
Vieyra, con un homenaje a los Discépolo
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Durante el verano, Héctor Gióvine y Víctor Hugo Vieyra compartieron el trabajo en una obra del primero, "Morochos de Ñuyor". A partir de hoy, ambos volverán a cruzarse en escena. También se trata de una pieza concebida por Gióvine, y también una estética común unirá aquella con esta producción: el grotesco.
El espectáculo que estrenarán en el Teatro Santa María lleva por título "La cicatriz ajena" y está concebido a partir de textos de Enrique y Armando Discépolo.
El elenco se completa con María de la Paz Pérez, Enrique Papatino, Fernando Martín y Norberto Califano. La dirección es responsabilidad de Enrique Dacal.
Desde hace algunos años, Víctor Hugo Vieyra viene desarrollando una fuerte actividad teatral en el Oeste. Fue director del Teatro Municipal de Moreno y actualmente tiene una sala en Castelar. Allí forma actores, estrena espectáculos con ellos y además abre su teatro para que otros intérpretes muestren sus trabajos. Si bien en el acto de enseñar descubrió una fuerte vocación, no le sucede lo mismo con su pequeño rol de productor, que en estos tiempos, sobre todo, le provoca fuertes contradicciones, cuando la taquilla demuestra que los números no siempre cierran. Entre una y otra tarea, vuelve al centro y asume proyectos que le posibilitan seguir desarrollando su creatividad. En "La cicatriz ajena" redescubre el mundo de los Discépolo, y eso lo pone feliz. Y quizá porque es cordobés, puede introducirse con fuerza en ese mundo y decir que nadie como ellos ha sabido captar el verdadero espíritu del porteño.
"Héctor Gióvine -comenta Vieyra- hizo un trabajo muy minucioso sobre la obra de Enrique y Armando. Tomó textos teatrales, radiales, de tangos y aun declaraciones periodísticas y armó un collage que intenta descubrir el interior de estos hombres. Es notable, pero a veces ambos dicen cosas muy parecidas, hasta con las mismas palabras. Hay otro dato importante: el padre de ambos falleció cuando Enrique tenía 5 años. Por lo tanto, Armando se transformó en un padre para su hermano. Y esto hace más rica la relación entre ellos."
Desestructurando la forma
Este espectáculo no posee una estructura formal. "No tiene la pretensión de reproducir parecidos físicos -cuenta el actor-. Yo digo a lo largo de la obra textos de Stéfano, por ejemplo, pero no construyo el personaje, hago un aporte a un contexto en el que lo que se busca es mostrar la cosmovisión de esos creadores."
Tratando de definir más su trabajo, Víctor Hugo Vieyra señala que cuando se ubica en el papel de Armando se transforma "en una especie de fantasma que se acerca a su hermano para protegerlo, pero que a la vez que hace esto se aleja, lo deja".
Desde muy joven, Vieyra tomó contacto con los tangos de Enrique Santos. Entonces, y en su Córdoba natal, no tenía mucha conciencia acerca de quién se trataba, pero con el correr de los años descubrió que es un verdadero exponente del grotesco. "Así como su hermano -dice- es el máximo exponente del grotesco teatral, Enrique lo es en el tango."
"Creo que los Discépolo representan a los argentinos en algún aspecto esencial de nuestras vidas. Por eso las canciones de Enrique son como himnos. Pensemos en "Yira, yira" o en "Uno". Con pocos trazos, en esos tangos aparece dibujado el porteño. En la obra cantamos un foxtrot que se llama "Por qué te empeñás en abandonarme si es lunes", que es un absurdo. En algún momento dice: "Yo te aseguro, muñeca, que alegraré tu vivir y buscaré hasta la mueca que al morirme te haga reír". A veces da la sensación de que se regodea en estas imágenes grotescas, donde él queda como una especie de muñeco desarticulado."






