Volando con El Principito
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"Antoine, el aviador" . Autor e intérprete: Carlos Canosa. Escenografía: Miguel Nigro. Música: Gustavo Séneca. Títeres: Mariana Melo. Iluminación: Fermín González. Dirección: Carlos Canosa y Miguel Nigro. Teatro Cátulo Castillo. Bartolomé Mitre 970. Sábados y domingos a las 16.30.
Nuestra opinión: buena
El espectáculo está situado en los comienzos del siglo pasado, en los tiempos de la vida de Saint-Exupéry. Los objetos y la vestimenta del aviador remontan a esa época de guerras y frágiles aviones correo. En un extremo del escenario hay una especie de oficina, con paquetes de correo y objetos personales. El resto despliega un gigantesco mapamundi en paneles, interesante, atractivo, ligero por los materiales y colores, que significa una sugestiva presencia sin robar primeros planos.
La obra se desarrolla con monólogos y con diálogos que el actor tiene con los objetos, algunos curiosos y de ingeniosa manipulación. Antoine conversa con el retrato de su tía, por ejemplo, y esta conversación le permite narrar parte de su historia.
Sale luego a cumplir con una misión de correo en la Argentina, para lo que el actor se vale del típico avioncito de papel plegado para dramatizar ese momento (aunque el arrojar cartas al vacío no puede haber sido la forma de repartir correspondencia).
Visita luego una estancia en nuestro país. Aquí aparece otro recurso: una pequeña maqueta con muñequitos accionados por varillas, atractivo, poco frecuente, pero difícil de apreciar a distancia.
El descanso del piloto es interrumpido por otra misión. Inicia su viaje a Egipto, donde hará un aterrizaje de emergencia en el desierto de Sahara.
El diálogo con El Principito reproduce momentos del libro; el aviador permanece en escena y el personaje de fantasía oculto y sugerido.
El relato del viaje del niño a otros planetas también revela ingenio en la puesta y muestra un buen trabajo en la concepción y realización de títeres y objetos: los planetas cuelgan frente al actor, que puede animar a cada uno de los extraños habitantes de ese recorrido. Finalmente, como en el relato, El Principito se va y Antoine se quedará con la visión del cielo y las estrellas y el pedido de que si alguien lo ve, le dé un mensaje.
Buen trabajo escenográfico
Si bien los recursos son ingeniosos y hay un interesante trabajo de puesta en lo que se refiere a escenografía, títeres y objetos, el texto parece solamente un resumen apretado y no muy bien compaginado del libro de Saint-Exupéry, destacando algunas partes para recitar sus extractos. No se sabe muy bien qué le pasa a ese aviador, y no se pueden compartir sus conclusiones, porque esta recorrida a los saltos del texto no da tiempo ni posibilidad de penetración para internarse en la profundidad y sutileza del contenido. Parece un sobrevuelo apurado de un libro conocido ( conocido tal vez para los adultos, pero no para todos los chicos). De ese modo, muchas cosas no se entienden.
Hay valores en la escenografía y el diseño de los títeres, pero no pueden dejarse de señalar las carencias en la actuación: Canosa no logra diferenciar las voces, así que por más que los títeres se mueven, todos hablan igual y exponen al titiritero. Y aunque se habla en el programa de "sobrevolar la poesía", le falta el momento poético desde el teatro, la pausa o el ralentando que surge naturalmente de la partitura de la obra, y que es posible cuando la comunicación se ha construido paso a paso en el transcurso de la acción.



