"Play" o tres rostros en medio de la nada

Alejandro Cruz
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29 de abril de 2004  

"Play", de Samuel Beckett. Actuación y dirección: Julieta Aure, Javier Rodríguez e Irina Alonso. Traducción del inglés: Elena Gowland. Diseño sonoro: Javier Cano. En Del Otro Lado (Lambaré 866). Los sábados, a las 20.

Nuestra opinión: bueno

Una luz. Dos. Tres. Una cara. Dos y tres que se asoman por detrás de una estructura que esconde los cuerpos de los actores en medio de un escenario oscuro, oscurísimo. Tres cabezas suspendidas en ese espacio. Tres rostros que, cada vez que se iluminan, se ven como obligados a hablar.

El encarna la voz del marido. Las dos voces femeninas, la de la mujer y la de la amante. Por momentos, los relatos se superponen y lo que se percibe es apenas un balbuceo, como un subrayado puesto en la imposibilidad de decir, de contar. En otros momentos, cada uno cuenta parte de una historia hasta que, paf, apagón. Pero al instante comienza la otra voz. ¿El resultado? Un discurso fragmentado, quebrado, incompleto, reiterativo.

Cuando la rapidez en decir el texto está casi al límite de la comprensión, la luz se la rebusca para seguir obsesivamente cada tono. El abanico de posibilidades llega hasta el umbral de una sombra difusa, vaga. En otras oportunidades, el paso de uno a otro actor es tan rápido que se parece al efecto de luz de un pinball.

Sobre el andamiaje de puesta ideado por el mismo Samuel Beckett cuando escribió "Play" entre 1962 y 1963, los tres actores pusieron mucho más que sus voces. Es más, ellos fueron los adaptadores, los productores, los actores y los directores. Hasta son ellos tres los que operan las luces a escondidas porque, a lo largo del trabajo, lo único que el espectador ve son sus tres caras, nada más.

Y el trabajo de iluminación es tan preciso que la luz se convierte en un virtual cuarto relator. Por momentos, la luz (como criterio de puesta) y el trabajo actoral están tan articulados que la obra se convierte en un máquina de teatro, una máquina de crear signos. En otros momentos, el equilibrio se rompe y la historia queda relegada a un segundo plano ante el virtuosismo del mecanismo de puesta.

Luz una, luz dos y luz tres. O Julieta Aure, Javier Rodríguez e Irina Alonso, ellos son los arquitectos de esta versión de "Play". Del trío, él alcanza mayores matices. De todos modos, en este trabajo que nació hace varios años en el marco de un taller, ellas no se quedan atrás. Los tres tienen la virtud de ser las voces, las luces, la diversidad de tonos y las mismas sombras. Sobre ellos se ilumina esta historia que tiene momentos inquietantes.

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