
Quince artistas dispuestos a vibrar junto a los espectadores
"Vibra, un coro circense", sobre una idea Gerardo Hochman, con Alejandra Ceciaga, Lucio Baglivo, Irena Golszer, Mariano Carneiro, Marcela Consalvo, Adriana Segabache, Carolina Bujas y elenco. Coreografías: Carolina Della Negra y Teresa Duggan. Iluminación: Gonzalo Córdova. Escenografía: Duilio Della Pettima y Rubén Fortunato. Dirección: Gerardo Hochman y Carolina Della Negra. Auditorio del Buenos Aires Design.
Nuestra opinión: bueno.
Nuevo espectáculo de Gerardo Hochman, el creador de "Gala", "Bellas Artes" y uno de los fundadores del desaparecido grupo La Troup. O sea, uno de los referentes locales de aquello que se denomina nuevo circo, una creativa vuelta de tuerca sobre la disciplina circense con otro tratamiento plástico, rutinas coreografiadas y la ausencia de animales.
Un tipo de lenguaje que tiene como máximo exponente a los canadienses del Cirque du Soleil, cuyos espectáculos -muy lamentablemente- en estas tierras sólo se consiguen en algún que otro videoclub.
La impronta del nuevo circo es la que está presente en "Vibra", montaje que se ofrece en el Buenos Aires Design Center. Claro que según explicó el mismo Hochbaum en una nota publicada en Vía libre, el espectáculo es el resultado de la primera camada de alumnos de la escuela de circo que posee en Palermo Viejo.
En ese punto radican la virtud y el límite de esta propuesta a cargo del grupo Asul (sic). La virtud, porque en el marco de un aprendizaje, "Vibra" se convierte en una excelente forma para que estos 15 actores desplieguen sus primeras armas. Pero como espectáculo que sale a jugar en primera división, a esos mismos artistas les falta la maduración suficiente.
Será por eso que las rutinas acrobáticas no tienen el nivel que podría esperarse (de todos modos, merece destacarse el trabajo de Lucio Baglivo). O, en lo actoral, salvo Luciano Mezzotero, quien más despliega la faceta clownesca, ninguno sostiene su personaje durante los casi 90 minutos que dura la función.
Una carpa en Recoleta
Más allá de estos aspectos, Hochman, responsable de la idea y la codirección junto a Carolina Della Negra, sabe mover los hilos sacando provecho a cada uno de los rincones del espacio. Un espacio copado por estos señores que se meten entre el público, que también anda moviéndose de un lado para el otro, buscando el mejor lugar para presenciar cada una de las escenas que constituyen este espectáculo.
Pero a no confundir: aunque este último recurso sea el que usan sus vecinos de "Villa Villa", aunque también los chicos de "Vibra" se valen del arnés (en una caminata sobre una de las paredes que en la inevitable comparación con De la Guarda salen muy desfavorecidos), la troupe de Hochman despliega una frescura que contagia.
Alrededor de una trama cuyo eje es una simple historia de amor, con melodías remixadas que van desde clásicos hasta sonidos balcánicos, los 15 cirqueros se mueven según una efectiva coreografía ideada por Teresa Duggan y la misma Della Negra.
Como suele ocurrir con varias obras, lo mejor llega al final a partir del entrañable y nunca bien ponderado salto a la soga. Lo mejor de "Vibra".




