
Cuando el arte de simular es un mérito
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"Los simuladores", serie del género comedia de suspenso. Protagonistas: Federico D´Elía, Alejandro Fiore, Diego Peretti y Martín Seefeld. Idea original: Damián Szifron. Producción artística: Laura Coto. Producción de exteriores: Gabriel Krivitzky. Jefe técnico: Rubén Bertora. Vestuario: Marta Fernández. Asistente de dirección: Pablo Vázquez. Dirección de fotografía: Alejandro Silva Corbalán. Colaboración autoral: Diego Peretti, Gustavo Malajovich y Patricio Vega. Producción ejecutiva: Juan Carlos Cabral. Guión y dirección: Damián Szifron. Una coproducción de Telefé y D´Elía/Peretti/Fiore/Seefeld/Szifron. Los jueves, a las 23, por Telefé.
Nuestra opinión: excelente.
El dinero no es todo en la vida. Tampoco en la televisión. Es cierto que difícilmente un medio audiovisual, por su propia complejidad tecnológica, pueda generar un buen producto con presupuesto cero. Pero no es menos verdadero que la pantalla chica ha dado dolorosos ejemplos de que con suculentas inversiones también se pueden fabricar adefesios.
La variable esencial es el talento. Y el talento no se hace visible si no es traducido con inteligencia. Ambas virtudes, talento e inteligencia, son al tamente comprobables en "Los simuladores", la serie que protagonizan Federico D´Elía, Diego Peretti, Martín Seefeld y Alejandro Fiore, y que ha sido creada por Damián Szifron, un joven director que, evidentemente, tiene dos objetivos: el primero, priorizar el producto final por sobre los intereses particulares de sus miembros (actores, técnicos, autores, productores, etcétera); el segundo, impedir que un guión con fallas llegue a la etapa de grabación.
Una serie en serio
Básicamente, "Los simuladores" es una serie pensada según el formato norteamericano ("SWAT", "Misión imposible") y cada episodio cuenta un caso de principio a fin.
En la historia, los cuatro protagonistas constituyen un grupo operativo privado que brinda un servicio muy especial: alterar la realidad con el fin de beneficiar a su cliente. Ese mundo irreal es simulado con engaños y trampas pergeñados con precisión profesional y sofisticada tecnología.
Pero contar el argumento de "Los simuladores" es apenas asomarse al umbral de este producto. Porque semejante idea podría haber sido tanto la madre de un monstruo como de lo que es: un gran programa. Ahora, ante el hecho consumado, resulta que "Los simuladores" es, sin dudas, el producto más respetuoso de la televisión de los últimos tiempos. Hay, en el minimalismo de los diálogos, en la precisión de la acción, y en la absoluta coherencia dramática de cada historia, un profundo respeto por el espectador.
Esa consideración, esa deferencia hacia la capacidad de comprensión y asociación de ideas del televidente es uno de los secretos de la eficacia humorística de "Los simuladores". El otro secreto es la ausencia de pretensiones.
Esta serie se ha propuesto respetar a rajatabla el género al que pertenece y de esa forma obtiene lo mejor de él y lo enaltece. En ningún momento "Los simuladores" cae en la tentación de agregar alguna línea "profunda" o algún bocadillo "intelectual". En ningún momento pecan de complejo de inferioridad, y eso los hace superiores.
Así como el director pone en práctica una fórmula inherente al cine de suspenso (primerísimo plano para darle mayor intensidad a un personaje cuando su parlamento tiene como objetivo presionar a otro; tomas fugaces para captar un guiño que re vierte el sentido de la acción; música incidental de efecto tensionante, etcétera), es obvio que la absoluta seriedad con la que aplica esa fórmula es lo que, unido al contenido desopilante de cada episodio, genera un efecto cómico ineludible.
Un ejemplo, entre muchos: dos simuladores, disfrazados de médicos, someten a un mafioso a una rectoscopia con tal de asegurar la verosimilitud del engaño. Para ello, consiguen la escenografía suficiente: hasta una clínica de verdad.
La fórmula de la risa
Además de la humorada inteligente, las buenas actuaciones del elenco protagónico -se destaca la performance de Diego Peretti, tan bueno en lo suyo que, ahora que hace de mujeriego, logra que la platea femenina pase por alto su nariz-, la modesta pero suf1ciente producción y la eficaz dirección.
Todos los capítulos emitidos hasta el momento también tienen en común el acierto en la elección de los actores episódicos. Cada uno de los invitados especiales fue claramente designado más por su capacidad para interpretar el personaje que por el rating que convoque. Poco importan en el momento de la elección la notoriedad del intérprete o la falta de ella.
Así, a la calidad de base de "Los simuladores" se agregaron las potentes actuaciones de Claudio Rissi, Carola Reyna, Ernesto Claudio, Manuel Vicente y Roly Serrano.
La sumatoria de los elementos enumerados hasta aquí -dirección, producción, elenco, casting, guión, montaje- conforma el origen de la excelente calidad de "Los simuladores". Y el resultado final, combinado con la evidente economía de recursos (no hay explosiones, ni colisiones múltiples, ni espectaculares efectos especiales), no hace más que subrayar la gran dignidad con que está hecho.



