
Relaciones peligrosas
Pasado mañana se estrenará "Días contados", con la chica Almodóvar que vuelve a la escena porteña después de 12 años y con el autor y director de "Ella en mi cabeza", uno de los éxitos de hace dos temporadas que aún sigue en cartel
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Pasado mañana, en el Paseo La Plaza, se estrenará "Días contados", una pieza de Oscar Martínez, el mismo que la rompió con "Ella en mi cabeza", que cuenta con su dirección y con la actuación protagónica de Cecilia Roth. Los dos se sientan a dialogar con LA NACION a pocas horas del estreno, cuando los nervios están al borde del ataque. "En estos días surgen todas las dudas -confiesa Oscar Martínez-. Uno ya no tiene la suficiente perspectiva y son como muchos platitos dando vuelta que, cuando terminás de poner a todos en movimiento, tenés que correr para que no se te caiga al piso el primero que está en la otra punta. A eso sumale la ansiedad lógica que presupone cualquier exposición. El balance recién vendrá más adelante, ahora la suerte está echada."
Para ella, la cosa no es muy distinta. "A medida que se va acercando la noche del estreno paso por estados muy extremos. Sufro mucho, me pongo muy insegura, me critico mucho. Hay otros días que encuentro cierto placer porque de otra manera esto sería puro masoquismo. Pero, de a poco, algo, mágicamente, comienza a acomodarse para dejar paso a una sensación de placer y de deseo de que llegue el contacto con el público. Eso me tranquiliza."
Claro que, más allá del indiscutible talento de cada uno, tienen horas de ruta, muchos estrenos transitados y la experiencia de haber sufrido esos espantosos retortijones que perforan los estómagos más valientes.
En ese punto de nervios están el día de la entrevista. Ella, que llega unos minutos tarde porque debió ir a buscar a su hijo y viene despotricando del tránsito (un clásico porteño). El, con el tiempo justo, con un ensayo técnico en puerta y con la cabeza en mil cosas (un clásico porteño). El, con el tiempo justo, con un ensayo técnico en puerta y con la cabeza en mil cosas (un clásico de los directores a días de un debut). Pero cuando comienza la nota, se dan un recreo.
Desde que la rueda comenzó a girar, hace unos dos meses, Cecilia fue descubriendo nuevas facetas de Ana, una dramaturga de 45 años, y de los roles que encaran Claudia Lapacó, Gustavo Garzón y Alejandro Awada. "Todo el tiempo te siguen bajando fichas. Si las agarrás al vuelo y las aprovechás, es maravilloso. De eso se trata el teatro, de que aquello que creías ya conocido, al mirarlo bajo otra luz hace surgir otra manera de encarar a tu personaje, a un texto." Su compañero de ruta, con quien hace once años protagonizó en la tele "Nueve lunas", aporta su visión: "Todavía me pasa que viendo «Ella en mi cabeza», que tiene más de 300 funciones, descubro cosas que se podrían arreglar. Lo que uno tiene que saber, eso lo aprendí como actor, es que el trauma del estreno es sólo eso. Luego, cada función es un nuevo ensayo. Con «Art» superé las 1800 funciones y cada una era única, era un nuevo ensayo. Y es bueno que sea así. En una función uno se tropieza o cae de rodillas, pero al otro día hay otra. Creo que en la medida en que estén vivos el deseo y las ganas de volver a intentarlo está todo bien. Claro que si ciertos contenidos esenciales no se transitan durante los ensayos, aunque sea en estado embrionario, luego no podés mejorar o modificar algo. Si no hiciste ese tránsito, después no se pueden inventar contenidos nuevos".
Oscar Martínez, en su doble función de director y autor, confiesa no haber retocado demasiado la obra. "Tengo ejercicio actoral y algo como director. Cuando escribo lo hago pensando en las acciones. Por eso, en el momento de la puesta, no tengo demasiadas revelaciones, porque ese proceso ya lo hice antes." El concepto lo tiene masticado, tanto que en un momento le hace decir a Javier, el hermano de Ana: "Una vez te escuché decir en un reportaje que los personajes se les revelan a los autores [ ] Es curioso que creas eso y que pienses que los padres son más omnipotentes que los escritores. Si un personaje de ficción se independiza, si deja de ser una proyección del escritor, ¿por qué un hijo tiene que ser la proyección exacta de sus padres?".
Vale agregar que Javier es psiquiatra y que en esa intervención retruca ciertos comentarios que Ana hizo sobre su madre, la que tiene los días contados. También vale agregar que la obra en sí misma es una reflexión sobre los vínculos constitutivos de la personalidad, como el que mantiene Ana con su madre, papel a cargo de Claudia Lapacó, o la misma Ana con su ex esposo, a cargo de Gustavo Garzón, con quien comparte la crianza de una adolescente. El cruce de esa situación hace que todo el tiempo Ana reflexione sobre aquellos textos que odia en su madre y que, cosas de la vida, ella misma reproduce hasta con igual tono de voz.
Volver a contar
Para el creador de la obra, esos días contados a los que hace referencia el título se refieren a algo cercano a un final: la muerte de la madre de Ana, o los días que Ana cuenta al público por circunstancia azarosas y que condensan buena parte de su vida. Pero más allá de las posibles acepciones, "la obra habla del paso del tiempo, de la lectura emocional que hacemos de eso y de cómo, inevitablemente, más temprano o más tarde, estamos frente a aquello que no podemos eludir. Pero también habla de infinitas formas del amor, de que en cierta medida todo es un permanente aprendizaje, de cómo no podemos evitar ciertos dolores que parecen ser indispensables para el aprendizaje. Pero lo que digo no me gustaría que sonara a algo pretencioso. Por otra parte, la obra tiene mucho humor, porque de otro modo sería intolerable".
Cecilia se enamoró de la obra apenas la leyó. "El texto habla de la posibilidad de comunicarse aunque ni con esa posibilidad la cosa alcance", apunta, y pone ese tono de voz que uno, como espectador, le conoce. Y se acomoda el pelo con un gesto que uno también conoce a la perfección por haberla visto en tantas películas. Si bien hace doce años que no se sube a un teatro porteño, sabía qué cosas quería contar. Pablo Kompel, el señor del Paseo La Plaza, intentó tentarla con algunas obras, pero no. Entonces apareció el nombre de Oscar Martínez, porque el productor andaba con la idea de juntarlos en un escenario, quizá recordando la respuesta de crítica y público que habían logrado con "Relaciones peligrosas", pero tampoco.
Así fue que apareció la obra de Oscar Martínez, ella la leyó y aceptó, aunque el final no estaba todavía escrito. "Ana atraviesa un momento bisagra en su vida, es un momento de revolución, y eso tenía ganas de contar. Ana tiene que barajar y tirar de nuevo las cartas. Son las mismas, pero hay que volver a acomodarlas, ver lo que hace daño a uno y al otro, analizar qué se puede rescatar de todo eso sin matar a esos vínculos", cuenta entusiasmada.
Oscar Martínez comenzó a escribir la obra cuando estaba haciendo "Art" en España. Las primeras diez páginas ya tenían forma, pero, cosas que pasan, quedó ahí hasta que terminó escribiéndola casi contra reloj. Y quizá porque concluyó la escritura ya pensando en Cecilia Roth, luego de leerla es muy orgánico que Ana sea ella. Y hasta es muy natural pensar que los textos que se dicen ellos cuatro son textos que uno ha dicho en algún momento de la vida o del mismo día de hoy.
"El fenómeno de identificación que señalás también estuvo presente en «Ella en mi cabeza». Hubo parejas que me decían que les parecía que había dormido debajo de sus camas", afirma el autor de "Días contados", su segunda obra a estrenar en calidad de dramaturgo.
En todo esto, Ana es una mujer de teatro. Una mujer separada que en algún momento estuvo enamorada de un hombre famoso "cuyo nombre no voy a revelar". El juego de identificación se puede trasladar también a ellos dos, dos nombres públicos que durante años estuvieron en pareja con otras gentes famosas. "Al principio no tomé conciencia de esa identificación que señalás. Después, y por algunos comentarios que me llegaron, me di cuenta de que podía ser posible. Pero seas famoso o no los seres humanos somos todos de una vulgaridad espantosa. Eso siempre tranquiliza." Y se ríe de ella, o de la vulgaridad nuestra de cada día, con enormes ganas.


