Un gato que va y viene
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"El gato con botas." Libro, letras, coreografías y dirección general: Pepe Cibrián. Música original, orquestación y arreglos: Angel Mahler. Arreglos y dirección de coros: Carlos Di Palma. Diseño de vestuario: Alfredo Miranda. Diseño de escenografía: Fernando Eiras y Alejandro Cayrus. Diseño de sonido: Osvaldo Mahler. Intérpretes: Damián Iglesias, Claudio Medina, Lelia Parma, Nacho Medina, Alejandro Poggio, Guido Balzaretti, Lucas Arbués Seijas, Alejandro Maidana, Lucía Loyden, María Sol Montero, Federico López Trotta, Hernán Benítez, María Eugenia Aguilante. En el Teatro del Globo, Marcelo T. de Alvear 1155, los sábados y domingos a las 15 y 17.
Nuestra opinión: bueno
"El gato con botas" o "Maese gato" es uno de los cuentos de Perrault más logrados, debido a su perfecta síntesis, al juego de ingenio, el humor pícaro y la economía del relato. En la historia original, el gato, con ingeniosos subterfugios, va creando una imagen de prosperidad y riquezas del joven molinero, al que presenta ante el rey como un marqués y finalmente con una simple y eficaz treta vence a un feroz ogro de cuyas propiedades pasa a adueñarse para su amo. Está muy claro en el cuento por qué hace cada uno lo que hace y así la historia, desde las facultades de astucia y juego de supuestos del gato, convence en su desenlace.
En este espectáculo musical con textos y dirección de Pepe Cibrián y música de Angel Mahler, la adaptación se aparta de esa síntesis original, y el argumento se complica con la presencia de un hada, una bruja y un ogro bueno (que resulta ser un príncipe bajo el maleficio de la bruja) sin aparente función en la historia. Estas complicaciones hacen que el relato sea confuso en su desarrollo, agregan motivaciones que luego no se definen en consecuencias importantes y personajes que no tienen un papel muy claro para interactuar con el resto. La figura del gato por momentos se desdibuja y el romance de la princesa con el molinero ( o el "marqués") pasa a un segundo plano.
En lo que se refiere a la puesta, el espectador se va a encontrar con un buen trabajo de producción, en el que casi todos los factores involucrados concurren hacia una buena presentación, con un cuidado nivel profesional. La música, la luz, las coreografías, el vestuario y el desempeño del elenco en los bailes y canciones hablan de un conocimiento del oficio.
Por otra parte, la obra se extiende con demasiadas y largas escenas en las cuales un diálogo cantado sirve para explicar las situaciones que llevarán a otras. Se tiene la sensación de que hay demasiado canto para el texto, y demasiado texto para cantar. Este obstáculo se intensifica por la dificultad para entender las canciones, a la que contribuye el elevado volumen del sonido.
Los bailes, con amenas y juguetonas coreografías, los efectos (sobre todo de las luces), el vestuario y la actuación, permiten una presentación de conjunto que resulta alegre, colorida y amable desde una perspectiva visual, aunque algunos niños se cansan de las reiteraciones.



