
Soledad Villamil: “La nuestra es una mirada cariñosa”
Luego de dos años de ausencia, y antes de emprender una gira por España, el musical tanguero ocupará la sala Casacuberta
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El conjunto edilicio en el barrio de Agronomía donde vive Soledad Villamil mantiene el imaginario de aquellos primeros integrantes de la clase media argentina que soñaban con un futuro de bienestar social. Un barrio ideal para una actriz que busca un refugio para su popularidad y quiere ver con tranquilidad el crecimiento de su pequeña hija de dos años. Ya se imagina a Violeta corriendo por el amplio terreno verde junto a otros chicos de los departamentos que forman este complejo habitacional donde originalmente vivían empleados bancarios y ahora está habitado por artistas y familias de clase media. “Ves enfrente, en esa ventana, ahí vive Alfredo Casero. Somos vecinos”, desliza Soledad con cierto grado de cholulez. La actriz saluda a las vecinas con naturalidad y les hace preguntas de su vida cotidiana con un tono familiar.
En ese clima relajado que impone el silencioso departamento –Violeta está durmiendo la siesta–, la charla se abre paso entre la vuelta del espectáculo “Glorias porteñas”, con el elenco original, que reestrenará mañana, a las 21, en la sala Casacuberta del Teatro San Martín y sus múltiples actividades en el cine con “Un oso rojo”, de Adrián Caetano, actualmente en cartel y su exitoso paso por la televisión con “Vulnerables” y “Culpables”. Pero también se da tiempo para desmenuzar la realidad nacional sin guardarse nada en el tintero, mientras ceba un mate amargo y bien espumoso.
-¿Este regreso será como un “grandes éxitos” de “Glorias porteñas”?
–Sí, porque en cuanto al repertorio incluimos cosas del espectáculo “Recuerdos son recuerdos”, que fue lo primero que hicimos junto a Rita Cortese, y de los otros discos que grabamos, además de los temas nuevos que fuimos preparando. En total son más de 30 canciones, entre tangos, valses y rancheras de la década del 30 que son como nuestros grandes éxitos. El espectáculo es el mismo, pero el que lo vio muchas veces va a notar sus novedades y lo va a disfrutar. Será como el regreso de una banda de rock que se vuelve a juntar después de muchos años.
El elenco original de la compañía “Recuerdos son Recuerdos”, conformado por Clarita Taboada-Soledad Villamil; Atilio Calostro-Brian Chambouleyron; Ofidio Dellasopa-Silvio Cattaneo; Carlitos “Buitre” Sosa-Carlos Viggiano, y Héctor R. Pessoa-Rafael Solano, llegó en el 2000 a las 500 funciones exitosas y continuó un año más sin Soledad Villamil, que fue reemplazada por la cantante Lidia Borda. Después cada uno de los integrantes continuó con proyectos personales. Dos años después todo el grupo se vuelve a juntar para este regreso en la prestigiosa sala Casacuberta, donde a partir del estreno de mañana, realizarán funciones de miércoles a domingos, durante ocho únicas semanas, tras lo cual partirán para una gira en España.
–¿El hecho de hacer esta puesta en el San Martín les impuso otra manera de trabajar?
–Nos obligó como grupo a encarar cosas que antes no hacíamos, como presentar un proyecto escenográfico y adaptarnos a normativas estrictas del teatro. A la vez hicimos un trabajo de entrenamiento actoral y de improvisación coordinado por Federico Olivera (su marido) que nos sirvió internamente para ver los vínculos entre los personajes que en el espectáculo están bastante velados. También hicimos una adaptación del espacio porque es una sala enorme y nosotros estabamos acostumbrados a salas más intimas como La Trastienda o centros culturales. Por eso, decidimos usar el pistón que está adelante del escenario para poner una especie de barcito con mesas y sillas, donde estará el público, que dará la sensación de un teatrito dentro del teatro. La idea es mantener el espíritu de club de barrio y que el espectador se sienta invitado a ese evento, como si viajara en el tiempo.
–La compañía Recuerdos son Recuerdos grabó tres discos, fue invitada a festivales internacionales y abrió una puerta para redescubrir los años treinta.
–Se generó un pequeño fenómeno. Hubo mucha gente que me contó que vio la obra cinco veces y creo que eso tiene que ver con la riqueza de ese material y con una época de oro de la producción de canciones, el sainete, los monologuistas y el cine. El material es muy vasto y da para hacer muchas cosas. Para nosotros fue un acierto lograr una mirada cariñosa y de identificación con ese material. Por supuesto que si lo sacás de esa época y lo traés a este tiempo puede ser que haya cosas que resultan graciosas, pero uno está representado en toda esa retórica que refleja el presentador que hace Rafael Solano, porque es parte de nuestra idiosincrasia. Me parece que este punto es clave, porque quizás en los ochenta hubo una cosa de ridiculizar o satirizar. En cambio, nosotros buscamos otra colocación. Por supuesto que es una obra de teatro y no es un ejercicio antropológico ni una pieza de museo, hay una mirada, hay una opinión, pero nos identificamos con esos personajes.
–Revisando esa historia donde se sitúa “Glorias porteñas”, ¿cómo ves el país de entonces respecto del de hoy?
–Es tremendo. Si bien los años 30 son una época de crisis, aun así había un resto de riqueza. Incluso hay textos en todo el trabajo de reconstrucción donde aparecía esta idea de estos personajes pensando que “grande es el destino de la Argentina”. Y el contraste es muy doloroso. Sin embargo, el espectáculo te conecta con la parte emocional, donde uno puede sentirse orgulloso de ser argentino.
–¿Pensás que la obra refleja una identidad que es necesario volver a revisar en medio de la crisis que vive el país?
–Para mí tiene toda esa carga, aunque sea una mirada subjetiva, porque estoy muy involucrada con esta obra. Creo que en este último tiempo hay gente interesada en que nos desprestigiemos como país. Para mí eso está totalmente ligado al comportamiento de una clase política, porque no son todas las responsabilidades iguales. Nuestra fuerza como ciudadanos rasos son esas cosas positivas que nos vinculan y nos hacen avanzar. Por eso, en la medida en que uno tenga memoria y se pueda ir para atrás, uno puede construir algo para adelante. La obra en este momento tan particular propone un gesto de mirarnos entre todos, reconocernos sin nostalgia y ver en qué nos equivocamos para tomar el impulso para avanzar como país.



