
(Ser) James: un musical que se interroga por la identidad
Protagonizado por Belén Pasqualini, la obra se presenta en Dumont 4040
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Idea original: Belén Pasqualini. Dramaturgia: Juan Francisco Dasso, Julieta Desmarás. Intérprete: Belén Pasqualini. Diseño de vestuario: Jade Ferrari, Zoel Gastou. Diseño de escenografía: Marlene Lievendag, Micaela Sleigh. Diseño de luces: MILI. Visuales: Tomás Serio. Música y letras de las canciones: Belén Pasqualini. Dirección: Juan Francisco Dasso, Julieta Desmarás, Belen Pasqualini. Funciones: sábados 3 y 17, a las 22; jueves 8 y 15, a las 21.30 hs. Duración: 60 minutos. Sala: Dumont 4040. (Santos Dumont 4040) Nuestra opinión: Muy buena.
Desde el título se juega con cierto lugar ambiguo: el sonido de una expresión de cortesía dirigida hacia un hombre, pero a la vez la aparición de un verbo sin conjugar entre paréntesis. ¿En qué lengua se piensa el término? Porque “James” no es un apellido vernáculo, pero la puesta está en español.

“Ser” remite a identidad. ¿Y cuándo está entre paréntesis?, ¿aclara esa la identidad?, ¿aporta una información complementaria?, ¿plantea una oscilación entre ser James y no serlo?
En esta propuesta una síntesis del argumento se convierte en algo fundamental: Margaret nace en Irlanda a finales del siglo XVIII con una vida decidida de antemano, pero ella tiene otro deseo, ser médica. El sueño se cumple, pero el precio es ¿demasiado? caro: no vuelve a ser Margaret delante de nadie nunca más. James Barry se convierte en un cirujano del ejército, reconocido con honores y que lleva, entre sus laureles, mejorar la higiene y ser uno de los que lleva a buen término una cesárea en la que se salvan madre e hijo.
La tensión entre la identidad, el deseo y las condiciones materiales y sociales que lo habilitan atraviesan toda la puesta. Margaret no quiere ser hombre, quiere ejercer la medicina. Su cuerpo, su voz, sus actitudes se convierten en la llave que abre la puerta a un modo de vida, a una vocación.
La obra que no tiene un recorrido cronológico se inicia con el personaje habitando un campo de batalla. La escena construida es polisémica del mismo modo que el vestuario.
Una intérprete que lleva a cabo un doble personaje: James y Margaret. Pero Belén Pasqualini −de un talento inefable− no erige un hombre, sino que menciona y subraya la carencia de sus rasgos exteriores, la altura, la voz, la contextura y para equilibrar instala el temperamento. James para esconder a Margaret, actúa. Pero lo hace durante toda su vida, sin extraescena, sin lugar ni tiempo de descanso.

Todo está construido en el borde: la escena, los objetos, el vestuario. En las antípodas de cualquier realismo hay indicios que habilitan lecturas para nada unívocas.
El intento de encasillar se choca de manera constante con elementos que no cierran: escondites, aperturas o cierres sorpresivos. Y se lo hace en todos los lenguajes puestos en juego, iluminación incluida y, por supuesto, la aparición de lo musical. Porque sí, (Ser) James es un musical. Uno de esos bellos y conmovedores.
Juan Francisco Dasso y Julieta Desmarás construyen la dramaturgia de esta historia profundamente singular que si hubiera sido pura ficción ya hubiese sido poderosa (y tal vez inverosímil), pero que al saber que responde a una persona real despierta una serie de interrogantes en relación con su vida y con sus elecciones.
La indeterminación se plantea en una camilla que se reconoce parcialmente como tal, o en círculos espejados que no construyen referencia ni tiempos específicos y que varían de función y aceptan diversas lecturas. Estas decisiones se suman a otras como: el vestirse a medias y el desvestirse, el mostrar la ropa de mujer por debajo de un ropaje que oculta ese cuerpo femenino.
La escena apaisada construye un vínculo muy particular con los espectadores y el borramiento de una marca temporal a rajatabla también acerca al presente, a interrogarse por ciertos equilibrios, por la fuerza de los deseos y el valor de llevarlos adelante.
Hacia el final se revela que recién el día de su muerte, comprueban que el reconocido cirujano era una mujer. Pero se revela algo más que no se puede contar acá y que resignifica de manera dolorosa y notable parte de la historia de la que fuimos testigos.


