
Sentidos retazos de la memoria genética
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La bestia invisible. Dramaturgia: Nayla Pose. Textos: Nayla Pose, Mariano Saba, Emmanuelle Cardon, Marian Vieyra, Julián Ponce Campos, Lucia Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, Paola Lusardi, German Leza, Loló Muñoz y Pipo Manzioni. Elenco: Emmanuelle Cardon, Marian Vieyra, Julián Ponce Campos, Lucia Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, Paola Lusardi, German Leza, Loló Muñoz y Pipo Manzioni. Dirección: Nayla Pose. Sala: El Brío, Álvarez Thomas 1582. Funciones: sábado, a las 22. Nuestra opinión: buena
Detrás de una puerta vidriada, diez cuerpos bailan con ellos mismos y la linterna de sus celulares. Están detenidos en esa rave interminable, aglutinados por la música -suena "Blue Monday", de New Order- pero encapsulados en sus propias catarsis. Hasta que, uno a uno, se acercan al umbral, caras pegadas a la superficie transformadas por la luz del teléfono, para advertir que del otro lado hay espectadores, hay testigos, hay esperanza en el compartir. Y el tabique se abre, finaliza la fiesta individual y empiezan los relatos.
Los espectadores vemos cómo estos diez actores y actrices montan y desmontan la escena, con micrófonos, artefactos lumínicos y de sonido, tarimas, algunos objetos, música incidental. Al fondo, una mesa donde, reunidos, se disponen a hablar. El eje que los convoca se plantea de entrada: investigaciones científicas demostrarían que las experiencias traumáticas dejan huellas en el ADN, tan transmisibles de generación en generación como el color de ojos. La memoria, entonces, construye identidad desde los genes, aunque no haya conciencia plena de esa marca.
En La bestia invisible, de la autora y directora Nayla Pose, cada uno de los jóvenes contará esa parte molesta de la historia personal, propia o de sus antepasados, que continúa sangrando para entender quiénes somos y de dónde venimos. No se trata de una sucesión estructurada de monólogos sino de fragmentos de recuerdos, a veces apoyados en una carta o en un diario íntimo o solo suscitados por imágenes que titilan en el alma. Los textos pertenecen a los actores, a Pose y al dramaturgo Mariano Saba y son ficcionales, si bien dos están basados en documentos auténticos: la carta del sobreviviente al campo de concentración de Dachau y el cuaderno del abuelo que escapó de los zares de Rusia. La emoción crece ante esas revelaciones épicas de los abuelos en su infancia y juventud, contra los nazis, las persecuciones, el desamparo, el hambre, la nunca saldada Guerra Civil Española. Pero ese tono no se mantiene en todo el espectáculo. Por momentos decae, y hasta sorprende, con otros relatos como el de la nena retada por su mamá porque se comía lo que manoteaba en el supermercado.
El uso de las luces y el sonido para crear climas y espacios es lo más destacable de La bestia invisible, una propuesta muy alejada del realismo al que pueden estar acostumbrados los frecuentadores de la calle Corrientes pero que para el público del off es mucho más habitual desde hace tiempo. El disparador de la memoria genética, esa biblioteca inasible, resulta una muy buena excusa para enhebrar fracciones de relatos que cobran sentido en la experiencia conjunta ante el público.




