Una esperada visita para una gran apertura
La directora francesa llega con su compañía, Theatre du Soleil, para presentar Les Ephémères , de ocho horas de duración
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Cuando en los años 70 comenzó a divulgarse con fuerza la actividad de Ariane Mnouchkine y su francesa compañía Theatre du Soleil en la Argentina, los vientos que aquí soplaban y que agitaba la dictadura militar, no permitían llegar a profundizar en aquellas experiencias. Quienes habían visto en Francia 1789, aquel espectáculo en el que un grupo de actores populares, de finales del siglo XVIII, narraba y representaba acontecimientos de la Revolución Francesa, hablaban de él en voz baja y no paraban de relatar cómo Artaud y Brecht se confundían en esa puesta y cómo ese relato resultaba movilizador y provocador de reflexión.
Por ese mismo tiempo, comenzó a circular una publicación, también casi a escondidas. Pertenecía a la Asociación internacional en defensa de los artistas víctimas de la represión en el mundo. Argentina como matar la cultura reunía una serie de textos de compatriotas en el exilio y, entre las firmas de los creadores internacionales que se sumaban al reclamo de libertad, aparecía Ariane Mnouchkine.
Estas citas pueden resultarles extrañas al lector hoy. Y tal vez lo sean. Pero esta mujer que llega ahora, por primera vez a Buenos Aires y a América latina, para presentar Les Ephémères en el VI Festival Internacional de Buenos Aires que comienza el miércoles, ha demostrado innumerables veces un férreo compromiso con esta parte del mundo y también con otras sociedades de Oriente. Es que su teatro cruza esos dos mundos, Oriente y Occidente, y parecería que sólo a través de una experiencia personal, comprometiéndose con uno y otro, podrá hacerse una síntesis en la que la ideología pasará a develarse con fuerza en la creación. Así es con ella.
Podría decirse también, aunque resulte exagerado, que buena parte de la comunidad teatral porteña espera ver a Mnouchkine desde aquella época.
Ella y el Theatre du Soleil llegan ahora a esta ciudad y luego irán a Porto Alegre y San Pablo (Brasil). A Mnouchkine se la espera también en Montevideo el 11 de septiembre, pero aún no está confirmada su presencia. Allí, la editorial Trilce presentará el libro El arte del presente, una serie de entrevistas realizadas a la directora francesa por Fabianne Pascó, con traducción de la docente teatral uruguaya Margarita Musto. En el país vecino los teatristas también están alborotados. Los que no han conseguido entradas para llegar a Buenos Aires y verla en el FIBA, viajarán 9 horas en ómnibus hasta Porto Alegre.
Mnouchkine y el Soleil
Hija de un reconocido productor cinematográfico, Alexandre Mnouchkine, Ariane fundó la compañía Theatre du Soleil en 1964 con sus compañeros de la Asociación Teatral de Estudiantes de París. Desde entonces ellos coinciden en trabajar a partir de un fuerte compromiso grupal que mantienen hasta hoy. Todos los intérpretes cobran lo mismo y el reparto definitivo de un espectáculo se concreta una vez que todos los actores ensayaron la totalidad de los personajes.
Entre sus primeras producciones pueden destacarse Los pequeños burgueses de Gorki, La cocina de Arnold Wesker y Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Los años 70 resultan emblemáticos para esta compañía, ya que decide adoptar como sala el espacio en el que ensayaba. Se instalan definitivamente en la Cartoucherie del bosque de Vincennes y allí estrenan 1789 , producción que luego será filmada con dirección de la propia directora y cuya divulgación mundial posibilitó, a muchos, tomar verdadero contacto con las ideas de esta mujer que, recordando esa producción, ha dicho recientemente: "En el momento en que montamos 1789 , estábamos en un mundo completamente alegórico, era casi un cuadro vivo. Ahora, ya no puedo volver a ver la película del espectáculo, ¡porque me parece que está tan mal actuado! Pero al mismo tiempo eso formaba parte de la gracia de ese espectáculo, con esos pómulos y las narices muy rojas ¡ese juego actoral de titiritero!"
En 1977, ella concretó otra película, Molière y, sobre finales de la década, un montaje emblemático, Mephisto, ou le roman d une carriére , basado en Klaus Mann. Es en los 80 cuando los films 1789 y Molière se muestran en Buenos Aires y cuando la compañía entró en un período en el que combinó la investigación sobre el teatro contemporáneo y la necesidad de volver a las fuentes teatrales. William Shakespeare es el autor elegido por entonces. Estrenan Ricardo II , Noche de reyes y la primera parte de Enrique IV.
Ariane Mnouchkine inicia en este período una fuerte relación con la autora Helene Cixous que se mantiene hasta hoy. Ella creó para la compañía dos primeros montajes L histoire terrible mais inachevée de Norodom Sihanouk, roi du Cambodge , tragedia sobre Camboya y L indiade, ou l inde leurs reves , drama histórico sobre el nacimiento de la India.
A esa producción seguirá el ciclo de las Atridas: Ifigenia en aulide de Eurípides y La Orestíada de Esquilo y más adelante, entre otras, estrenará Tartufo, de Moliére.
Hace poco se le preguntó a la directora cuál era su método de trabajo. Y ella respondió: "Yo creía que no teníamos método y después, cuando vi la película sobre Tartufo vi que teníamos un método, pero el del buen alpinista que modifica su equipo en función de la montaña a escalar, del tiempo, del día; si está helado, si es verano, invierno, si es la pared norte, sur, el Himalaya, los Alpes o los Andes. Cambia, ¡pero sigue siendo un alpinista! Tengo la impresión de que al comenzar los ensayos, hay una montaña enorme que habrá que escalar y, lo importante, en ese momento, es elegir los crampones adecuados e ir liviano, sin valijas "
Los efímeros
"Nosotros, a veces, no sabemos muy bien qué es este espectáculo que estamos montando. Por supuesto hacemos el espectáculo: nos levantamos todas las mañanas para venir y trabajar muchas horas. Pero también, en cierta forma, el espectáculo nos llega. Nos llega por Shakespeare, por Sihanouk, por Gandhi o por Nehru; nos llega por médicos corruptos que venden sangre contaminada, nos llega por Tartufo o por refugiados e inmigrantes que nos cuentan sus historias. Lo que nos es difícil confesar es que este espectáculo nos está llegando por nosotros. Y así, en cierta forma, por ustedes".
Así define Ariane Mnouchkine a Les Ephémerès (Los efímeros), su última experiencia de ocho horas de duración. Una saga de escenas conmovedoras. No hay una única trama. "Es un espectáculo que está hecho de cosas que surgen espontáneamente de cada uno de los actores, de nosotros, de todos nosotros; que se mezclan, se entretejen. Hay una unidad pero no existe un guión, no hay vínculo. Las piezas no encajan, son cosas que emergen en la superficie. Son miradas parciales, más que un encadenamiento de sucesos", ha dicho Mnouchkine.
Después de haber trabajado a partir de grandes autores y profundas problemáticas la creadora, esta vez, descubre en la intimidad del hombre y en lo efímero de su vida una posibilidad para la creación. Ha partido de observar la finitud de la vida, la muerte inevitable del hombre y, entonces, se ha puesto a recordar, a buscar en su memoria y en la de los actores, aquellos momentos definitorios que no sólo pueden dar cuenta de un instante en la vida de alguien, sino del germen de una sociedad, una época, un mundo.
Trabajar lo privado "no quiere decir para nada que no me interese en la política -ha dicho-. No hay que confundir lo íntimo con lo privado. No se trata con este espectáculo, que parte de momentos vividos por los actores y por mí misma, de hablar de algo que a usted no le incumbe. Por el contrario, es algo que a usted le toca, le atañe, porque yo soy usted y usted es yo. En muchas circunstancias. Es verdaderamente el darse de Shakespeare: usted llora cuando yo lloro; usted ríe cuando yo le hago cosquillas. Hay en nuestro espectáculo ese síntoma shakespeariano del reconocimiento, si no esto no tendría ningún interés".
Y agregaba: "Aunque no levantemos la bandera de alguna causa, como en otros espectáculos, aquí se agitan un montón de pequeñas banderas que dicen: ¿es que tal o tal otra situación no le recuerdan algo? Y si eso le recuerda alguna cosa, bien: tengamos un poco de amenidad los unos con los otros y un poco más de memoria En el fondo es eso: cómo los seres humanos pueden, a través de su amor, de su compasión, de sus ideales, atenuar enormemente el mal que hace el mundo".
Entre los actores que interpretan Les Ephémères se cruzan cuatro generaciones. "Las mismas que coexisten hoy en el Soleil, incluyendo a los niños que tienen su parte", aclara Mnouchkine. Ellos hablan del pasado y del presente. Lo que deja muy en claro la directora es que, en ese cruce, la historia individual, íntima, muchas veces estará atravesada por la otra historia, la que se escribe con mayúsculas.




