
Té con cianuro para tres
Ingrid Pelicori y Juana Hidalgo están de regreso en el San Martín, con la dirección de Leonor Manso
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La sala Cunill Cabanellas está en penumbras, pero el movimiento de sombras que cruzan de un lado para otro revela intensa actividad. Son los días previos a un estreno, instancias donde un enjambre de técnicos simultáneamente sobrevuela sobre el escenario revisando la escenografía, corrigiendo las luces, probando la música. Al frente de ellos, Leonor Manso, que, como directora, da los últimos toques a la puesta de "Cianuro a la hora del té", del checo Pavel Kohout, obra que se estrenará hoy en el Teatro San Martín.
En camarines, Juana Hidalgo e Ingrid Pelicori, las protagonistas de la obra, esperan que finalice esta tarea para comenzar el ensayo. La entrevista con La Nación las convoca al hall de la sala Martín Coronado, espacio que las retrotrae a otros tiempos, cuando ambas actrices pertenecían al elenco estable del Teatro San Martín. Años que rememoran con mucha añoranza.
"Siempre se discutió si es necesario tener un elenco estable -dice Juana Hidalgo-. En cierto sentido es muy bueno para un actor, porque permite tener un repertorio, hacer giras... Se va creando, quieras o no, un estilo de trabajo, más allá de que no es fácil cuando se trabaja con distintos directores. Fue una etapa que yo viví con mucha felicidad. Me hizo mucho bien, me permitió transitar autores que de otra manera no hubiera podido hacer. Por otro lado, obligaba a un ritmo de trabajo que en ese momento me hacía muy bien. Ahora que estoy más vieja no sé si lo resistiría, pero en aquel momento me hizo muy bien."
Valiosa experiencia que también reconoce Ingrid Pelicori, aunque para ella tuvo otra connotación.
"Para mí fue un gran privilegio integrar el elenco. Comencé muy joven y no fue solamente importante frecuentar esos textos sino ver trabajar a mis compañeros. Mis maestros fueron mis maestros, a los que pagué por sus enseñanzas, pero también estaban los actores como maestros. Veía la actitud que ellos tenían frente a la profesión y al trabajo. No sé si volvería a integrar un elenco. No lo sé porque es una realidad que no veo que se asome de ningún modo. No me lo he planteado. Creo que tiene sus cosas en favor y en contra. Para mí en ese momento fue ideal, formativo, privilegiado, fue una manera de llevar la profesión haciendo y viviendo del teatro, que es lo que más me gusta hacer. Además, por la posibilidad de frecuentar a esos autores y a esos textos, fue una experiencia formidable. En Buenos Aires, el tener un solo elenco crea inconvenientes. Lo complicado no es que haya elencos estables, sino que haya uno solo. Es la idea de grupo: un mismo crecimiento que se da cuando varias personas se encuentran, se frecuentan una y otra vez y se capitaliza la experiencia de un trabajo en el siguiente. Es parte de la historia común, se manejan sobreentendidos y se sabe qué lenguaje se habla. Eso es tenerlo a favor."
La disolución del elenco no impidió que las dos actrices volvieran a subir a un escenario del complejo teatral. La última vez para Juana Hidalgo fue "Los días felices", de Beckett, dirigida por Alfredo Alcón, y para Ingrid Pelicori, "Shylock", versión de Robert Sturua sobre "El mercader de Venecia", de Shakespeare.
En el medio, giras o televisión, aunque en estos momentos se consideran descansando de la televisión. "Es muy cansador realizar las dos cosas -confiesa Ingrid-, sobre todo cuando tenés responsabilidades muy grandes en el teatro y mucha exigencia en la tele. Hacer tira y teatro es demoledor. Ahora debe ser más arduo y no me extraña por la cantidad de horas de grabación."
El descanso de la televisión para Juana viene desde hace ya varios años. Prácticamente toda su actividad, que fue mucha, la realizó en el teatro. "He hecho mucho menos televisión. La hice en épocas remotas, antes de entrar en el elenco estable del San Martín. Después, el teatro me exigió exclusividad y yo preferí no cansarme. He vuelto a hacer, pero no demasiado."
"Cianuro a la hora del té" las vuelve a convocar cumpliendo con un deseo de las actrices: trabajar juntas. La pieza de Kohout les da esta oportunidad, pero enfrentándolas en una relación de amor y odio.
"Se podría decir eso", confirma Ingrid.
La pieza presenta a dos mujeres: la mayor, una famosa escritora de un solo libro; la otra, una aparente admiradora que esconde una intención nefasta. Entre ellas se esconde un secreto que las une en el afecto y las separa por el odio.
"Es una lucha entre fieras por algo que les hizo la vida durante la época de la guerra -explica Juana-. Después, hay efectos que perduran durante mucho tiempo. Como sucede en nuestro país con los desaparecidos. El mal una vez hecho se expande como ondas."
"Ese nivel de mal -agrega Ingrid-, por los horrores que hemos vivido, que no hay modo de elaborar, ni de procesar, ni de saldar. Es el rol del teatro: volver a decir, a recordar. Para componer estos personajes, nos metimos a estudiar el Holocausto, el gueto de Varsovia. Nos pareció fundamental porque es uno de los temas y esta obra, como otras, va a ser decodificada por un público que vive acá, que tiene sus dolores acá, sus muertos acá y que sin dudas va a tener resonancia en cuanto a nuestra historia, y por lo tanto las tiene para mí y para Juana. La obra habla de la identidad."
Juana, que escucha atentamente, se perturba y se queda muy seria, casi como invitando a una pregunta. ¿Qué le atrajo de la obra?
"Si hay que decir la verdad, y supongo que sí, en realidad me interesó el proyecto, trabajar con Ingrid en algo así tan fuerte. Lo que no creí es que me costara tanto sentir el odio del personaje de Ingrid, que si no hubiera existido la guerra hubiera sido como una hija. Pero hay un destape de odio y por esto tenía mis reservas. Todavía me cuesta. Probé trabajar sin mis lentes de contacto para verla menos."
"Es un odio relativo -agrega Ingrid-, por momentos desaparece. Digamos que es un largo viaje por los sentimientos."
"Hay que estar muy alerta, concentrada -continúa Juana-, porque de pronto estamos tirando cartas, como en un partido de truco, viendo cómo va devolver la otra. Pasamos por distintos sentimientos. La obra aparentemente tiene mucho texto y pensé: ¡cuánta retórica!, sin embargo es teatro puro. No hay un momento que no esté cargado por debajo con algo muy fuerte."
"Sólo dura 75 minutos, pero el esfuerzo es cansador", dice Ingrid.
"Para las dos es una situación límite en la vida", finaliza Juana.
Señora directora
- "Extrañas figuras", de Carlos Pais, fue el debut de Leonor Manso en la dirección, pero fue "Esperando a Godot", de Beckett, la pieza que la consolidó como directora. Después, con un texto trabajado en conjunto, puso "La diosa" y, finalmente, en Mar del Plata, estrenó "El enganche", de Julio Mauricio. Ya instalada en la categoría de directora fue convocada por el Complejo Teatral Buenos Aires para poner "Cianuro a la hora del té". "De ninguna manera significa que dejaré la actuación" -señaló Manso-. Por sobre todas las cosas, soy una actriz."



