Una crisis que agobia al entorno familiar
1 minuto de lectura'
"Eclipse de luna", de Beatriz Mosquera. Intérpretes: Cristina Murta, Salo Pasik, Marzenka Nowak, Gastón Courtade. Música original: Sergio Vainikoff. Escenografía y vestuario: Alberto Bellatti. Iluminación: Miguel Morales. Asistente de dirección: Alicia Pollola. Dirección y puesta en escena: Daniel Marcove. En Andamio 90 (Paraná 660). Funciones: viernes y sábados, a las 21.
Nuestra opinión: bueno
La dramaturga Beatriz Mosquera viene presentando en el último tiempo una serie de producciones en las que se imponen seres cargados de pobreza pero aún fuertemente apasionados. Esa pobreza no sólo se relaciona con una cuestión social, sino que, sobre todo, son individuos que por diversas causas están devastados. Lo interesante es que no se rinden, dan pelea, intentan comprender ese momento que los muestra aislados del mundo. Y en ese intento se descubren más ampliamente y a la vez modifican un tanto sus conciencias.
En "Eclipse de luna", obra premiada por la Universidad de Nueva York en 2001, una historia familiar estalla. La muerte de un hijo destruye a los otros miembros del clan.
La acción transcurre, en el original, en 1990, cuando el presidente Carlos Menem indulta a los comandantes en jefe de la última dictadura. El dato no es menor. Parte de la sociedad argentina vive ese momento con sorpresa y el repudio ante esa decisión fue casi unánime. Muchas familias del país perdieron la esperanza, igual que los seres de esta pieza.
Aquí, en principio, cada uno ha escapado del drama como ha podido, pero hay secuelas fuertes por resolver. El tiempo no ha cerrado heridas, por el contrario, están abiertas, pero se ocultan. Un padre periodista que se ha quedado inmóvil sin aparentes motivos físicos (y habla a solas con el fantasma de su hijo desaparecido), su mujer, profesional, que intenta sostener como puede a esa familia quebrada, y un hijo menor que se siente ausente de ese mundo y sin contención. A ellos se suma una amiga cuyo marido ha sido colaboracionista del régimen militar.
En un plano lineal
La obra, en su planteo, expone un fuerte dramatismo, pero sus personajes son muy lineales, sus conductas no llevan una progresión que les aporte mayor profundidad. Están muy encerrados en sus conflictos, y esto en algunas escenas es perjudicial porque detiene la acción, entonces la estructura se resiente.
Los integrantes del núcleo familiar están muy enojados con la vida y no se escuchan, no se modifican y así sus dramas no crecen.
Dentro de un mundo escenográfico muy significativo, como el que diseña Alberto Bellatti, los cuatro intérpretes desarrollan una labor muy intensa. El director Daniel Marcove extrae de ellos el máximo de sus cualidades sensibles y desde ahí propone la construcción de unos personajes que a través de la puesta resultan más acabados.
En escenas que promueven mucha inquietud se reconoce el profesionalismo de Cristina Murta, Salo Pasik y Marzenka Nowak. Gastón Courtade, el más joven del grupo, sabe entregarse a ese juego de relaciones que plantea la pieza y también su trabajo aporta valores de importancia.



