muy claro el camino que quiero hacer: quiero laburar en esto toda mi vida. Conozco algunos códigos de la tele como para negociar bien, sé que la tele te puede dar buena plata, sé que no me quiero perder ese espacio y sé que disfruto mucho haciendo televisión. Por otra parte, conozco todo lo que da el teatro, y es algo alucinante. El teatro me excita, me pasa algo en el cuerpo que no me lo quiero perder.
Y cómo se lo va a querer perder, si la fuerza vital lo puede.
Interpretando a Bernard Shaw
En el escenario de la sala Casacuberta, Pablo Rago interpreta a un tal John Tanner, que, contra viento y marea, intenta eludir lo que es un verdadero acoso de parte de Ann Whitefield (Eleonora Wexler). Para Rago, "Tanner es un joven irrespetuoso de las leyes sociales de la Europa de principios del siglo pasado. Un burgués que la va de socialista. Tanner es un misógino, porque tanta perorata, tanto discurso sirve para tapar algo fuerte, algo que tiene un fuego grosso . Al principio no me quedaba claro si este tipo sabía que la mina lo estaba persiguiendo o si, en realidad, lo negaba a tal punto que sólo se desayuna al final de la obra. En lo que se refiere al amor, el tipo es un negador de aquéllos. De todos modos, mi Tanner va siempre para adelante. El sexo lo guía. Mi Tanner es tan calentón como yo".
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