Una versión de La nona con precisión escénica
El grotesco de Roberto Cossa se muda a Villa Urquiza
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La nona. De Roberto Cossa. Dirección: Jorge Graciosi. Con Verónica Cosse, Elena Petraglia, Gabriel Fernández, Patricia Durán, Virginia Garófalo, Jorge Lozada y Carlos Lanari. Escenografía: Pablo Graziano. Vestuario: Ana Sellán. Banda sonora: Malena Graciosi. Diseño de Luces: Lautaro. Complejo Cultural Cine Teatro 25 de Mayo, Triunvirato 4444, Villa Urquiza. Duración: 105 minutos.
Nuestra opinión: bueno
Tal vez el impacto más grato que produce esta nueva experiencia escénica de La nona , de Roberto "Tito" Cossa, a esta altura un clásico de la literatura dramática argentina, es comprobar la absoluta lozanía del texto, el vigor que conserva a más de treinta años de su aparición. Como se recordará, la obra fue estrenada el 12 de agosto de 1977 en el teatro Lasalle, con dirección de Carlos Gorostiza.
No es poco mérito en un período donde el fuerte cambio de los códigos culturales y estéticos ha herido de muerte la vigencia de piezas que tres, cuatro o cinco décadas atrás -lo que no es mucho en el tiempo histórico- parecían estupendas y hoy son difíciles de aceptar. Y no por adhesión a ciertas modas de aniquilación de todo lo que provenga del pasado, sino porque realmente han envejecido.
El libro de Cossa está allí, sin embargo, pleno, con esa contundencia admirable que surge de sus diálogos desopilantes, de su ritmo inconfundible. Y de esa atmósfera tan extraña, entre cómica y trágica, definitivamente desoladora al final, que provee el grotesco y, en este caso singular, su personaje central. Nada que se haya dicho ya sobre el valor teatral de este texto, el más universal y representado de Cossa en el mundo, va ser repetido aquí, salvo que en manos de grandes actores puede lucir hasta lo excelso.
Es lo que ocurrió en el montaje original (trabajaban, entre otros Ulises Dumont, Luis Brandoni, Javier Portales, Márgara Alonso, entre otros) o luego en la recreación cinematográfica que hizo Héctor Olivera, con Pepe Soriano, Juan Carlos Altavista, Osvaldo Terranova, Eva Franco y Guillermo Battaglia.
La nueva puesta
En ese sentido, es bueno aconsejar al espectador que vio alguno de aquellos trabajos que evite las comparaciones. La de Graciosi es una versión cuya mayor virtud es haber armado una estructura de funcionamiento de la obra respetuosa de sus tiempos y en la que los actores aportan profesionalidad y buen ajuste técnico al desarrollo de las situaciones, pero sin brillo, a excepción de Gabriel Fernández cuyo Chicho tiene mucho ángel. En el papel de la nona, Patricia Durán reproduce una composición física similar a las ya vistas en otras puestas, pero la juventud de sus facciones le juegan en contra. Y, a pesar de que no sepamos demasiado bien qué cosa es ese personaje, la vejez parecería un rasgo suyo inevitable. Con todo, y a pesar de esas debilidades, el público disfruta mucho de lo que ocurre, por el texto y la precisión escénica. La escenografía concibe con idoneidad y criterio de funcionalidad -ya que debe ser paulatinamente desmontada- el ambiente familiar donde transcurre la historia. Pero, la amplitud del escenario y los telones negros detrás no dejan de recordarnos a cada instante que ese ámbito está pensado para producciones más vastas.




