
Sin solución ni salida
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La mejor solución . Texto y dirección: Hernán Morán. Intérpretes: Gabriela Villalonga, Fernando Atias, Pablo Kovacs, Valeria Giorcelli, Augusto de Vera y Miguel Dilemme. Escenografía: Amelio Cardozo Gil. Vestuario: H. Morán y A. Cardozo Gil. Iluminación: Javier Casielles. Diseño sonoro: Víctor Ghidoli y Augusto de Vera. Puerta Roja, Lavalle 3636 (4867-4689). Viernes, a las 21. Entrada: $ 10. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: buena
Una casa mucho más que pobre, que se convierte en un preciado botín. Una abuela moribunda; dos hermanos con sus mujeres; el hijo enfermo de uno de los matrimonios; un maestro de escuela que pregona el esperanto. Con estos personajes, el director Hernán Villalonga armó un complicado entramado narrativo para hablar de la desesperanza más extrema, que paraliza cualquier intento de rebelión.
La fe religiosa aparece como única opción para el cambio, al menos para las mujeres de esta familia, porque la inmovilidad a la que los llevó la miseria, la falta no ya de trabajo sino de cualquier alternativa, parecen sólo abrir puertas a una solución milagrosa, como la que puede llegar a ofrecer el profesor de esperanto que entra en ese mundo casi como si fuera un santo.
Morán logra crear un clima opresivo y de violencia contenida en una historia que eligió ubicar en la década del 80. Algo de color dan, en ese contexto, los datos que surgen con la música, los apuntes sobre la construcción de la represa Yacyretá y los apagones de esos años. Datos en el marco elegido otorgan más negrura al conjunto. La desesperanza está internalizada en el trabajo de los cuatro actores que interpretan a los dos matrimonios (se destaca la composición de Valeria Giorcelli) lo que los lleva a tener una presencia escénica muy bien resuelta.
Augusto de Vera, el joven actor que interpreta a Jano, el adolescente enfermo de la familia, es un hallazgo. Logra combinar de manera precisa los lastres de una enfermedad que pareciera terminal con el inquieto interés por la vida. Su onírico número musical es la expresión más acabada de esto.
La propuesta de Morán es intensa y está bien planteada, sólo que por momentos da la sensación de que se deshilacha un poco y de que sus protagonistas deambulan sin tener muy claro hacia dónde van. Quizá con una pequeña síntesis narrativa, sobre todo al promediar la obra, la cosa cambiaría, ya que el final es arrollador. No es fácil mantener la atención durante una hora y media.
El planteo escenográfico de la puesta está muy bien resuelto, ya que marca, con claridad y espanto, el ahogo de una familia que está todo el tiempo a punto de estallar.
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