Una inquietante y conmovedora pintura campestre

Carlos Pacheco
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8 de abril de 2017  

Martín Marcou y Carolina Curci, en escen
Martín Marcou y Carolina Curci, en escen Crédito: Crédito

Hijo del campo / Dramaturgia: Martín Marcou / Intérpretes: Martín Marcou, Carolina Curci / Iluminación y spot: Gonzalo Pérez / Música en vivo y versiones: Carolina Curci / Asistencia general: Esteban Fort Caneda / Dirección: Martín Marcou, Leandro Martínez / Sala: Espacio Tole Tole, Pasteur 683 / Funciones: sábados, a las 20.30 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Un joven campesino cuenta su historia y su relato está atravesado por una serie de temas musicales populares, como si cada uno de ellos potenciara su recuerdo o afirmara su condición personal. La acción transcurre en el campo patagónico en tiempos en que se realizan las tareas más duras: "se esquilan las ovejas, se señalan los corderos nacidos en primavera y se enfarda la lana para la venta", se aclara en el programa de mano.

El muchacho parece no temerle al trabajo. Su padre resulta un guía indispensable, un ser de decisiones determinantes que deben aceptarse. La madre, una mujer silenciosa y cuidadosa que puede apenas separarse de algunas rutinas establecidas para dedicar tiempo a sus hijos y contener ciertas cualidades que ellos esconden.

La vida no resulta sencilla para un hombre sensible dentro de ese hábitat. Ese hijo que tiene una forma especial de relacionarse con los peones y se deja llevar por sus instintos sexuales sin importarle que eso puede traerle aparejado que lo obliguen a distanciarse del mundo familiar.

El personaje expone, en esta experiencia, su conducta sin temores, aunque la vaya definiendo pausadamente. Necesita tiempo para reconstruir situaciones complejas y no tornarlas hostiles aunque el mundo al que pertenece lo sea. Prefiere el camino de la prudencia y la tolerancia.

Martín Marcou se muestra como un actor muy atractivo. Su cuerpo acompaña el relato de una manera muy singular. Por momentos importa más seguir sus actitudes que sus palabras. No porque ellas no resulten significativas sino porque, cuando camina, cuando gesticula, cuando se relaciona con la cantante que lo acompaña en escena, provoca una muy interesante variedad de sensaciones en el espectador. Ese paisano que recrea y que puede parecer ingenuo, temeroso, está cargado de saberes, se ha ganado un espacio con solo seguir sus intuiciones y deseos. Un personaje pequeñito, en apariencia, pero que desde el imaginario del interprete se proyecta con mucha entereza.

Desde la dirección, Marcou y Leandro Martínez realizaron sin duda una labor muy minuciosa para poder definir esta emotiva pintura campestre en un ámbito muy pequeño como es el escenario de la sala Tole Tole. Carolina Curci resulta una acompañante y cómplice ideal para completar ese paisaje tan conmovedor.

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