Universos femeninos e intensos
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Cinco canciones . Intérpretes: Mariela Pujol, Laura Zapata, Lucía Fernández Mouján. Video: Karin Idelson. Asesoramiento de vestuario: Florence Argüello. Diseño y realización de vestuario: Cecilia Gadea. Coreografía: Andrea Servera. Bajo la luna de Egipto . Intérpretes: Valeria Anton, Nidia Martínez Barbieri, Vanina García, Florencia Martínez. Vestuario: Federico Laboreau. Iluminación: Marcelo Alvarez. Fotografía y video: María Gracia Geranio, Nicolás Soifer. Asesoramiento musical: Jape Ntaca. Asistente de dirección: Laura Figueiras. Coreografía: Pablo Rotemberg, con la colaboración de las intérpretes. Dirección: Pablo Rotemberg. En el Centro Cultural Ricardo Rojas. Funciones: sábados, a las 20.30. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Las nuevas propuestas de Andrea Servera y Pablo Rotemberg tienen algunos puntos en común muy reconocibles: una atractiva libertad a la hora de la creación les posibilita a estos artistas, fundamentalmente, jugar y mixturar el movimiento con la música, el video y el teatro; promover el humor desde lugares inesperados, y, en ese apareamiento, afirmar aspectos de sus realidades como generación.
En Cinco canciones, tres mujeres juegan a las cartas en la terraza de un edificio. Desde allí, y a través de una pantalla de video, se observa el paisaje de una ciudad y un cielo que, a medida que el día avanza, irá quebrando su luminosidad. Las tres mujeres juegan, pero de a poco se irán relacionando con algunos objetos instalados en el espacio. Sus cuerpos comenzarán a reaccionar frente a ellos y, sobre todo, sus brazos adquirirán movimientos inesperados. Los objetos parecerían proyectar una energía inusual pero definitoria, tanto que cargará la escena de poesía y develará otra posibilidad a esos cuerpos femeninos que se hacen más fuertes dentro de ese ámbito conocido. Como si en verdad aun en una ciudad abarrotada de construcciones y en la que el cielo oscurece algo pudiera rescatarse de la sensibilidad personal para, por un instante, transformar lo cotidiano.
Bajo la luna de Egipto resulta una atractiva investigación sobre el espacio, primero, y luego sobre los cuerpos de las bailarinas que se instalan en él. Una historia anterior, cargada de motivaciones, parecería conducirlas en sus actos. Ellas aparecen de abajo y juegan con las trampas del escenario y las inspeccionan con diferentes partes de sus cuerpos hasta hacerlas reconocibles. Cuando llegan a la superficie comenzará otro reconocimiento: ahora habrá que develar qué hay dentro de una bolsa gigante que las espera; ella tiene movimiento también y, en algún momento, los movimientos que desarrollará cambiarán el tiempo de los acontecimientos y más definiciones aportarán a ese juego de acciones. El monólogo de una de las bailarinas será determinante entonces. Frases aparentemente incoherentes, pronunciadas casi sin motivaciones, irán operando sobre la atención del espectador. Y él cerrará, con su experiencia personal, algo del mundo familiar de esas cuatro mujeres que en la escena se han impuesto con fuerza.
Los dos trabajos resultan muy intensos. Servera y Rotemberg descubren con diferente intensidad algo de sus mundos privados y lo hacen con recursos muy simples, pero sumamente estudiados. Hay mucha sensibilidad en esas coreografías y unas intérpretes muy dispuestas a hacer crecer las ideas de sus directores.



