Una deslucida historia de amor de autor español
Está desaprovechada la relación que se plantea
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Una lluvia irlandesa, de Josep Pere Peyró. Dirección: Néstor Montalbano. Con: Florencia Fernández Ruiz y Pablo Picotto. Diseño y realización escenográfica: Javier Nalerio. Vestuario y maquillaje: Noel Huber. Diseño de iluminación: Ricardo Rodríguez Miró. Música original: Juan Ignacio Picotto. Producción general: Eduardo Tatay. En el Teatro Del Nudo (Corrientes 1551). Viernes y sábados, a las 20.30. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: regular
El autor Josep Pere Peyró, de las islas Baleares, no ha sido demasiado divulgado en la Argentina. Sólo dos de sus textos se han estrenado esporádicamente en Córdoba y también en Buenos Aires. Aquí se vio en 2005 Cuando los paisajes de Cartier Bresson, con dirección de Guillermo Ghío (antes se había estrenado en Córdoba, con dirección de Cheté Cavagliato) y ahora en esta ciudad se pone en escena Una lluvia irlandesa , pieza que tuvo una excelente versión cordobesa hace varios años, con dirección del fallecido director Jorge Díaz.
Si bien Una lluvia irlandesa es una pieza pequeña en cuanto a su estructura dramática, está escrita con una fuerte sensibilidad y, en apenas 60 minutos, posibilita reconocer la realidad de una pareja que, habiéndose conocido en un café, vuelve una y otra vez a él, después de atravesar alguna crisis. Ella es quien introduce cada una de las breves e intensas situaciones de la obra y quien, en apariencia, más se desestabiliza en esa pareja. El, siempre con otro ánimo, busca operar sobre su compañera aludiendo a cuestiones prácticas que la ponen al descubierto, aunque también dejan entrever quién es verdaderamente ese hombre. Y su realidad no es para desatender.
Sin intensidad
Un texto extremadamente minimalista, de muy buena factura, aparece algo resentido en esta puesta de Néstor Montalbano porque las actuaciones no llegan a profundizar, de manera acabada, en las conductas de ambos personajes. A Florencia Fernández Ruiz le cuesta ingresar en cada situación y adaptarse rápidamente a un nuevo estado, siempre cargado de complejidad; algunos problemas en su dicción hacen que ciertos parlamentos pierdan intensidad. En contraposición, Pablo Picotto atraviesa todas las situaciones dejando de lado los matices y perdiendo muchos de los valores que hacen a su personaje. Su mundo es opuesto al de ella, es cierto; pero lo es en la medida en que la relación entre ellos existe, algo en lo que el intérprete parecería no reparar.
Así el mundo de esta pareja pierde el dramatismo necesario y esos seres no trascienden como deberían hacerlo. Algo de ellos se desdibuja. Esa lluvia que acompaña sus acciones parecería ser, en esta puesta, demasiado determinante a la hora de desdibujar a esas criaturas.
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