
El juego del error
En la noche del 30 de diciembre de 2002, Canal 13 descubrió que una seguidilla de tropiezos, actos fallidos, distracciones y errores de toda clase, siempre y cuando hayan sido registrados por una cámara impiadosa, podía funcionar muy bien a modo de balance de temporada.
Al menos, esta curiosa selección de equivocaciones preparada en forma de festejo superaba claramente en las mediciones de audiencia, en el cierre de un año difícil de sobrellevar para los argentinos, a cualquier otro desfile -monocorde, aburrido y, sobre todo, muy serio- de hechos ocurridos durante el año que se cerraba.
Con sorprendentes picos de rating que treparon en aquélla ocasión hasta los 30 puntos y por más que se apoya en materiales de uso tan trajinado como los bloopers, "De lo nuestro, lo peor" inauguró aquella noche una variante de la fórmula -muy difundida en estos tiempos- de la televisión autorreferencial. Aquí, en vez de invitar al televidente a "ponerse la camiseta" de un canal a partir de la revisión de sus aparentes méritos (como ocurre en Telefé con "Vale la pena" y en Canal 9 con "Lo mejor de la semana"), esa búsqueda de fidelidad se estimula potenciando la indulgencia del espectador hacia las estrellas que también pueden cometer equivocaciones.
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En segundo lugar, esta nueva especialidad es funcional por donde se mire a estos tiempos sobrecargados de tanta "televisión verdad". Porque no se compone sólo de aquéllos furcios que salen al aire y conforman la materia prima de "Televicio" o "Televisión registrada"; a ellos se suman, como atracción indiscutida, materiales que nunca conocieron la luz o tomas grabadas que se descartaron precisamente por equivocaciones de sus protagonistas.
"Los errores o furcios gustan, especialmente si mostrás esos que nunca salieron al aire", le confesó David Rotemberg, uno de los conductores de "De lo nuestro lo peor" -el otro es Luis Rubio- , a Natalia Trzenko en una nota aparecida el sábado último en estas páginas.
De aquí en más, quienes participan de cualquier grabación televisiva seguramente procurarán extremar sus cuidados para no sumarse a esta "galería del error", pero corresponde preguntarse qué puede llegar a pasar cuando esta fórmula se extienda a todo el universo televisivo y la equivocación vaya más allá de los ingenuos deslices verbales que se superan y festejan con una sonrisa. Estamos demasiado acostumbrados como televidentes a la manipulación inescrupulosa de cualquier testimonio, dicho o no voluntariamente como para pensar que este tipo de estrategias sólo tienen la humorada como meta.
Finalmente, si "De lo nuestro, lo peor" y su versión en Telefé, "Nosotros también nos equivocamos" -conducido por Axel Kuschevatzky- también abrieron un camino casi inédito es porque son programas de continuidad y aparición impredecible.
Aunque se habla de una frecuencia mensual para el ciclo del 13, mientras Telefé anuncia para mañana un segundo programa de "Nosotros también..." -a partir del muy buen rating del original- , lo más claro es que este tipo de programas parece responder más a estrategias de oportunidad aplicadas en el momento menos pensado. Y con resultados hasta ahora bastante satisfactorios en ambos casos, aunque el más reciente "De lo nuestro, lo peor", que el domingo último bajó siete puntos el rating de su anterior emisión, insinúe por primera vez para esta fórmula tan curiosa alguna incipiente muestra de desgaste.





