
"House", un médico contra el mundo
Desde pasado mañana, por Canal 13
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Para los seguidores de las series televisivas dedicadas a contar el universo de la medicina desde la ficción muchas veces ir a un consultorio real es una desilusión. Después de todo no hay muchos médicos reales que se parezcan al Doug Ross que interpretaba George Clooney en "ER. Emergencias", pero en el caso del doctor que protagoniza la serie "House" sería un alivio si uno nunca se lo tuviera que cruzar, por más hábil que sea en su trabajo. Es que el personaje central de la serie que Canal 13 estrena pasado mañana a la medianoche en reemplazo de la controvertida "Nip/Tuck", es de todo menos agradable. A pesar de su áspera personalidad el doctor Gregory House ya ingresó en el podio de los médicos más populares de la TV norteamericana. Tal vez los espectadores de ese país se cansaron de la corrección política que suelen ostentar los personajes de las series. House, en cambio, no podría ser más incorrecto: no hay paciente que no sufra alguna humillación de su mano, ni colega que se salve de ser tildado de imbécil por el irascible doctor que además es adicto a los calmantes desde que sufrió un infarto arterial que inmovilizó una de sus piernas.
Tal vez el secreto del éxito de esta serie que va por el final de su segunda temporada en la señal de cable Universal (jueves, a las 21), sea su actor protagónico. Para interpretar al excéntrico House los productores decidieron salir de las fronteras de los Estados Unidos y convocar al escocés Hugh Laurie. "Si yo me estuviera muriendo, iría a ver a un buen médico, y no me importaría que tratara mal a sus pacientes. Cuando está en juego una vida, uno prefiere que el mejor se haga cargo. Por supuesto, en un mundo ideal uno quisiera ambas cosas", explicaba el actor a The New York News Service.
El actor, de 45 años, saltó a la fama con la comedia británica "A bit of Fry and Laurie" (1986), donde compartía cartel con el magnífico Stephen Fry ("Wilde"). Más tarde, volvieron a reunirse para "Jeeves y Wooster" (1990), un ciclo basado en las novelas de P. G. Wodehouse, en la que Laurie interpretaba al despistado Bertie Wooster.
Con ese currículum, parece improbable imaginar a Laurie como un desagradable médico estadounidense, un profesional capaz de diagnósticos brillantes, especializado en enfermedades infecciosas, y, de hecho, el propio actor confiesa que él fue el más sorprendido por el hecho de que lo convocaran para el papel. "Yo estaba en Africa occidental filmando «El vuelo del fénix». Me parece que hay sólo un fax en todo el país y ahí estaba, escupiendo las páginas del guión. Con sólo leer media página, te dabas cuenta de que lo había escrito una persona inteligente. Así que grabé un videocasete con mi audición en el baño de mi hotel, porque la luz sobre el espejo era la única lo suficientemente fuerte como para que se viera mi cara. Pensé que sería la última vez que iba a tener noticias del programa."
Pero lo llamaron, lo contrataron, le quitaron su acento británico y lo pusieron al frente de una ficción que muestra a un equipo de doctores que se dedica a diagnosticar por medio de la intuición, la abducción y su amplio conocimiento de la medicina los casos que nadie más logra descifrar.
A medida
"Lo más valiente que pudieron hacer fue poner en el centro de un drama a un personaje incapaz de comprender a los demás. Por otro lado, el público puede ver el bien que hace, y disfrutar de un personaje al que no le importa lo que piensen los demás. Es emocionante interpretar a un personaje así, y espero que sea igual de interesante verlo", dijo Laurie.
Por ahora no les ha ido nada mal. Además de recibir varias nominaciones a los premios Emmy, el actor ganó un Globo de Oro por su trabajo en la serie. Tal vez ésta sea una especie de recompensa cósmica para Laurie, que antes de dedicarse a la actuación pensaba seguir los pasos de su padre, un doctor, que lo envió a estudiar al distinguido colegio Eton y luego a la Universidad de Cambridge, donde el pichón de médico quedó atrapado por el grupo teatral Footlights (al que pertenecía también Emma Thompson) y encontró su vocación. Y una profesión que lo llevó de Londres a Los Angeles y del éxito en su país al reconocimiento internacional. Una suerte que el actor no termina de creer.
"Soy un calvinista pesimista que sólo ve tristeza y destrucción. Soy muy cauteloso. No quiero tentar a la suerte: éste es un mundo muy competitivo, y el público es una amante inconstante", bromeaba Laurie haciendo gala de un humor tan cáustico como el que exhibe House, un personaje hecho a su medida.





