Unos jóvenes fuera de foco
"Pingüinos", de Roberto Cossa. Con Valentina Bassi, Pablo Rago y Claudio Da Passano. Música: Jorge Valcarcel. Escenografía: Alberto Negrín. Coreografía: Silva Vladimisky. Luces: Leanda Rodríguez. Dirección: Daniel Marcove. Sala: Multiteatro.
Nuestra opinión: regular.
"Pingüinos", la obra de Roberto "Tito" Cossa que acaba de estrenarse en la salita más pequeña del Multiteatro, pone en escena a tres jóvenes de 25 a 30 años. Tres hermanos con destinos tan imperfectos como nuestro presente. En el andar, cada uno de ellos evoca a sus padres para confrontar mandatos, para afirmar sus propias decisiones, para escupir las broncas o, simplemente, para extrañarlos porque ya no están.
Y aunque los recuerdos sean difusos, aunque intenten matar a sus progenitores (tanto en el plano de la metáfora como en el de la realidad) inexorablemente siempre vuelven a ellos.
Pero tanto está puesto el acento en esas voces que casi se transforman en los protagonistas de esta pieza. Porque a lo largo de la hora y media que dura este espectáculo, y aunque parezca todo un contrasentido, el presente es el mundo de los padres, esos que pertenecieron a una generación con códigos propios lejanos a la pulsión de aquellos que andan por los veinte.
Pero en la visión de esta obra, estos jóvenes poco tienen que ver con los de la actualidad. Se expresan de una forma, se mueven según ritmos, hablan de cosas que suenan poco creíbles.
Más allá de estas subjetividades, en contados momentos se produce una verdadera tensión en el escenario. En pocas escenas se plantea un conflicto que domine la situación dramática barriendo violentamente con todo detalle menor de caracterización. Y no es que falten motivos. En definitiva, estos tres chicos huyen porque mataron a su madre. Una madre cuyo trazo es tan grueso que se desdibuja y cuya asesinato no llega a tener una justificación de peso.
Para pintar este mundo, Cossa toma varios elementos cinematográficos (por ejemplo, el uso reiterado del flash back ) y plantea la trama como una especie de road movie teatral.
Pero en esta "película de ruta" los polos en disputa carecen de fuerza. Hay muchos elementos contrapuestos (padres e hijos, los hermanos entre sí, la policía acechando), pero no hay tensión dramática.
Actoralmente, el plantel masculino formado por Pablo Rago (probablemente el mejor del terceto) y Claudio Da Passano, es más sólido que la actuación de Valentina Bassi, quien se mueve sin rumbo, como los personajes de la ficción.
La puesta de Daniel Marcove no ayuda a que el espectáculo levante vuelo. El director junto al escenógrafo Alberto Negrín idearon una cantidad de recovecos, algunos de ellos muy forzados (como la ubicación de los tres músicos en escena).
"Pingüinos" plantea su trama como si se tratara una road movie, pero, a juzgar por los resultados, un tanto fuera de foco.
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