La Argentina también exporta simuladores
¿Puede decirse algo nuevo sobre Los simuladores ? A siete años de su excepcional aparición en la TV argentina, ¿habrá algo más para el comentario, además de ratificar que se trata de la idea más original, más creativa, más ingeniosa y más lograda de todo lo que entregó nuestra pantalla chica en la última década?
El interrogante se responde en términos positivos si nos asomamos a otra de las virtudes del programa concebido por Damián Szifrón: su condición de producto exportable. Podemos comprobarlo hoy a través del Canal Sony, que comenzó a emitir los viernes, a las 22, la segunda temporada de la versión mexicana.
Gracias a esta posibilidad no añoramos del todo la ausencia de la mejor idea televisiva de los últimos años en la Argentina. También comprobamos que entre sus virtudes está el carácter universal de una propuesta que al mismo tiempo puede enriquecerse a partir de los colores locales. Szifrón siempre dijo que el atractivo más fuerte de Los simuladores en términos argumentales reside en la idea clásica del asombro que provoca contemplar a personas comunes y corrientes viviendo historias y situaciones extraordinarias, circunstancia reconocible en cualquier parte.
Es por eso que la idea de Los simuladores logró viajar con buen pie hacia otras geografías. Lo hizo por ejemplo en Chile, España y Rusia. Y también en México, donde tiende a afirmarse la sensación de que la serie reconoce cada vez más elementos de la idiosincrasia de ese lugar.
Este acento particular va de la mano con la inevitable tendencia globalizadora que entrega hoy el mercado televisivo. Hoy podemos conocer cada capítulo de la segunda temporada mexicana de Los simuladores al mismo tiempo que en ese país, debido a que Sony emite la serie en forma simultánea para toda América latina.
Y al mismo tiempo comienza a saltar a la vista ese perfil peculiar que lleva a algunos medios aztecas a señalar que Los simuladores "se han independizado" y son "más mexicanos que nunca". En la primera temporada, cada episodio era una copia fiel de su equivalente argentino, inclusive en la reiteración de algunos títulos ("Un trabajo involuntario", "El colaborador foráneo", "El joven simulador"). En la segunda, con las espaldas bien cubiertas por la notable repercusión del ciclo, los mexicanos quisieron darle un toque diferente sumando historias originales. Así, este año habrá en México 18 capítulos, cinco más de los realizados aquí.
La secuencia inicial de títulos y el tema musical ("Cité Tango", de Astor Piazzolla) se repiten al pie de la letra en la versión mexicana. Dos de los cuatro simuladores tienen similares apellidos: Santos (Federico D´Elía aquí y Tony Dalton allá) y Medina (Martín Seefeld y Rubén Zamora). Ravenna (Diego Peretti) pasó a ser Vargas (Arath de la Torre), y Lamponne (Alejandro Fiore) es López (Alejandro Calva).
Sobran prolijidad y buen gusto en los episodios que producen en conjunto Sony y la poderosa cadena Televisa. Pero todavía falta ese toque talentoso en materia de suspenso que tan bien manejaban Szifrón y los suyos y que aportaban sorpresa e impacto en cada giro narrativo. Aún así, lo que vemos alcanza para que México haya recibido este programa como uno de los mejores de la actualidad y para que aquí digamos algo nuevo sobre la mejor idea televisiva aparecida entre nosotros en los últimos años.





