Teatro Colón: hora de poner manos a la obra
Durante el receso de enero comenzará la etapa más importante de las tareas de restauraciónde la sala, que deberán quedar concluidas en 2007
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Históricamente, enero es el mes de receso en el Teatro Colón. No hay, pues, visitas guiadas, ensayos, ni mucho menos ópera, conciertos y ballet.
Sin embargo, apenas comience 2004, el Teatro Colón no estará deshabitado. Este tiempo de receso será aprovechado al máximo para empezar con las primeras actividades fuertes del ambicioso programa de restauración del complejo teatral que debería concluir en 2007, un año antes de que se comience a festejar el centenario de la célebre sala de ópera porteña. Según las autoridades del teatro las tareas de reparación insumirán en total 22 millones de dólares, provenientes de un préstamo que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorgó a la Ciudad.
Son muchas las cosas que hay que hacer para mantener vital y fuerte a una construcción que se inició en verdad hace más de cien años (el proceso de construcción del Colón se desarrolló en casi dos décadas y fue seguido por tres arquitectos distintos).
En este sentido, si bien hubo arreglos importantes en la década del 70 (que incluyeron algo tan crítico como fue la ampliación del foso orquestal), la presente es la primera restauración integral del Colón.
El trabajo central que dará comienzo en enero es la reparación integral del techo.
Son más de 3.000 metros cuadrados de zinc laminado, material que ha sufrido el deterioro lógico del paso del tiempo, más la creciente polución ambiental porteña.
Reparar los desagües pluviales y las filtraciones de agua en general es el primer paso, antes de proseguircon la fachada del teatro, hasta llegar a su interior, donde está todavía pendiente la modernización tecnológica en la zona inferior del escenario principal. El primer gran desafío autoimpuesto desde la Secretaría de Patrimonio de la Ciudad y el propio Colón es hacer todas las obras "a telón abierto". Esto es, sin dejar de ofrecer la temporada regular.
Planos originales
El segundo es, según la tendencia en materia de restauración, tratar de respetar los planos y materiales originales. Y esto se hace especialmente crucial en el caso del Colón porque lo más importante de todo es mantener inalterada la célebre acústica del teatro (ver aparte).
El director escenotécnico del Colón, ingeniero Juan Manuel López Castro, explica a LA NACION cómo enfrentarán estos desafíos. "Previo a licitar las obras, se planificaron todos los ensayos de medición para garantizar la no modificación del status acústico del teatro. Por eso el material que se repone en el techo es lo más parecido al original posible. Esto se debe a que las actuales placas de zinc tienen un porcentaje de titanio, que antes no tenían. Pero cada plancha tendrá la misma dimensión que las originales y se realizará un montaje manual, respetando cada aspecto del mismo."
Es que, como bien recuerda López Castro, cualquier aspecto que se modifique en relación con la sala afecta la acústica "desde el leoncito de cada butaca, los cortinados, los estucos. Todo eso forma parte de una polinómica cuyo resultado final se ve afectado por la modificación parcial o total de cualquiera de sus componentes".
Por esta razón, "para la parte acústica se hace un modelo matemático y una maqueta, tanto con la sala vacía como llena. Eso nos garantiza que toda la actividad del cambio no modificará esos parámetros".
López Castro asegura que en la tarea previa han sido "meticulosos y hasta obsesivos, para poder llegar al mejor resultado. Y también para dejar la mayor cantidad de información para que los que naturalmente tengan que volver a restaurar la sala, dentro de 100 años, tengan la información más detallada posible". Es bueno recordarlo, en tiempos de la inauguración del Colón la acústica era una materia empírica y no hay información disponible.
Para colmo, hay variables incontrolables: si lo crucial con respecto al techo es su capacidad como aislante del ruido exterior, éste, claramente, se ha incrementado a lo largo del siglo. "El aporte de ruido externo, del tráfico o la cantidad de máquinas de utilización interna, finalmente todo suma", dice el ingeniero.
Reemplazo
El otro gran tema de ingeniería es el proceso mismo de reemplazo de planchas. Para no depender del clima, López Castro informa: "Se realizará un techo falso y autoportante para soportar las inclemencias del tiempo".
Al respecto, López Castro cuenta que se tomó el recaudo de no levantar ninguna placa antes de tener todo el stock de reemplazo (de origen francés) en los depósitos del propio teatro.
Hombres y grúas
Lo cierto es que, desde enero, se verán hombres y grúas rodeando al teatro de ópera y ballet en una obra que puede extenderse varios meses.
El paso siguiente, cuenta López Castro, "es trabajar en todas las fachadas y balcones para garantizar que lo que hagamos perdure".
Luego, "aparte de "hermosear" lo edilicio externo, llegaremos al escenario. Hubo una modernización en el 89, hacia arriba. Pero falta la mecanización de la parte inferior. Se mantendrá el disco giratorio, pero habrá grandes montacargas laterales, que permitirán mover escenografías completas".
López Castro está pensando en lo que se viene en enero como un gran desafío: "Las obras se concibieron a telón abierto. La tendencia en el mundo es, por el contrario, cerrar durante dos o tres años para hacer las obras, como en la Scala de Milán. Pero creemos que la esencia del teatro es dar obras. Ese es nuestro desafío".
Un desafío que tiene en su horizonte una fecha clara: "El 2008 es la gran fiesta. Tenemos el 25 de mayo, cuando se representará "Aida" la ópera con la que se inauguró la sala en 1908", concluye.
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