
El reality show va a la academia
"Operación triunfo Academia Coca Cola", reality show conducido por Alejandro "Marley" Wiebe. Notas: Romina Pereiro. Producción ejecutiva: Marcos Gorban. Dirección: Eugenio Gorkin. Los domingos, a las 20, y de lunes a viernes, a las 20.30, por Telefé.
Nuestra opinión: bueno
Apoyado en el impresionante éxito que "Operación triunfo" tuvo en varios países, Telefé decidió jugarse por entero en la versión local de esta idea que da la vuelta al mundo y olvidarse por un rato que vivimos tiempos de vacas flacas. Hasta el punto de que se invirtieron más de cuatro millones de pesos para darles casa, comida y entrenamiento VIP con profesionales conocidos del canto y de la danza a 18 jóvenes que en apenas unos meses quieren aprovechar la seductora propuesta del ciclo para cambiar literalmente de vida, pasando de anónimos a famosos a través del filtro televisivo y a la vista de todos.
A la vez, los fuertes auspiciantes que respaldan la iniciativa (Coca Cola, los sellos discográficos Warner y Universal) en el futuro seguramente participarán de otros negocios colaterales. Porque estos reality shows de segunda generación que se proponen como plataforma de lanzamiento de nuevas figuras son, ante todo, productos concebidos para extraer el máximo propósito utilitario en el menor plazo posible.
Pero no hay que dejar de lado los orígenes, porque desde el vamos queda claro que "Operación triunfo" tendrá el mismo status privilegiado que disfrutó "Gran hermano" a lo largo de sus tres etapas: ayer se anunció que a las "galas" dominicales y a las emisiones diarias de media hora se sumarán a partir de pasado mañana otros 30 minutos, en este caso en vivo, entre las 11.30 y las 12.
En la huella del big brother
Los avatares de "Operación triunfo" tienen también un lugar fijo en "El show de la tarde" y además -por motivos que cuesta entender- en los noticieros del canal. ¿Cuánto faltará para que comience el debate semanal sobre las vicisitudes de los aspirantes a famosos? ¿Habrá que esperar mucho para que todo el resto de la programación quede teñido por este único color?
La sombra de "Gran hermano" recorre en toda su extensión la propuesta de "Operación triunfo". La casa en la que viven y estudian los aspirantes a cantantes parece el mismo hogar de los sucesivos Big Brother , apenas adaptada -por supuesto- a las nuevas necesidades; algunas de las fórmulas con las que se invita a los televidentes a votar por los competidores reproducen la lógica de las compulsas anteriores; y el compacto diario de las 20.30, que selecciona momentos de la jornada de los participantes en la casa, trabaja sobre factores emotivos y lágrimas a granel del mismo modo con que lo hacía su antecesor. La única diferencia visible parece ser el reemplazo del confesionario por una serie de catarsis en forma de vocalización.
Si, como se ve, la cuerda más frecuente que aspira a tocar el programa es la que trabaja sobre la sensibilidad de los participantes -y por añadidura la de los televidentes- salta a la vista que el modelo "Gran hermano" es menos funcional a ese propósito que la fórmula de "documental dramático" que se empleó en "Popstars" y volverá a aplicarse seguramente en "Escalera a la fama", futuro adversario mediático de "Operación triunfo", que se prepara en Canal 13.
Para el espectador siempre es mucho más fácil seguir la evolución de un grupo de aspirantes a la fama desde un guión en forma de "crónica novelada" que anuda las distintas etapas de ese trabajo. En cambio, se encuentra con dificultades para llegar al mismo objetivo cuando se lo muestra, como aquí, mediante una selección de momentos aislados, con escasa continuidad.
Repercusión todavía discreta
Es en esta dirección donde habría que buscar las razones de repercusión más que discreta que "Operación triunfo" cosecha hasta ahora en las mediciones de audiencia. Si su edición diaria no puede hasta ahora escapar a los condicionamientos del modelo "Gran hermano" en otro contexto, la primera gala del programa
-en la que se presentaron los 18 finalistas- tampoco se destacó por marcar alguna diferencia y presentar a este programa -tal como se mencionaba en algunas especulaciones previas- como una auténtica novedad.
Cada uno de los elegidos para entrar en la "academia" tuvo su primera aparición al mejor estilo "Sorpresa y media" -con sus familiares y amigos comunicándoles la inesperada novedad-, una fórmula repetida que parece siempre probar su eficacia como estímulo emotivo.
Tampoco la conducción aportó algún valor agregado: Marley no puede repetir aquí su personaje más celebrado (el de la autoparodia) y su obligación de ser aplicado a una fórmula previa y ajena lo hace caer demasiado seguido en el uso de clisés (repitió hasta el hartazgo frases del tipo "Todo esto es muy fuerte"), frases edulcoradas y recursos sensibleros. Además, no fue preciso en la enunciación de las reglas del programa, que hasta ahora son una incógnita para el televidente común.
Se sabe que programas de estas características crecen en interés con el tiempo, cuando la camaradería que hoy campea entre los participantes deje su lugar a la competencia y la lucha por no quedar afuera. Por eso es posible que "Operación triunfo" siga en este sentido el mismo recorrido que mostraron en su momento "Popstars" y el mismísimo "Gran hermano". Pero ni siquiera con el respaldo de una formidable campaña de marketing Telefé logró impedir que la inauguración de su programa estrella perdiera el último domingo frente a la repetición, por Canal 13, de una seguidilla de bloopers.
- 14,6 puntos. La gala dominical perdió con la repetición de "De lo nuestro, lo peor", que hizo 15,2 en el 13
- 10,5 puntos. Es el promedio de la tira diaria entre el lunes y el jueves últimos. Siempre le gana "Telenoche" (13)
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