Una voz para la soledad y la codicia

Ensayo sobre la peste / Libro: Alejandro Tantanian / Dirección y puesta en escena: Juan Carlos Fontana / Intérprete: Cruz Zaikoski / Escenografía: Carlos Galli / Diseño de ambientación sonora: Francis Dhuit / Diseño de iluminación: Guillermo Merzari / Coreografías: Micaela Zaikoski / Asistencia técnica: Darío Szraka / Sala: Teatro del Abasto, Humahuaca 3549 / Funciones: domingos a las 20.30 / Duración: 45 minutos / Nuestra opinión: buena
Un hombre solo en medio de un espacio circular. Una especie de isla que lo aleja pero, a la vez, lo hace partícipe de este mundo casi en una relación dialéctica. Es que por momentos, el único personaje de la obra -interpretado por Cruz Zaikoski, que junto con el director Juan Carlos Fontana conforman la Compañía Sudor Argentino- parece ser el rey y entender perfectamente la lógica de la que se adueña sin problemas, por otros, en cambio, casi un espécimen de otro universo que encuentra en la sociabilidad una estrategia de supervivencia.
La escenografía está de gala, es bien lujosa y el rojo y el negro ayudan a crear esa sensación desde el vamos. Una alfombra roja redonda, en el medio, el actor de frente, vestido con un traje pulcro, unos zapatos brillosos, algunos objetos prolijamente dispersos crean la atmósfera de ese espacio incierto... ¿es un hotel? ¿La antesala de algo? A esto se le suma un comienzo musical con coreografía incluida nada esperado si se tiene en cuenta la solemnidad planteada.
Un ser extraño al que nunca conoceremos del todo que raya en la locura, al tiempo que parece más conectado que nadie con el mundo que lo circunda, un no lugar, en un no tiempo y un no ser que se entremezclan y sólo generan confusión. Ése es el disparador que presenta el texto de Alejandro Tantanian estrenado en Francia allá por 1998 y que Fontana lleva a escena por primera vez en la Argentina. ¿Quién es este hombre? ¿Dónde está? Pocas certezas tendremos. Es que el texto habla de cosas esenciales, tantas que por momentos se vuelve sinuoso y difícil de seguir aunque si se abandona la tarea de buscar un hilo conductor serán bien recibidas las imágenes que se desprenden de él: la vida, la muerte, el poder, la codicia, la soledad, la peste aparecen y el público puede perderse evocando lo que esos tópicos le disparan.
Ahora bien, uno de los mayores desafíos que encuentra el unipersonal en general es capturar la atención de la platea y mantenerla a lo largo de la pieza. Un solo personaje en un discurrir sin la interacción de otros puede ser una compleja tarea para el espectador. Aunque aquí encontremos un notable trabajo del actor con coreografías, gestos y un buen uso de la voz, una música que intervine y algunos objetos que ayudan a la trama, por momentos cierta dinámica se diluye.




